La comedia lírica en tres actos Doña Francisquita tiene un texto original de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. La música es de Amadeo Vives. Fue estrenada el 17 de octubre de 1923 en el Teatro Apolo de Madrid. Está basada en La discreta enamorada, de Lope de Vega, que a su vez se inspiró en un cuento del Decamerón, la narración tercera de la jornada tercera, en que Pampinea fue el “precedente” de Francisquita, el fraile el de Don Matías y el caballero el de Fernando. La acción se retrasa dos siglos respecto a la contemplada por Lope, con lo que, además, queda salpicada del madrileñismo cantado por Galdós y por Mesonero Romanos. El argumento presenta la historia del amor de Francisquita por Fernando que ni lo nota, absorbido como está por una cómica: Aurora la Beltrana, que no le corresponde. Francisquita cortejada por el padre de Fernando se deja querer y lo alerta contra su hijo, logrando, de esta manera, interesarle. En realidad leyendo la canción del ruiseñor nos enteramos de todo, pues “la rosa que languidece de casto amor” es Francisquita, “el ruiseñor” es Fernando, “el zángano zumbador” es Don Matías y “la otra flor” es Aurora. Esta trama principal se desarrolla en un ambiente castizo que capta sensacionalmente el espíritu del pueblo de Madrid tal como lo entendió Vives, cuya pretensión con esta obra fue “hacer una Verbena de la Paloma en tres actos”.
Auditorio Nacional de Música, Madrid, 13 de Junio de 2010 Director: Miguel Roa Castañuelas: Lucero Tena
Doña
Francisquita, es una comedia
lírica en tres actos, el tercero dividido en dos cuadros con texto original de
Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw y música de Amadeo Vives. Se estrenó
el 17 de octubre de 1923 en el Teatro Apolo de Madrid.
Esta
denominada comedia lírica en tres actos está basada en La discreta enamorada de Lope de Vega que a su vez se inspiró en un
cuento del Decamerón, la narración tercera de la jornada tercera, en que
Pampinea fue el “precedente” de Francisquita, el fraile el de Don Matías y el
caballero el de Fernando. La acción se retrasa dos siglos respecto a la contemplada
por Lope, con lo que, además, queda salpicada del madrileñismo cantado por
Galdós y por Mesonero Romanos.
En la gestación de la obra tal y como hoy la conocemos abundan los sucedidos,
empezando por la forma de componer de Vives que se anticipaba al libreto
mediante lo que llamaban “el monstruo” que venía a ser una especie de “andamio”
literario sobre el que el compositor escribía su música, andamio que luego era
sustituido por el libretista, pues bien los primeros versos de la canción de la
juventud (Canto alegre de la juventud que eres alma del viejo Madrid) formaban
parte del “monstruo” pero con tan buen acierto que fueron respetados en el
libreto definitivo. También se admite generalmente que el maestro recurrió al
archivo municipal de Madrid para estudiar tonadillas que utilizó en su obra,
siendo por ello acusado de plagio, sin más base que la ignorancia y la envidia.
No faltó la peripecia física en forma de accidente que sufrió el maestro días
antes del estreno y que obligó a que la instrumentación de algunos números la
terminasen otros compositores, entre ellos Conrado del Campo, Turina y Pablo
Luna quien se encargó nada menos que del “coro de románticos” impregnándolo
quizás de lo que Vives denominó “música rubia” a la realizada por el aragonés.
Queda por decir que antes de escoger el título se barajaron otros como Doña Manolita, Felipa y Felipita, Doña Mariquita… Por último es preciso
comentar que después del estreno, Vives suprimió un dúo de Francisquita y
Francisca y por contra el dúo de Francisquita y Fernando Le van a oír, no sea usted imprudente no figuró en la partitura
hasta el estreno en Barcelona.
El éxito fue apoteósico, inaudito, portentoso, repitiéndose muchos números, y
Sol Burguete se hace eco de que el entusiasmado público llegaba a corear que
“en España, sólo Vives y Belmonte”. Estadísticamente se cuenta de que en 20
años la obra se representó 5.210 veces, de las cuales 682 en Madrid y ¡896! en
Barcelona. Este éxito no ha dejado de acompañarla en los casi 90 años de vida
que ya tiene, aunque el veredicto del público y de la crítica convirtió en
principal el papel pensado como secundario de Aurora la Beltrana en detrimento
del de Francisquita, hasta tal punto que algunos de los autores consultados
citan un artículo de Emilio Carrere en 1943 según el cual Vives pensó en
suprimir el dúo de Aurora y Fernando para no restar protagonismo a Mary Isaura,
por la especial relación que, al parecer, le unía a ella, conformándose al
final con pedir a Cora Raga no repitiese el número pues “él había escrito un
dúo y no un cuplé”. En la senda de triunfos que esta obra ha proporcionado,
además de Cora Raga, han destacado Emilio Vendrell: el mejor Fernando hasta
1956 en que comenzó la era Alfredo Kraus.
Literariamente el argumento presenta la historia
del amor de Francisquita por Fernando que ni lo nota, absorbido como está por
una cómica: Aurora la Beltrana, que no le corresponde. Francisquita cortejada
por el padre de Fernando se deja querer y lo alerta contra su hijo, logrando, de
esta manera, interesarle. En realidad leyendo la canción del ruiseñor nos
enteramos de todo, pues “la rosa que languidece de casto amor” es Francisquita,
“el ruiseñor” es Fernando, “el zángano zumbador” es Don Matías y “la otra flor”
es Aurora. Esta trama principal se desarrolla en un ambiente castizo que capta
sensacionalmente el espíritu del pueblo de Madrid tal como lo entendió Vives
cuya pretensión con esta obra fue “hacer una Verbena de la Paloma en tres
actos”.