lunes, 16 de febrero de 2015

M. Ravel: Tzigane, Rapsodia para violín y orquesta

Maxim Vengerov, violín
Orquesta Sinfónica de Moscú
Dimitri Jurowski, director
Ravel compuso la rapsodia Tzigane en abril de 1924, mientras trabajaba sobre la partitura de El niño y los sortilegios. La primera audición de esta obra estuvo a cargo de la violinista húngara Jelly d´Aranyi -a quien Ravel la había dedicado- y el pianista Henry Gil-Marcheix, en Londres, el 26 de abril de 1924. La versión para violín y orquesta se escuchó por primera vez en París a finales de 1924, en el marco de los Conciertos Colonne, en interpretación de la misma violinista. En concepto de H. H. Stuckenschmidt, se trata de una “pieza de exhibición”. En efecto, Michel Parouty se refiere a Tzigane como una "terrible" página musical en la que aparecen todas las dificultades técnicas que se pueden ofrecer a un virtuoso. No obstante, es una partitura memorable donde la expresión musical no se sacrifica en aras del lucimiento del solista.
La primera de las tres secciones ininterrumpidas que forman la obra, Lento quasi cadenza, deja el campo libre al violín solo, encantador y sensual, pero también agresivo e impetuoso. El arpa introduce a la orquesta cuando el movimiento se vuelve más animado (Allegro) y aparece un tema danzante y vivo, basado en un intervalo de quinta que recuerda la música folklórica húngara tratada a la manera de Béla Bartók. Por último, aparecerá otro motivo, de más empaque (Meno vivo grandioso).
El acompañamiento orquestal, muy transparente, en el estilo de la música de cámara, hace destacar magníficamente al solista, que aparece más expuesto pero que conserva un aire improvisatorio. El violín prosigue su diabólica carrera, desenfrenada y victoriosa, a través de las diversas transformaciones temáticas, sin que el oyente encuentre nunca el tiempo de recobrar el aliento.

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