viernes, 15 de enero de 2016

P. Luna: Canción Española, de "El Niño Judío"

María José Montiel, mezzosoprano
Orquesta Sinfónica de RTVE
Manuel Hernández Silva, director

El Niño Judío, zarzuela en dos actos, divididos en cuatro cuadros con texto original de Enrique García Álvarez y Antonio Paso y música de Pablo Luna se estrenó el 5 de febrero de 1918 en el Teatro Apolo de Madrid.
Cuenta Angel Sagardía que teniendo Luna terminada la obra, salvo la “Canción española” pensó en sumergirse en El Escorial a ver si la inspiración llegaba y “al poco rato de emprender el viaje en tren, imaginó un ritmo original que, con melodía de carácter folclórico patrio, sería no un número ligero de zarzuela, sino una romanza de genuina raigambre nacional. Se le ocurrió también la melodía y, nada más llegar al hotel, de un tirón compuso la canción que lograría celebridad, de la que actualmente aun disfruta”. 
Desde entonces la obra se ha mantenido discretamente en el repertorio, destacando principalmente la referida canción “De España vengo, soy española” convertida en grito musical de patriotismo, el famoso pasacalle “Soy un rayito de luna” que parodiaba a unas cupletistas “Las hermanas Catafalco” que al parecer a la sazón actuaban en el Chantecler, y la bella y noble “Canción de Manacor”, una de las mejores romanzas de zarzuela que se han escrito para barítono. 

M. Penella: Dúo de "El Gato Montés"

Anna Netrebko, soprano
Rolando Villazón, tenor
Orquesta Nacional de Bélgica
Emmanuel Villaume, director

La ópera en tres actos El Gato Montés, con letra y música de Manuel Penella se estrenó el 23 de febrero de 1916 en el Teatro Principal de Valencia.
Soleá es novia de Rafael "el Macareno", torero en la cresta de la ola, al que mima y glorifica una corte de amigos en la que destaca su picador, Hormigón, y el Padre Antón, un sacerdote muy taurino. Llega el torero a su cortijo, después de una cogida y antes de su reaparición en la Maestranza de Sevilla, donde le esperan su novia, familia y amigos y allí, en medio de una fiesta improvisada, una gitana al decirle la buenaventura le revela que un toro le causará la muerte. Se echa a broma el asunto, pero de pronto aparece Juanillo, bandido apodado “El Gato Montés” que viene a reclamar lo que es suyo: a Soleá. Ésta, ya a solas con el Padre Antón le confiesa que no puede olvidar su antiguo amor por Juanillo que se tiró al monte por ella. En otro momento el bandolero dice al torero que si no se deja matar esa tarde en la plaza lo hará él. El final no puede ser más trágico, Rafael muere en la plaza, Soleá muere de pena y Juanillo, para evitar su detención, pide a su colega Pezuño que le dispare al corazón y también muere. 
Al iniciarse el siglo XX el panorama musical español se hallaba muy atomizado y carente de una unidad estilística, por un lado estaba presente la avanzadilla pro-europea que cosechaba éxitos en el extranjero y, por otro, la música sinfónica se estaba estableciendo en el país merced a la benemérita obra de algunas instituciones y sociedades filarmónicas. En el terreno del teatro musical eran muy pocos los compositores que se atrevían con la ópera por las graves dificultades que conllevaba su estreno, tanto a nivel de cantantes como de empresarios, por ello en los teatros predominaba la zarzuela, que acababa de salir de la famosa etapa del género chico. El éxito de las operetas de Lehár influyó para el impulso de la zarzuela-opereta, camino que habiéndose iniciado con Molinos de Viento lo continuaron el mismo Luna y otros músicos, como Millán, Vives, Lleó o Guerrero. Entre esta pléyade destacó Penella, con la particularidad de que escribía también el libreto de muchas de sus obras, que tendió a unificar sus obras teatrales bajo el manto de una orquesta que cubriera el espectáculo sin prácticamente interrupción hablada alguna. La música de Penella es fresca, ligera, lozana, llena de gracia y de ritmo, de luz y de color, y revela una mano experta y un buen gusto que parece innato y que sin duda procede de su formación valenciana al ser en esta tierra donde más intensamente se vive la música a nivel popular de toda España.

V. Lleó: Coplas babilónicas de "La Corte de Faraón"

Ana Belén en el film de José Luis García Sánchez (1985)

La opereta bíblica en dos actos, divididos en ocho cuadros, La Corte de Faraón, con texto original de Gillermo Perrín y Miguel de Palacios y música de Vicente Lleó, se estrenó el 21 de enero de 1910 en el Teatro Eslava de Madrid.
La obra está basada en la opereta francesa Madame Putiphar de Edmon Diet con letra de Ernest Depres y Leon Xanrof, y escenifica la parodia de una de las más popularizadas escenas bíblicas, adobada de otra historia paralela, no bíblica, la de Lotha y Putifar. El éxito le acompañó desde el principio llegándose a 762 representaciones seguidas. Durante el régimen de Franco estuvo prohibida, lo que ayudó a su popularidad por el morbo de la prohibición, volviendo a reaperecer en 1976. Poco después, en 1985, la realización de una película en que se entremezclan las dos tramas, la picante del argumento de la zarzuela con la no menos sorprendente de los censores de la dictadura ha extendido el campo de esta obra a sectores nada amantes de la zarzuela. 

G. Giménez: Zapateado de "La Tempranica"

Raquel Lojendio, soprano
Orquesta Sinfónica de Tenerife
Víctor Pablo, director

El estreno de La Tempranica fue precedido de un suspense que duró dos años, aplazándose varias veces las representaciones previamente anunciadas. Al parecer todo fue por la resistencia de Julián Romea a que la protagonista fuese interpretada por una cantante de confianza; sorprende que esta “pega” la pusiese el libretista (aunque también era músico) y no el compositor, y también que diez días después se volviera a cambiar la tiple debutando Matilde Franco que “salió muy airosa”. Aunque la crítica fue diversa (más negativa en cuanto al libreto), la obra fue recibida por el público de modo entusiasta y se ha mantenido inalterablemente en el cartel de forma muy digna. 
El argumento se basa en el amor “imposible” de una gitanilla por un “señorito” andaluz, vivido en el ambiente típico de las tierras de Granada que da pretexto para una extraordinaria partitura en que se combinan los números o cuadros propios del género chico, como el coro de hombres “la caza ya se esconde”, el zapateado “la tarántula e un bicho mu malo” el concertante “a trabajá con fatiga” o el tango (curiosamente popularizado en la década de los 70 por Mari Trini en un tono nada zarzuelero, como fue la canción “Ayer”) con otros más de zarzuela grande, como el dúo de María y Don Luis “Yo no sé al verte que me ha pazao” o la genial romanza de María la tempranica “Sierras de Granada, llanos de la vega”. 
En 1930 Moreno Torroba (con la colaboración literaria de Ricardo González del Toro) compuso una versión operística de La Tempranica añadiendo diversos números.

R. Chapí: Carceleras de "Las Hijas del Zebedeo"

 Elina Garança, mezzosoprano
Gala de Ópera en Baden-Baden (2007)

Las hijas del Zebedeo es una zarzuela cómica en dos actos con texto de José Estremera y música de Ruperto Chapí. Fue estrenada el 9 de julio de 1889 en el Teatro Maravillas de Madrid.
Esta zarzuela fue acogida muy bien acogida por la crítica a causa de todas y cada una de las piezas musicales que fueron dirigidas por el maestro Giménez y provocaron oleadas de aplausos y "salida al tercio" de los autores. Sin embargo sólo ha quedado en el repertorio el número de las carceleras, que curiosamente, según recoge el Diccionario de la Zarzuela, fueron extraídas de El País del Abanico, composición que no alcanzó apenas popularidad. Este fragmento sigue hoy constituyendo un tema emblemático en el género.
Las Carceleras son un canto popular andaluz; su asunto versa sobre las penas de los presos. Puede decirse que es un género del flamenco, que se encuadra en el grupo de los llamados "cantes a palo seco" (porque se ejecuta sin acompañamiento de guitarra) considerado una modalidad del martinete. El nombre alude al tema, normalmente la cárcel, porque solían ser cantadas por gitanos en prisión, razón que explica la ausencia de la guitarra.

Polissón, sastre y tío de Regina, busca a un tal Felipe que sedujo a su hermana, y sospecha que es el dueño del merendero "El Zebedeo". Arturo, hijo de Felipe es novio de Luisa y teme, por algunos comentarios oídos a su padre, que pueda ser hija del Zebedeo y por tanto su hermana. Pero la realidad es que la hija ilegítima de Felipe resulta ser Regina, la que al final es reconocida y admitida como hija por Tomasa en tanto, que deshecho el equívoco, Arturo se casará con Luisa.