viernes, 1 de febrero de 2013

Georg Friedrich Haendel: Lascia ch'io pianga, de "Rinaldo"

Fragmento de la película Farinelli, dirigida por Gérard Corbieau en 1994


Farinelli es una película biográfica sobre la vida y la carrera del cantante de ópera italiano Carlo Broschi, conocido como Farinelli, considerado uno de los cantantes castrato más famoso de todos los tiempos. Está protagonizada por Stefano Dionisi y fue dirigida por el belga Gérard Corbiau. La voz de Dionisi interpretando a Farinelli, fue proporcionada Ewa Malas-Godlewska, una soprano de origen polaco y Derek Lee Ragin un contratenor estadounidense.  Dichas voces se grabaron por separado y luego se fusionaron digitalmente para recrear el sonido de un castrato.
La voz del contratenor, voz de excepción que es la más aguda dentro de las masculinas posee un timbre similar al de la contralto, aunque algunos contratenores actuales puedan llegar a alcanzar incluso el rango de soprano. Ello es posible porque su técnica de canto es distinta a la del resto de voces, ya que se sirve del recurso conocido como falsete, entendiéndose tradicionalmente el término como algo falso, es decir, una emisión en que no se utiliza la totalidad de las cuerdas vocales ni los recursos plenos de la voz masculina, aunque estos aspectos vienen siendo bastante discutidos en los tiempos recientes.
Hoy día las escuelas más avanzadas que forman a los cantantes de este tipo admiten que la voz del contratenor combina los registros de pecho, de cabeza y de falsete para lograr un perfecto equilibrio entre ellos y obtener una voz homogénea en toda su tesitura. Por lo general, los detractores de esta idea son personas que siguen ancladas en la concepción de la voz de contratenor como un tipo de voz no natural, cuando el recurso del falsete viene siendo utilizado ampliamente en la historia del canto, habiendo sido un hito importante en la forma de cantar de muchos de sus grandes maestros.
A lo largo de la historia, la voz de contratenor no ha tenido cabida en el mundo de la ópera, habiéndose centrado en el ámbito de la música sacra. Este es el motivo por el que su concurso en los escenarios operísticos tiene hoy bastantes detractores.
Esta voz nació en el discantus por oposición a la del tenor (literalmente que sostiene) o voz del canto llano, en una relación similar a la de alto y contralto, que tan bien ejemplificadas están en los papeles de las óperas haendelianas.
La pista de los contratenores se pierde a lo largo de los siglos XVII y XVIII, eclipsados por el grandísimo éxito que tuvieron los castrati italianos. Sin embargo, existen bastantes evidencias documentales de su ininterrumpida presencia y frecuente uso, siempre en la música religiosa. Sin ir más lejos, Händel escribió El Mesías para soprano, contralto, contratenor, tenor y bajo.
Tras la extinción de la práctica de la castración con fines musicales en el siglo XIX (el último castrato fue Alessandro Moresschi, fallecido en 1922), los contratenores surgieron en pleno siglo XX como alternativa válida en los papeles escritos para aquellos enormes divos del bel canto que fueron los castrati.
Los castrati han sido únicos e insustituibles en la historia de la música occidental. Sus voces no se pueden comparar ni con las de los contratenores ni con las de las mujeres. La voz femenina puede constituir un buen sustituto para la voz de castrato por su potencia, brillo y cualidad, pero está a considerable distancia de lo que debió de ser la voz de los castrati. El contratenor también está muy alejado de la calidad de voz de aquellos genios vocales, pero su voz confiere a los papeles operísticos la magia de poder ver de nuevo los personajes masculinos interpretados por hombres de una forma bastante natural. Es una cuestión de gusto personal aceptar o no su uso en los escenarios a la hora de interpretar ópera barroca o clásica.
El renacer del empleo de estas voces en el pasado siglo ha permitido disponer de grandes obras compuestas para la voz de contratenor. Tales son los casos de El sueño de una noche de verano  o Muerte en Venecia de Benjamin Britten, The Ice Break de Michael Tippet, los Salmos de Chichester de Leonard Bernstein, Lear de Aribert Reimann o  Akhnaten de Philip Glass.

 

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