miércoles, 4 de diciembre de 2013

Piotr I. Chaikovski: Sinfonía nº 6 en si menor "Patética"

Orquesta Filarmónica de Viena
Herbert von Karajan, director
 
I. Adagio - Allegro ma non troppo
II. Allegro grazioso
III. Allegro molto vivace
IV. Adagio lamentoso

El conjunto de las sinfonías de Chaikovski constituye uno de los pilares fundamentales de la música orquestal escrita en la segunda mitad del siglo XIX. El músico ruso llegó a componer seis sinfonías —a las que debe añadirse la llamada “Manfredo”—, que abarcan, prácticamente, toda su existencia creadora, pues van desde 1866, recién empezada su carrera, hasta 1893, último año de su vida. A través de sus sinfonías puede seguirse la evolución creadora de Chaikovski y las constantes de su contradictoria personalidad como hombre y como músico: obsesión por el destino, anhelo de un mundo infantil, neurosis depresiva, dominio rítmico, preocupación por los aspectos formales, inagotable vena melódica, plasmación y decantación de elementos de carácter eslavo y ese algo especial, ese sello personal que hace inconfundible su musica.
Para Chaikovski, la sinfonía era un universo en el que podía plasmar sus pasiones, sus anhelos, sus sueños y sus melancolías. Pero este microcosmos tenía que estar estructurado de acuerdo con un contenido que diese unidad al conjunto. Esa unidad se conseguía mediante un programa, programa no siempre explicito pero que el compositor conocía y seguía. En una carta fechada el 10 de febrero de 1893 y dirigida a su sobrino Vladimir Davidov, le dice:
“En diciembre pasado tuve la idea de escribir una nueva sinfonía con programa; pero ese programa esta tan lleno de sentimientos que, muchas veces, mientras componía, mis ojos se llenaban de lágrimas”. Chaikovski se está refiriendo a la que habría de ser no sólo la última de sus sinfonías, sino la última de sus obras: la sinfonía nº 6 en Si menor llamada «Patética».
Si el programa en detalle constituye un misterio, la sinfonía parece mostrar con bastante evidencia la vida de un ser humano que no es otro que el propio compositor. En sus cuatro movimientos asistimos a los comienzos, luchas, triunfo y calda de Chaikovski. Ese programa está condicionando la propia estructura de la sinfonía, cuyo último movimiento no es el tradicional allegro sino un adagio. En la carta antes citada leemos:
“Desde el punto de vista formal mi sinfonía presenta muchas innovaciones; así, el finale no será un ruidoso allegro, sino un largo y doliente adagio”.
Con esta partitura tan autobiográfica culmina Chaikovski su carrera. No en vano consideraba a la «Patética» como su obra más sincera, más personal y más profunda.
Los primeros compases del adagio inicial, con el fagot y la cuerda grave como protagonistas, marcan ya la atmósfera esencial de la sinfonía. El allegro non troppo que sigue, en forma sonata, ofrece dos temas contrastantes: angustioso el primero, de apasionado lirismo el segundo. La riqueza de los contrastes, a veces violentísimos —como el que separa el compás 160 en pianísimo del 161 en fortísimo—, la fuerza y hondura expresivas que pueden apreciarse a lo largo de este primer movimiento son de extraordinaria clase.
El segundo tiempo, allegro con grazia, es de estructura A-B-A; el primer tema tiene carácter de vals, mientras que el segundo es más intimista y dulce. Su elegante finura, su levedad, sirven de excelente contraste al movimiento anterior y al siguiente. Es éste un allegro molto vivace, en realidad un scherzo caracterizado por su ímpetu marcial, una orquestación de extraordinaria brillantez y una asombrosa maestría en su desarrollo ascensional, que alcanza una apoteosis sonora lindante con la embriaguez.
Frente a esta marcha triunfal, el Finale es un movimiento profundamente elegíaco y desesperado. Pocas veces se ha conseguido una densidad interior de tan sincera emoción, una autenticidad tan desnuda, un sufrimiento tan atroz y punzante. En los últimos compases de su sinfonía, Chaikovski nos lleva hasta los mismos umbrales de la aniquilación y la muerte.
La «Patética» se estrenó en San Petersburgo el 28 de octubre de 1893 bajo la dirección del autor. Nueve días más tarde, el 6 de noviembre, moría Chaikovski. Evidentemente era su testamento.

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