lunes, 2 de mayo de 2016

S. Prokófieff: Suite de "Romeo y Julieta"

Orchestre Philharmonique de Radio France
Myung-Whun Chung, director

En 1934 el Teatro Kírov de Leningrado (en la actualidad, Teatro Mariinsky de San Petersburgo) encargó un ballet a Prokófieff. El compositor solicitó una sinopsis de la inmortal historia de amor de Romeo y Julieta a Adrian Piotrovsky y Sergey Radlov que, curiosamente, tenía un final feliz, es decir, no morían los dos enamorados y se realizaban sus anhelos de felicidad. Sin embargo, por diversas razones el Kírov rechazó la obra.
En 1935 el Teatro Bolshoi de Moscú se interesó por el ballet, pero cuando empezaron los primeros ensayos, su extensa duración, la complejidad rítmica de la música y los pasajes de baja sonoridad desconcertaron a los bailarines quienes finalmente la declararon imposible de ser bailada: la obra no se llegó a estrenar.
Por si fuera poco, el gobierno ruso de aquel entonces señalaba a Prokófieff y Shostakóvich como músicos no gratos y a través del periódico Pravda, su medio de comunicación oficial, publicaba artículos en los trataba de desacreditarlos y los calificaba de "modernistas degenerados".
Prokófieff revisó la partitura de su ballet y preparó dos suites para orquesta sinfónica, así como una transcripción para piano, para tratar de dar a conocer la composición en algunos conciertos.
Finalmente Romeo y Julieta pudo estrenarse con muy buena acogida el 30 de diciembre de 1938 en la ciudad de Brno (República Checa).
En Rusia tuvo su primera representación dos años más tarde, en una versión revisada, en el Teatro Kírov, al cual estaba originalmente destinada, con una coreografía de Léonide Lavrovski, que todavía sigue vigente. En 1962 la de John Cranko para el ballet de Stuttgart proporcionó a esta compañía una reputación a nivel mundial y se presentó en América en 1969. En 1965 el Royal Ballet de Londres presentó una nueva producción con coreografía de Kenneth MacMillan y los famosos intérpretes Rudolf Nureyev y Margot Fonteyn. También el propio Nureyev hizo otra coreografía.


Romeo y Julieta está articulado tres actos, quince escenas y 50 números musicales. El ballet se presenta como una sucesión de cuadros que parecen cobrar vida con la música. La partitura musical es una de las obras maestras de Prokófieff quien la cuidó con exquisito detalle, incluyendo en la orquestación instrumentos infrecuentes como la mandolina, el xilófono, las maracas, la pandereta, el carillón, el piano y la celesta, entre otros, además de los habituales en una orquesta. Algunos fragmentos gozan de gran popularidad, aunque toda la partitura es genial, unas veces con música de dramática fuerza descriptiva, otras con bellas melodías de tenue delicadeza, siempre con una original inventiva rítmica.

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