lunes, 28 de enero de 2013

Jacques Offenbach: Les oiseaux dans la charmille, de "Los Cuentos de Hoffmann"

Natalie Dessay, soprano

La voz de soprano es la más aguda de las femeninas. Derivada de la palabra sopra (por encima de), designaba en un principio indistintamente tanto a voz masculina como femenina.
En las obras de la antigua polifonía existían cuatro voces: cantus (o superius), altus, tenor y bassus. Al cabo del tiempo el cantus cambió su denominación y pasó a llamarse sopranus (del latín soperanus, es decir, voz superior, de arriba).
Son los madrigalistas, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, los primeros en incorporar de una forma regular la voz femenina en sus composiciones. En un tiempo en que la preponderancia de las voces agudas masculinas (contratrenores y castrati) era la norma, cobra particular importancia la figura de Isabella d´Este (1474-1539), marquesa de Mantua, mecenas y cantante, que da un importante impulso a la figura de la soprano femenina.
Con la aparición del género operístico esta voz adquiere gran importancia, repartiéndose con los sopranos masculinos el papel principal de la obra (prima donna). Desaparecidos éstos, su relevante posición se ha mantenido hasta nuestros días.
Dentro de la voz de soprano se pueden distinguir distintas clases, según la constitución fisiológica del instrumento, el timbre, las diferentes aptitudes expresivas y la capacidad técnica para el empleo de las dotes naturales.
La soprano ligera es la voz más aguda, pues debe llegar sin problemas hasta el Fa6. Sus características son pequeño volumen, ligereza o levedad y flexibilidad. Es una voz que se mueve ágilmente y con gracia, encuentra su mejor registro en el agudo y el sobreagudo y tiene facilidad para la coloratura. El timbre suele ser muy claro y casi siempre posee un gran nivel técnico, ya que su mejor cualidad está en el virtuosismo y éste requiere el dominio absoluto del instrumento.
Las “ligeras” vendrían a ser las acróbatas de las sopranos. Ellas cantan papeles como la Reina de la Noche de La flauta mágica, la Zerbinetta de Ariadna auf Naxos, la Olympia de Los cuentos de Hoffmann, y piezas míticas como el aria de las campanas de Lakmé o la de Dinorah. Entre las ilustres representantes del pasado podría destacarse a María Barrientos, Beverly Sills o Luciana Serra, esta última en los primeros años de su brillante carrera, ya que, con el paso del tiempo, sin perder ni un ápice de su capacidad virtuosística, ha conseguido ampliar su voz y abordar un repertorio algo más lírico. En la actualidad, merecen una mención especial la francesa Natalie Dessay o la española Milagros Poblador.

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