sábado, 1 de diciembre de 2012

Johannes Brahms: Sexteto de cuerdas nº 1 en Si bemol mayor, op. 18

Krysia Osostowicz, Niels Chr. Øllgaard, Violines
Steven Dann, Michel Camille, Violas
Marko Ylonen, Franz Ortner, Violonchelos
XII Esbjerg International Chamber Music Festival (Dinamarca, 2010)


Hay ejemplos anteriores de sexteto, como los de Luigi Boccherini. Sin embargo, entre los de Boccherini y los de Brahms, se han publicado muy pocos para instrumentos de cuerda sin piano, aunque poco después de los dos de Brahms, algunos compositores como Antonín Dvořák, Joachim Raff, Max Reger, Arnold Schönberg, Erich Wolfgang Korngold y otros menos conocidos escribirían sextetos de cuerdas.
En 1860 Brahms compuso una de sus primeras obras maestras de cámara para una formación en la que se encontraba muy a gusto: dos violines, dos violas y dos violonchelos. Eran tiempos de fantasía, de color, de poesía y de dulces sueños, en suma tiempo de primavera, como se bautizó al Sexteto: “Frühlingssextett”. Eran tiempos también de asimilación de los maestros Haydn y Beethoven, con Schubert al acecho. Y tiempos donde germina en su entorno la semilla de la melancolía.... 

El Sexteto en Si bemol mayor se estrenó en Hannover el 20 de octubre y se  publicó dos años después, siendo una obra que triunfó desde el primer día y que entusiasmaba, por cierto, a Clara Schumann. 
 
El Sexteto op. 18 tiene cuatro movimientos:
I. Allegro ma non troppo
II. Andante, ma moderato
III. Scherzo: Allegro molto
IV. Rondo: Poco Allegretto e grazioso

El amplio primer movimiento, Allegro ma non troppo, está escrito en forma sonata y posee tres temas: un primero tranquilo y ensoñador, un segundo que ha sido comparado con un lied y un tercero que resulta ser el más memorable de todos. Es de notar la fuerza expresiva de la conclusión tras la reaparición del primer motivo y esa coda que se presenta salpicada de unos sorprendentes pizzicati.
El Andante se ciñe a la forma de tema ―una suerte de melodía rústica y grave a la vez― y variaciones de las que destacan especialmente la formidable ―y, a su manera, grandiosa― cuarta y una quinta en la que el motivo principal se dulcifica con excelente efecto de musette. El breve y animado Scherzo, con un trío que la mayoría de los comentaristas ven como contrastante cuando es, en realidad, más una variación temática con un empuje luminoso, precede a un Rondó marcado Poco allegretto e grazioso con un primer tema que tiene ese sabor popular -aquí suavemente tamizado- tan de su autor, y que expone el violonchelo, y un segundo más impulsivo. La coda es muy amplia y cierra la obra con una energía desbordada.Una obra que irradia inmediatamente su belleza al receptor, desde Clara Schumann y el primer auditorio en Hannover hasta los estresados oyentes de nuestros días.

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