sábado, 9 de febrero de 2013

Richard Wagner: La Walkyria (Acto III)


  • Birgitta Svenden, Eva Johansson, Eva-Maria Bundschuh, Hebe Dijkstra, Hitomi Katagiri, John Tomlinson, Linda Finnie, Ruth Floeren y Shirley Close
Director: Daniel Barenboim

Director escénico: Harry Kupfer
Die Walküre, WWV 86B, es una ópera en tres actos con música y libreto en alemán de Richard Wagner. Se estrenó en el Teatro de la Corte de Múnich (hoy Teatro Nacional) el 26 de junio de 1870. En el Festival de Bayreuth, como parte del ciclo completo Der Ring des Nibelungen, el 14 de agosto de 1876.
ACTO TERCERO
 
Escena I

Sobre la elevada roca de las walkyrias, vírgenes armadas de pies a cabeza, lanzan sus gritos de guerra para llamar a sus hermanas. Todas aparecen, a excepción de Brünnhilde, cabalgando por los aires y llevando sobre sus corceles a los héroes muertos destinados al Walhall. Por fin llega Brünnhilde montando a Grane, pero a su grupa lleva a una mujer viva: Sieglinde. Confiesa a sus hermanas que huye de la cólera de Wotan, ya que ha osado desobedecerle, y les pide que le ayuden a salvar a la mujer. Pero las walkyrias no quieren que caiga sobre ellas la cólera de su padre.
Sieglinde, desesperada por sobrevivir a Siegmund le reprocha a Brünnhilde el haberla salvado y pide la muerte; pero la walkyria le revela que un welsungo crece en su vientre y que por él debe seguir viva. Primero asustada, después feliz ante la noticia, la mujer decide conservar su vida a toda costa. Por consejo de las walkyrias, se refugiará en el bosque en el que vive Fafner y al que Wotan no se acerca jamás.
Waltraute anuncia la llegada del dios y Brünnhilde exhorta a Sieglinde a ser fuerte y valiente ya que de ella nacerá Siegfried: el más grande los héroes; y a él le habrá de entregar la espada rota que la walkyria rescató del campo de batalla.

Escena II
Wotan ha llegado a la roca de las walkyrias y Brünnhilde ya no puede huir. Sus hermanas tratan en vano de esconderla, mientras la terrible cólera de su padre la reclama. No tarda en someterse a su voluntad y el dios estalla en reproches contra la que, siendo la más amada de sus hijas, osó rebelarse contra él. Su castigo será el exilio definitivo del Wallhall, la pérdida total de su naturaleza divina: convertida en una mujer mortal, quedará sin defensa, dormida en un camino para que el primero que pase la despierte y la someta. Las demás walkyrias intentan, horrorizadas, aplacar la furia del padre, pero éste las amenaza con un sino igual al de la rebelde, si osan defenderla. Entonces huyen, llenas de dolor, mientras la tormenta, que parecía no tener fin, da paso a una noche serena.
Escena III
Brünnhilde, tendida a lo pies del dios, levanta la mirada buscando la de su padre. Le pide que contemple su falta con menos rudeza: ¿Fue, realmente, tan infame su crimen, como para merecer un castigo tan degradante? ¿No le había pedido, primero, que diera la victoria al welsungo? ¿No era ése el más íntimo y secreto deseo de Wotan? Pero el dios se muestra inflexible. Entonces la walkyria le ruega que, al menos, el mortal que la vaya a tomar no sea un cobarde, que su salvador y su dueño sea el welsungo que va nacer de una raza de héroes. Ante la nueva negativa de Wotan, le insta a que proteja su sueño fatal con un obstáculo tan terrible que sólo aquél que no conozca el miedo pueda franquearlo. Finalmente, el dios, conmovido por la desgracia de su hija, por su dignidad y por la nobleza de su corazón, cede a este último ruego: alrededor de ella se elevará un fuego tal que sólo el más valiente de los mortales osará traspasarlo.
Con un beso en los ojos de la walkyria, Wotan la despoja de su divinidad y la deja dormida sobre la roca. Emocionado, la reviste con todas su armas, golpea tres veces sobre una roca con su lanza e invoca a Loge, el dios del fuego. Entonces, se enciende una llama que, en poco tiempo, abraza la alta roca como un enorme escudo de fuego que protegerá a la virgen dormida.

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