lunes, 19 de octubre de 2015

F. Liszt: Paráfrasis sobre Rigoletto S 434

Yundi Li, piano

Liszt, incapacitado para la ópera, va a conseguir en sus transcripciones pianísticas el dramatismo que no consiguió en su única tentativa teatral: Don Sancho o El castillo del Amor, sobre texto de Theaulon y Raneé a partir de una obra de Claris de Florian. En su música se aprecia, según escribe Searle, un notable gusto melódico y una considerable capacidad de caracterización. Pero su escritura y su difusión respondieron a los intereses de Adam Liszt, empeñado en hacer de su hijo Franz, de trece años de edad, todo un Mozart. En absoluto aparecen aquí la tensión dramática y la plasticidad que sí muestran algunas paráfrasis.
Desterradas durante mucho tiempo del repertorio habitual por el infamante hecho de no ser originales (totalmente originales, habría que matizar inmediatamente), las transcripciones que Liszt hizo para el piano y otros instrumentos de obras de muy diferentes compositores, él mismo incluido, son capítulo esencial para conocer al artista y, sobre todo, al mundo que le rodeaba.
Muchas de estas obras nacieron para el lucimiento personal del Liszt virtuoso del piano, pero con el valor añadido de una irreprimible y generosa tarea de difusión de la música de sus contemporáneos, sin desdeñar la del rescate historicista de un pasado (polifonistas clásicos, el barroco de Bach, el neoclasicismo de Mozart y Beethoven, el primer romanticismo de Schubert) que conecta a Liszt con las corrientes más avanzadas del pensamiento decimonónico.
Pero, además, importa el hecho sociológico de que con el conocimiento de algunas de estas obras (imposible el resumen por su inagotable cantidad) comprendemos mejor cómo era el acto del concierto público en el siglo pasado, tan distinto al nuestro también en este aspecto. En una época en que apenas se empezaba a sospechar la creación de los instrumentos reproductores que dominan la nuestra, el transcriptor cumplía una función parecida a la del grabador de reproducción.
Verdi fue para Liszt una fuente inagotable de temas para la realización de transcripciones operísticas. Hizo paráfrasis de concierto de Ernani (en dos ocasiones) y Rigoletto, reminiscencias de Simon Boccanegra y transcripciones/fantasías del Miserere de Il Trovatore, del Coro di festa e marcia funebre del Don Carlos, de la Danza sacra e Duetto finale de Aida y del Ave Maria de I Lombardi. Obras que abarcan desde 1848 hasta 1882 y que además de servirle de repertorio para regalar tras un concierto consagrado a las sonatas de Beethoven, que podría haber escrito Rostand, nos muestran su sincera admiración por esa facilidad melódica y expresiva del maestro de Parma, a quien no llegó a conocer personalmente. En realidad, y como señala Searle, las transcripciones a partir de Verdi siguen en importancia a las de Wagner, y destacan por su excelente factura en lo que a técnica pianística se refiere.

La de Rigoletto, calificada de paráfrasis de concierto (S. 434) está escrita en 1859 a partir de la frase del tenor (el Duque de Mantua) Bella figlia dell'amore, que da lugar al famoso cuarteto del acto III de la ópera.

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