lunes, 15 de diciembre de 2014

A. Ginastera: Suite Estancia, op. 8a

São Paulo Symphony Orchestra
Marin Alsop , director
 
 I. Los trabajadores agrícolas
II. Danza del trigo
III. Los peones de la hacienda
IV. Malambo
La obra más conocida y más interpretada de Ginastera es la Suite “Estancia”, op. 8a, nacida a partir de una obra mayor, el ballet Estancia, pero popularizada mucho antes del estreno del ballet completo. Se inscribe en el segundo período de la obra de Ginastera, el del nacionalismo subjetivo, y muestra la influencia de Aaron Copland, así como de Igor Stravinski.
En 1941, tras el éxito obtenido por Ginastera gracias a su ballet Panambí, op.1, que compuso durante sus años de formación en el Conservatorio Williams, Lincoln Kirstein, director de la compañía de ballet Caravan aprovecha una gira por Argentina para encargarle la composición de un ballet de temática gauchesca. Dos años después, la compañía Caravan se deshace, por lo que el ballet Estancia no encuentra quien lo estrene hasta 1952. Ginastera decide utilizar cuatro de sus números para crear una suite orquestal que se estrena en 1943 y obtiene un tremendo éxito, situándole como el compositor latinoamericano más valorado por público y crítica.
El ballet Estancia, del que se extrae la suite, está libremente basado en la epopeya nacional argentina Martín Fierro, de José Hernández, que describe la vida de los gauchos en la pampa en términos heroicos. En el ballet, un muchacho de ciudad llega a la pampa y tiene que dominar todas las habilidades atléticas de los gauchos para ganar el amor de una bella ranchera.
El primer movimiento de la suite Estancia lleva por título “Los trabajadores agrícolas” y representa a los rudos gauchos que empiezan su jornada de trabajo, claramente caracterizados por un ritmo agresivo e incesante, marcado por una fiera y amplia batería de percusionistas.
El segundo movimiento, “Danza del trigo”, es un interludio más tranquilo, lírico e incluso sensual, en el que la melodía es introducida suavemente por la flauta y retomada por los violines.
El tercer y más corto movimiento, “Los peones de hacienda”, vuelve a traernos los ritmos obsesivos y la percusión hipertrofiada usada para describir a los gauchos, rudos y viriles.
La “Danza final (Malambo)”, una muestra de la exuberancia musical y rítmica del folklore argentino, tiene una característica estructura rítmica de seis compases de seis por ocho, divididos en dos grupos de tres. En este movimiento se representa una competición de baile entre los gauchos en la que gana el último que consigue mantenerse en pie. El resultado es una explosión de energía cinética, con un ritmo ostinato que va creciendo en intensidad, complejidad y tempo.

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