jueves, 8 de octubre de 2015

M. Ravel: Pavana para una Infanta Difunta

West-Eastern Divan Orchestra
Daniel Barenboim, director

Durante su época de estudiante Ravel pudo asistir a veladas que se realizaban en las mansiones de los mecenas musicales parisinos. Estas reuniones incluían interpretaciones informales de las composiciones nuevas. Uno de los patrocinadores a cuyo salón asistió Ravel fue la princesa Edmond de Polignac, que encargó la Pavana para una Infanta Difunta, una pequeña obra para piano solista. Ravel sin duda la compuso apresuradamente y sin pensar mucho en el futuro de la misma. Era música de salón escrita para el presente, no para la posteridad.

Pero se sintió sorprendido, hasta molesto, con la popularidad que luego alcanzó esta modesta composición. Se convirtió en su primera obra ampliamente conocida, pues era interpretada con frecuencia por pianistas aficionados. Si hubiera escrito una rutilante pieza de exhibición para el piano, tan sólo  la hubieran tocado 
los virtuosos y las interpretaciones hubieran sido mejores. Como su popularidad eclipsó la de sus obras más sustanciales, Ravel llegó a indignarse con la Pavana. Escribió despectivamente sobre ella años más tarde: "Hasta tal punto es una cuestión de historia antigua que es hora de que el compositor se la entregue a los críticos. Ya no veo sus virtudes desde esta distancia, pero, ¡ay de mí!, puedo percibir sus faltas demasiado bien. La influencia de Chabrier es demasiado vívida y la estructura, bastante pobre. Las notables interpretaciones de esta obra cuestionable y convencional han contribuido, creo, en gran medida, a su éxito."

Ravel aludía no sólo a las extravagantes interpretaciones descriptivas de la obra producidas por los críticos sino también, sarcásticamente, a las torpes interpretaciones instrumentales qué por lo general se daban de ella. Una de estas ejecuciones algo menos que notable fue ofrecida por un niño, que la tocó pesadamente en toda su extensión, en un tiempo desesperadamente lento y sin ningún sentido del lirismo. El compositor le dijo al pianista: "Escucha, hijo, lo que escribí es una Pavana para una Infanta Difunta, no una Difunta Pavana para una Infanta."

El mismo Ravel interpretaba frecuentemente la pieza, pues deseaba impedir que fuera tocada exclusivamente por aficionados. Por una razón similar decidió orquestar la Pavana once años después de haberla compuesto. Sin embargo, el éxito de la composición siguió obsesionándole, ya que rápidamente se convirtió en una de las más populares de las obras orquestales, como lo sigue siendo hasta la actualidad.

La Pavana era fácil de orquestar. Como se trataba de una danza cortesana del Renacimiento, que a menudo se tocaba en el laúd, Ravel utilizó una gran cantidad de escritura para piano en staccato para sugerir ese instrumento. Esta música fue transferida a cuerdas en pizzicato, que pueden sugerir el sonido del laúd mejor que el piano. Conviene escuchar, por ejemplo, el acompañamiento de la cuerda a la melodía inicial de la trompa.

Al llamar a la pieza "pavana", Ravel estaba aludiendo a la forma solemne de la danza del Renacimiento. El resto del título, sin embargo, no tenía ningún significado en especial. A pesar de las fantasiosas historias que aparecieron intentando vincular una historia dolorosa a la pieza, el compositor no dejó de sostener que se había sentido meramente atraído por los sonidos alterativos del nombre pour une infante defunte.

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