lunes, 28 de enero de 2013

Jean-Baptiste Lully: Marcha para la Ceremonia de los Turcos, de "El Burgués Gentilhombre"

Del film, "Tous les matins du monde"
Le Concert des Nations
Jordi Savall, director

Jean Baptiste Lully (1632-1687), nace en Florencia pero vive en Francia desde los 11 años. En esta etapa del cardenal Mazarino es un italiano más, y produce música como tal. Desde el grupo instrumental Les Vingt-quatre Violons du Roi (Los veinticuatro violines del Rey) alcanza el puesto de compositor de la música instrumental del rey, y el favor del joven monarca Luis XIV.
A la muerte de Mazarino en 1661, Lully se nacionaliza francés y es nombrado superintendente de la música. Colabora con Molière en la música de sus comedias, que tienen partes cantadas y bailadas: El burgués gentilhombre (1669), por ejemplo. Y participa en todo espectáculo que se haga en la corte.

Jean-Baptiste Lully alrededor de 1760

Pero a Lully le interesa encontrar un estilo verdaderamente francés para el canto. La lengua francesa se adapta muy mal al recitativo italiano, porque el italiano es lengua de palabras nítidas y acentuadas, mientras que el francés acentúa no las palabras sino las frases. Asimismo, como buen violinista, cuida la disposición de los instrumentos que intervienen en sus obras e idea el plan que va a tener la obertura en la música instrumental francesa: primero un movimiento lento, luego uno más rápido y un final lento. La italiana era frecuentemente lo contrario: rápido-lento-rápido.
Por fin, en 1672, consigue del rey una exclusiva para componer y representar óperas en ese estilo francés por el hallado. Durante 15 años producirá casi una ópera anual, sin posible competencia, puesto que a los demás compositores no se les permite hacerlas: Alceste, Amadís, Armida, son los títulos de algunas de ellas. Tras un preludio orquestal —obertura— y un prólogo alegórico, todas ellas constan de cinco actos, en los que alternan recitativos solemnes calcados del ritmo de la frase y el verso, coros, arias cortesanas y danzas. Muchas de ellas se hacen en seguida muy populares.
Lully llena casi todo el teatro francés del final de siglo. Nadie pudo competir con él, y sus sucesores son mediocres. La ópera italiana vuelve a triunfar en París, Pero la simiente del gusto francés estaba echada.

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