jueves, 18 de abril de 2013

Richard Wagner; Dich, Teure Halle, aria de Elisabeth en "Tannhäuser"

Deborah Voigt, soprano
Orquesta de la Metropolitan Opera
James Levine, director

"Todavía debo Tannhäuser al mundo". Esta afirmación hecha por el compositor en carta a Cosima, bastante más tarde de los estrenos de Dresde y París, es significativa de su inconcreción, de sus dudas, y de los frecuentes cambios introducidos en la partitura.
El mito de la redención por el amor femenino es una vez más la esencia de una obra wagneriana. Tannhäuser está dividida en tres actos: el primero muestra el amor sensual en su más furiosa manifestación. El Venusberg (ubicado cerca de Eisenach) es la gruta de la satisfacción de las pasiones, el eterno femenino condenado religiosamente como devorador, y vencido sólo por la contranatura de la virginidad.
Venus, aunque diosa, cuando desea es débil y, a pesar de haber sido rechazada, volverá en el acto final a tratar de recuperar al hombre amado.
En el segundo acto, Tannhäuser regresa a su ciudad natal reencontrándose con el resto de los caballeros y, de nuevo, con el amor de Elisabeth.  Este acto tiene como escenario único la gran sala del castillo de Wartburg, la Halle, donde se celebran los famosos concursos de canto de los minnesänger. Aparece Elisabeth, exultante de alegría ante el retorno del caballero que ama al lugar donde había triunfado y canta en una explosión de júbilo.

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