domingo, 14 de abril de 2013

Pietro Mascagni: Cavalleria Rusticana

Un film de Franco Zeffirelli.
Santuzza: Elena Obraztsova, mezzosoprano.
Turiddu: Plácido Domingo, tenor.
Alfio: Renato Bruson, barítono.
Mamma Lucia: Fedora Barbieri, contralto.
Lola: Axelle Gall, soprano.
Orquesta y Coro del Teatro alla Scala de Milán.
Maestro del Coro: Romano Gandolfi.
Director: Georges Prêtre.

El livornés Pietro Mascagni estrenó Cavalleria Rusticana, (“Caballerosidad pueblerina”) el 17 de mayo de 1890 en el Teatro Costanzi de Roma. La ópera consta de un sólo acto y era ganadora de un concurso que organizaba el editor Sonzogno. Los autores del libreto fueron Guido Menasci y Giovanni Targioni-Tozzetti, según el drama homónimo de Giovanni Verga de 1884.
Pietro Mascagni sentó así el canon del verismo. La intención de este movimiento era renunciar a las formas aristocráticas y míticas de la ópera tradicional para acercarla al naturalismo de las clases populares y a la violencia más cotidiana. En efecto, el género operístico también tuvo su brote realista, aunque este estuviera siempre bastante influenciado por el romanticismo. La tendencia despuntó con una obra, Cavalleria Rusticana, que se lanzaba con fidelidad al retrato melodramático y costumbrista de la Sicilia de finales del siglo XIX. La ópera cuenta la historia de un trágico triángulo amoroso con dos mujeres enamoradas del mismo hombre y un marido cornudo de por medio. Como telón de fondo está la Italia sureña de la lealtad  y las alcaparras, bruta y sencillamente a cuchillo, con claridad alejada de los motivos corteses, clasicistas e idealizados de la ópera durante siglos.

Concretamente, el verismo gustaba de un recitativo más fluido —también con obras mucho más cortas—, un continuum de cantos menos metódicos y más torrenciales que no separaban la ópera en partes tan definidas. Pero con el tiempo, el intermedio de Cavalleria Rusticana fue ‘aislado’ sin remedio, destacada por unanimidad dentro de una ópera que a la postre seguiría —y sigue siendo— una de las más representadas en todo el mundo. En la historia, este intermedio coincide con el momento de la proclamación de venganza de Alfio —el marido— contra Turiddu —el amante—, la escena en la que todo el pueblo está en la iglesia y la plaza luce evocadoramente vacía. Con el tiempo, la pieza se haría tan popular que sería representada profusamente en conciertos y diferentes recitales sinfónicos, sin nada que ya la relacionara directamente con el todo —la ópera— de la que formaba parte.

Argumento
Tras un breve preludio, la ópera empieza a telón bajado con la interpretación de una serenata que Turiddu le canta a Lola. La serenata es del estilo de las célebres canciones napolitanas (“O Lola, c'hai di latti la cammisa” Oh Lola, tu camisa es blanca como la leche”).

Al levantar el telón se observa una plaza frente a la iglesia del pueblo, con el repiqueteo de las campanas. Mamma Lucia está trabajando en su taberna. Los aldeanos van llegando (“Gli aranci olezzano”/”In mezzo al campo”) para asistir a los oficios de la Pascua de Resurrección. Santuzza acude a la taberna para hablar con Mamma Lucia. La madre no quiere responder sobre el paradero de su hijo, aunque al final le dice que se ha ido a Francoforte a comprar vino. Santuzza no lo cree y lo niega con una actitud celosa. La llegada de Alfio, el marido de Lola, propone un tono más jovial (“Il cavallo scalpita”) que rompe un poco la tensión. Pero sólo es un espejismo. Alfio entra en la taberna y su conversación confirma a Mamma Lucia que Turiddu no ha marchado a comprar vino, pues ha sido visto por Alfio cerca de la su casa esa misma mañana.
En el interior de la iglesia la gente reza. Se escucha el “Regina Coeli laetare” con intervención de Santuzza, que también ha acudido. Ya fuera de la iglesia, Mamma Lucia le pide a Santuzza que le explique por qué le ha hecho un gesto de callar cuando hablaba con Alfio. Santuzza le dice que Turiddu ha vuelto con Lola y por ello la ha abandonado (“Voi lo sapete, o Mamma”). Turiddu le ha robado el honor, como Lola lo ha hecho con Alfio. La llegada de Turiddu (“Tu qui, Santuzza”) alcanza momentos de gran tensión a lo largo del dúo. Él está cada vez más indignado, oscilando ella entre los celos y un amor que siente apagado. Aparece Lola, que coquetea con Turiddu, se burla de Santuzza (“Fior di giaggiolo) y después entra a la Iglesia. La situación no mejora, ya que Santuzza le insinúa que los que han pecado no deben ir a la iglesia, en referencia al romance de Turiddu y Lola. La ruptura entre Santuzza y Turiddu es tan clara que los ruegos de ella quedan en nada ante él, bastante ofendido y sin intención de perdonarla por sus arrebatos de celos. Turiddu se vuelve para seguir a Lola, pero Santuzza le ruega que se quede. Turiddu la desdeña, la tira al suelo y se va a la Iglesia. Santuzza termina deseándole una mala Pascua (“No, no Turiddu”). Aparece, en mala hora, Alfio, que llega a la plaza buscando a Lola. Santuzza le revela toda la verdad, lo que provoca la cólera del marido burlado y sus ansias de venganza.

Tras el brillante Intermezzo, la gente sale de la iglesia y Turiddu les invita a tomar un vaso de vino en la taberna mientras canta un brindis de forma festiva (“Viva el vino spumeggiante”). La alegría desaparece con la intervención de Alfio, desafiante, que provoca la marcha de todos, incluida Lola, preocupada por el tono de voz de su marido. Turiddu muerde la oreja a Alfio como señal de aceptar el desafío. Le confiesa que es culpable y “que se dejaría matar como un perro”. Alfio le insta a encontrarse “detrás del huerto”. El último gran momento de la ópera es la despedida de Turiddu, que pide a su madre que ayude a Santuzza en el caso de que él no volviese. Ante la preocupación de la madre por su incomprensible tono sombrío, Turiddu insiste con gran aflicción (“Un bacio, un bacio, mamma, un'altro bacio”) y se marcha apresuradamente. Lucia, llorando, vaga sin dirección afuera de su casa. Santuzza se le acerca y la abraza. Los aldeanos comienzan a rodearlas. En el huerto, Alfio da muerte a Turiddu. Se oyen voces y el grito desgarrador de una mujer revela el fatal desenlace (“Hanno ammazzato compare Turiddu!”), mientras la orquesta culmina la ópera.

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