viernes, 13 de mayo de 2016

I. Stravinski: Petrushka, escenas burlescas en cuatro cuadros


Rudolf Nureyev, Denise Jackson, Christian Holder, Gary Chryst
The Joffrey Ballet

Música: Ígor Stravinski
Coreografía: Mijaíl Fokine

Vestuario y decorados: Alexander Benois

Petrushka es un ballet cómico en un acto y cuatro cuadros. Se trata del tercero de los ballets rusos de la juventud de Stravinski. Aunque en principio su música estaba destinada a una obra concertante para piano y orquesta, Diághilev convenció a Stravinski para que lo convirtiera en un ballet, con la ayuda del entonces decorador de los ballets rusos, el pintor Alexander Benois.
Shostakóvich afirmaba que Petrushka era el más profundo de los ballets de Stravinski.
Cuadro I
La acción empieza en San Petesburgo, durante la Semana de la Mantequilla, una especie de pre-carnaval colorista ruso. Los ritmos cambiantes y la orquestación describen el bullicio y la fiesta de la feria. Aparece un organillo y una muchacha se pone a bailar, entreteniendo al gentío. Unos tamborileros anuncian la llegada del Mago Oriental, que cautiva y atrae la atención de la audiencia. El Mago se para frente a su teatrillo, la cortina se descorre y se descubren las marionetas de un Moro, de una Bailarina y de Petrushka. 

El Mago lanza un hechizo con su flauta; las marionetas cobran vida, abandonan sus perchas y bailan una vigorosa danza rusa, para sorpresa de todos los presentes. Petrushka está enamorado de la Bailarina, pero esta muestra una clara preferencia por el Moro. Petrushka intenta agredir al Moro, tras lo cual es reprendido por el Mago que lo encierra en su cuarto. 

Cuadro II
Dentro del cuarto, se observa que Petrushka, a pesar de ser una marioneta, tiene emociones completamente humanas: le guarda rencor al Mago por haberlo encerrado, y está muy enamorado de la Bailarina. 
En lo alto de una de las paredes hay un retrato del Mago, para recordar a Petrushka que es una marioneta. Esto enfurece a Petrushka, que levanta sus puños contra el cuadro. Luego intenta escaparse, pero no lo consigue.
El Mago lleva a la bailarina en la habitación de Petrushka. Éste le declara su amor de forma ridícula, torpe, incluso violenta. La bailarina, entre asqueada y asustada, lo rechaza. El mago la saca de allí, pues la habitación es demasiado poco confortable por la forma cruel que tiene el Mago de tratar a Petrushka. Éste se da cuenta de que la va a llevar a la habitación del moro, lo cual hiere aún más su débil sensibilidad.

Cuadro III
La habitación del Moro. Mucho mejor decorada que la de Petrushka, mucho más confortable, con animales, plantas, frutas...
El Moro, tumbado en su lecho, juega dándole vueltas a un coco. Intenta partirlo con su cimitarra, pero falla y entonces llega a la conclusión de que debe ser un dios, y lo adora.
El Mago lleva a la habitación a la Bailarina, que entra danzando y con una trompeta de juguete. Baila un vals con el Moro. La Bailarina acepta las cortesías y el confort que le ofrece el Moro y se sientan juntos.
Petrushka, preso de celos, rompe su encierro y entra a la habitación del Moro, interrumpiendo la escena. Petrushka ataca al Moro, pero pronto se da cuenta de que es demasiado pequeño y débil, por lo que huye, perseguido por el Moro y su cimitarra, y sale de la habitación.
Cuadro IV
Cae la tarde. Mientras ocurría todo lo anterior de puertas adentro del teatrillo, la fiesta continúa en la feria. Una serie de personajes aparecen por el escenario, empezando por una danza popular de las nodrizas, seguidas de un hombre y su oso amaestrado, un grupo de gitanos, hombres con máscaras y disfraces. Cada vez más oscuro.
Cuando la fiesta está llegando a su apogeo, se oye un grito desde dentro del teatro. Petrushka sale corriendo y atraviesa la escena, seguido del Moro y la cimitarra. La gente se horroriza cuando el Moro le abre la cabeza a Petrushka de un corte. Petrushka muere.
Cada vez más oscuro. Envían al guardia a buscar al Mago, el cual levanta el cuerpo de Petrushka, que ahora no es más que una marioneta, calmando así los ánimos del público.
A medida que anochece, la gente se dispersa. El Mago, solo, carga entonces con el cuerpo Petrushka hacia el teatro. Aparece el fantasma de Petrushka en el tejado, gritando atormentado contra el Mago. El Mago huye con una última mirada temerosa por encima del hombro. En la escena sólo quedan el espíritu y el cuerpo de Petrushka, dejando a los espectadores con la duda de cuál es el real.

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