sábado, 13 de junio de 2015

Madame Butterfly, film de Frédéric Miterrand (1996)


Director: Frédéric Mitterrand.
Fotografía: Philippe Welt.
País: Francia.
Año de producción: 1996.
Duración: 135 minutos.
Reparto: Ying Huang, Richard Troxell, Ning Liang, Richard Cowan, Jing Ma Fan, Christopheren Nòmura, Constance Hauman, Kusakabe Yo, Kamel Touati, Miki-Lou Pinard, Yoshi Oida, Qing Wu, Nabil Agoun, Lofti Bahri, Salem Zahrouni
SinopsisBasada en la ópera con música de Giacomo Puccini, y libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica.

Nagasaki, 1904. El teniente americano, B. F. Pinkerton queda cautivado por el exótico encanto y juventud de su novia japonesa de quince años. Para ella su relación es tan santa como un juramento de honor.

Comentarios: Madame Butterfly es una prolija, elusiva, elegante y a la postre estremecedora versión de la ópera de Puccini, que el sobrino del anterior jefe del Estado francés, François Mitterrand, adaptó para la gran pantalla. Coproducción múltiple, avalada por un al parecer cada vez más común Martin Scorsese presenta, el filme es una versión con cantantes que encarnan con todo rigor a sus personajes. La dirección musical es de James Conlon, al frente de la Orquesta de París y el coro de Radio France. La joven soprano de Shanghái, Ying Huang, da vida a una Cio-Cio San / Butterfly muy en su papel, mientras el tenor estadounidense Richard Troxell le da buena réplica como el insustancial Pinkerton.
Frédéric Mitterrand, cuya ópera prima -Lettres d'amour de Somalie, una igualmente elegante recreación de la estancia de Rimbaud en Africa- se recuerda con respeto, no parece haberse preocupado por otra cosa que por hacer viable el desatado, tremendo drama de pasiones interraciales servido por Puccini y sus libretistas.

Ciertamente, toda versión de una obra clásica no sólo revisa, sino que actualiza su contenido, y no es Madame Butterfly ninguna excepción al respecto. Mujeres que se comprometen hasta el final por su pasión y hombres advenedizos e infantiles, prisioneros únicamente  de sus más primarios instintos, suenan ciertamente a contemporaneidad. Mitterrand, por su parte, da una auténtica lección de sobriedad en la puesta en escena, poéticamente contenida pero siempre adecuada a las características de la narración cinematográfica.

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