lunes, 30 de noviembre de 2015

F. Mendelssohn: Salmo 42, "Wie der Hirsch schreit", Op. 42

Coro y Orquesta Filarmónica de la Radio de Holanda
Philipp Herreweghe, director

De los siete salmos que Mendelssohn compuso, el Salmo 42 "Wie der Hirsch Schreit" es sin duda el más conocido. Su matrimonio con Cécile Jeanrenaud le llenó de alegría y fue durante su luna de miel en 1837 en Roma cuando compuso algunas de sus obras más importantes, entre ellas gran parte del Salmo 42, aunque no se publicó hasta 1839.

El Salmo 42 de Mendelssohn es, en palabras de Schumann, “su mejor obra religiosa”. El texto está extraído del Libro de los Salmos y sigue la traducción que del mismo efectuara Martin Lutero. Ferdinand Hiller, compositor y amigo de la infancia de Mendelssohn destacó de la obra, cuando se la mostró por primera vez, el profundo sentimiento reinante a través de toda ella, fruto de sus profundas creencias religiosas y su absoluta sumisión a los designios de Dios.

La obra está dividida en siete movimientos. Tras el Coro inicial “Wie der Hirsch schreit”, llega el Aria “Meine Seele dürstet nach Gott” de la soprano, en diálogo con el oboe, un dúo que recuerda a la obra vocal de Bach, que con frecuencia hacía uso de esta combinación. El Recitativo sirve como puente hacia la segunda Aria de la soprano, acompañada en esta ocasión por las sopranos del coro. El carácter agitado del Recitativo/Aria en el cuarto tiempo contrasta con la entrada de las voces masculinas con la pregunta “Was betrübst du dich, meine Seele?” y la posterior respuesta del coro “Harre auf Gott!”. Este breve momento de afirmación, sin embargo, es pronto interrumpido por la soprano, quién, en un segundo recitativo expresa una vez más la desesperación, la duda y el anhelo de Dios. El texto del Quinteto de voces “Der Herr hat des Tages verhei_en seine Güte” hace hincapié en la misericordia de Dios mientras que la soprano continúa expresando el temor y la duda. Al final del movimiento las voces masculinas y la soprano aúnan fuerzas, lo que implica la aceptación del alma turbada. El último Coro recupera el texto del cuarto movimiento, ahora en una extensa y afirmativa fuga.

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