lunes, 28 de enero de 2013

Gaetano Donizetti: Escena de la locura, de "Lucia di Lammermoor"

Joan Sutherland, soprano
Orquesta y Coro de la Sydney Opera House
Richard Bonynge, director 

Lucía di Lammemoor (1835), de Gaetano Donizetti (1797-1848), es una tragedia de coloraturas encendidas y bellas y elegantes melodías que contiene una de las escenas más intensas y difíciles de toda la literatura operística: el aria de la locura de Lucia. La obra, en tres actos sobre libreto de Salvatore Cammarano basado en una novela de Sir Walter Scott, gozó inmediatamente de un gran éxito internacional.

Estrenada por Fanny Persiani, la escena capital de la ópera es la "escena de la locura", "Il dolce suono...Spargi d'amaro pianto" del Acto III. Resume todas las escenas de la locura típicas de las óperas belcantistas y contiene algunas de las notas para soprano más altas del repertorio: dos mi bemoles sobreagudos. No son notas escritas en la partitura, y algunas cantantes las interpretan o no, como una forma de "embellecimientos" no siempre aprobada por los puristas.
En la torre semiderruida de Wolferag, Enrico, el hermano de Lucia, en medio de la tempestad, reta a muerte a Edgardo, su enamorado. El duelo será, al alba, en el camposanto de los Ravenswood. Mientras en el salón se celebra la fiesta nupcial por el enlace de la engañada Lucia con lord Arturo, el pretendiente preferido por Enrico, Lucia, enajenada, irrumpe en él con el camisón ensangrentado y una daga en la mano, pues en un rapto de locura ha matado a Arthur en el lecho nupcial. Ante todos, y en un estado de visible demencia,  se cree ante el altar junto a Edgardo.
La escena ha sido históricamente un vehículo para el lucimiento de varias sopranos de coloratura y es una pieza muy exigente técnica y expresivamente. Durante décadas Lucía fue considerada como una mera pieza de artificio para demostrar las capacidades vocales de las sopranos ligeras como Nellie Melba, Adelina Patti, Luisa Tetrazzini, Amelita Galli-Curci, Lina Pagliughi o Lily Pons.

Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, María Callas lideró un movimiento de restitución de sus valores dramáticos y expresividad a partir de la escritura tal como había sido escrita. Se ha interpretado la escena en un estilo come scritto ("como se escribió"), añadiendo una ornamentación mínima a sus interpretaciones. El triunfo de Callas en la parte produjo una serie de notables Lucias que la sucedieron, en especial Joan Sutherland, para quien el rol significó un gran paso adelante en su brillante carrera internacional.


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