jueves, 18 de abril de 2013

Georges Bizet: Habanera de "Carmen", por María Callas

¿Dónde estaba la magia de la Callas? Zeffirelli que la dirigiera escénicamente en un total de cinco producciones ha dado su punto de vista sobre este enigma. Son extractos algo extensos pero creemos que no tienen desperdicio. Están recogidos en el estupendo libro Callas de John Ardoin y Gerald Fitzgerald (Londres, 1974). Habla Zeffirelli:

“La magia de la Callas es una cualidad que tienen pocos artistas, algo especial, diferente. Hay muchos artistas muy buenos, pero muy pocos que tengan este sexto sentido, esa cualidad extraordinaria. Es algo que los eleva de la tierra y los transforma en semidioses. La Callas la tenía. Cuando María sube a un escenario o empieza a hablar de su trabajo o se pone a tararear una melodía, inmediatamente adquiere esta cualidad adicional. Para mí María es siempre un milagro. No se la puede comprender ni explicar. María puede girar de la nada al todo, de la tierra al cielo. ¿Qué es lo que tiene esta mujer? No lo sé, pero cuando se realiza el milagro, María es un nuevo ente, es como si poseyera una nueva alma”.

Zeffirelli seguidamente trae a la memoria las míticas representaciones de Lucia en la Scala en las que Karajan dirigía musical y escénicamente. Habla Zeffirelli:
“Karajan no intentó dirigirla. Se limitó a disponer todo en torno a ella. La Callas representó la escena de la locura con un foco como una bailarina sobre fondo negro, y nada más. Karajan deseaba que todo en ella fuera música, música total. Era lo mejor que se podía hacer con la Callas. Creo que fue el único que supo comprenderlo. Estaba formidable con su media sonrisa, sus ojos y su boca. Era música viva, la ilustración perfecta de la música. Ningún director se lo había enseñado, era un don innato, la forma de crear el gesto exacto, el momento para hacer el movimiento preciso.” 
Es imposible resumir o comentar todo lo que se ha escrito de ella, porque también como su protagonista, todo lo dicho resulta excesivo. Su paso por el mundo de la música se podría catalogar de fulgurante y también de fugaz. Pocos fueron los años de plenitud, aunque éstos fueron extraordinarios, luego vino el declive y el silencio. Un silencio que a todos los aficionados les pareció tan prematuro como ineludible. María Callas lo había dado todo en su corta carrera, que la consagró a principios de los años 50 y prácticamente cesó en los 60: aunque siguió dando conciertos y recitales, ya se resentía su voz y, poco a poco, ese maravilloso instrumento fue apagándose.

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