lunes, 1 de abril de 2013

Camille Saint-Saëns: Introducción y Rondó Caprichoso, op. 28


Janine Jansen, violín
Orquesta Filarmónica de Berlín
Neeme Järvi, director

Camille Saint-Saëns (París, 1836 - Argel, 1921) fue un hombre de vasta cultura e inteligente observador de su mundo musical y una de las personalidades musicales de fin de siglo. También fue un hombre polémico que, desde diferentes tribunas –incluso en España- escribió numerosos artículos que resultaron controvertidos para sus lectores. En el momento en que Francia está inmersa en una delicada situación política tras su derrota en la guerra franco-prusiana (1870-1871), los compositores franceses se alían en defensa de su patria y su cultura y Saint-Saëns apoya la música de su propio país, pero también defiende a los entonces “peligrosos” Schumann y Wagner, aunque sobre este último tuviera reservas sobre su vertiente filosófica y dramatúrgica.
Estas y otras cuestiones musicales generaron una corriente de opinión que desvalorizaba a este compositor acusándolo entre otras cosas de frío academicismo, de música intelectualizada, aunque, según Robert Delage, Saint-Saëns es simplemente un “romántico encadenado” a la perfección técnica.  
En 1859, cuando tenía apenas quince años, un niño prodigio del violín llamado Pablo de Sarasate había solicitado a Saint-Saëns la composición de un concierto para ese instrumento, petición que Camille cumplió con la publicación de su concierto n° 1 en la menor. Muy satisfecho con el trabajo de Camille, cuatro años más tarde Sarasate volvió a la carga y le pidió otra pieza para violín y orquesta, si fuera posible en un estilo que evocara el espíritu de la danza española, tendencia muy de moda entre los románticos franceses de la época (para muestra, dos botones: Edouard Lalo y Georges Bizet). Saint-Saëns cumplió con el pedido y el resultado es la bella pieza Introducción y Rondó capriccioso en la menor, estrenada por Sarasate en París en 1867.
El cosmopolitismo vital y cultural de Saint-Saëns le hizo permeable a la inclusión de otros lenguajes musicales, como el español. El compositor Joaquín Turina se queja amargamente en la Revista Musical de Bilbao (abril, 1911) respecto a la opinión de un crítico francés que considera que sólo hasta entonces “Lalo, Bizet, Saint-Saëns (...) han dado en el clavo respecto al españolismo” y exclama indignado “tu parles!”. Efectivamente estos tres compositores escribieron obras de estilo español que obtuvieron un éxito universal. Particularmente, Saint-Saëns utiliza elementos musicales españoles en su Introduction et Rondo capriccioso, como el ritmo ternario, la cadencia andaluza o los floreos característicos. Para esta obra contó con un colaborador español, el entonces joven Pablo Sarasate, quien la estrena en 1863, e inmediatamente la incorpora a su repertorio. El Concierto para violín op.61 también está dedicado al violinista, al igual que el Rondo. Según el propio Saint-Saëns en una carta publicada en la Revista Sarasate (1908), colaboró en su composición: “Escribí para él el Rondo capriccioso en estilo español y más tarde el Concierto en Si menor, para el cual me dio valiosos consejos a los que debo en gran parte el gran éxito de esta obra”. Fue estrenada en 1880 por el navarro, y también es una de las piezas más interpretadas del catálogo del compositor. En estas dos obras la orquesta sostiene las transiciones y da al solista un absoluto protagonismo melódico-virtuosístico.
Según Roger Nichols, en el siglo XX Saint-Saëns proporciona un  contradiscurso a la fuerte corriente modernista musical que se congregaba en torno a Debussy y Ravel”. En esta línea Turina desde París escribía en la misma Revista Musical en 1911: “Yo confieso, ante todo, ser partidario de Saint-Saëns, (...) me pareció siempre muy injusta la guerra que se le hizo en estos últimos años. Ahora empieza una reacción en su favor, debida en gran parte a quien menos podía ocurrírsele tal cosa, a Maurice Ravel, a quien lleva la vanguardia del modernismo”. El propio Saint-Saëns comenta en el mismo año en una revista florentina, La Nuova Musica, “A cada momento leo que yo soy el músico más grande de los contemporáneos. (...) Aunque sé que no es verdad (...) estas alabanzas me sirven en cierto modo de contrapeso a los juicios de algunos compatriotas, que me tratan de viejo chocho. ¿Sabéis por qué?: porque no estoy dispuesto a seguir la moda, a aullar con los lobos. (...) Yo continuaré hasta la muerte honrando el arte del canto, sin hacerme su esclavo y considerando los acordes disonantes como poderosos medios de expresión. Mi naturaleza y mi educación me han hecho así”.

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