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domingo, 18 de octubre de 2015

W. A. Mozart: Misa nº 14 en Do mayor, KV 317, 'de la Coronación'

Histórica presentación del legendario director austriaco Herbert von Karajan junto a la Orquesta Filarmónica de Viena, el Coro Wiener Singverein y los solistas Kathleen Battle, Trudeliese Schmidt, Ferruccio Furlanetto y Gosta Winbergh, que  interpretaron la Misa de la Coronación de Wolfgang Amadeus Mozart durante la Santa Misa celebrada por S.S. Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano, el 29 de Junio de 1985.

Kyrie
Gloria
Credo
Sanctus
Benedictus
Agnus Dei
Mozart escribió esta misa en la primavera de 1779 para las celebraciones de Pascua, y al igual que toda la música compuesta en este periodo muestra su madurez compositiva. Es ya su decimosexta misa.
Parece ser que el sobrenombre de esta misa se debe a que fue interpretada en Viena durante las celebraciones de la coronación de Leopoldo II, en 1791, o la del emperador Francisco II, en 1792. Fechada, pues, en marzo de 1779, se trata de una obra evolucionada y brillante, de orquestación eminentemente sinfónica.
En sus composiciones de iglesia de 1776-77, Mozart se había sustraído a la galantería a cambio de la sencillez de un estilo de cántico. En Mannheim, bajo la influencia de Holzbauer, había elegido otro camino con el Kyrie en Mi bemol, (K.332), y es el camino que seguirá de ahora en adelante para casi todas sus obras religiosas hasta el fin de su vida: preocupación permanente por la expresividad de conjunto, pero con más amplitud sinfónica y solemnidad monumental, dentro de un espíritu menos infantil (o menos afeminado) y más viril. La misma tendencia acusa en la segunda versión de Thamos, casi contemporánea, y más tarde en Idomeneo; no sería muy paradójico decir que a fin de cuentas, con una fidelidad menos atenta al texto y con una riqueza orquestal muy superior, es en la música de iglesia, de las obras de su madurez, donde Mozart se acerca más a las concepciones dramáticas de Gluck.
Aquí, el contrapunto está casi ausente y las formas de la música sinfónica están muy marcadas:
El Kyrie empieza sin preámbulo orquestal, con un Andante maestoso y tras una introducción coral que nos lleva a un Piu andante, parte solista de soprano y tenor, que entonando el Christe eleison, en modo menor, retoman el Kyrie de nuevo, en modo mayor, para terminar con el Andante maestoso cantado por el coro en su conjunto.
De modo análogo se inicia el Gloria. Mozart reparte el texto entre las partes solistas desde Domine Deus. Más adelante recurre a una especie de estilo motete (Misere, Suscipe) con breves imitaciones previas. Tu solus Altissimusimpone a la soprano las notas más agudas; Jesu Christe las más graves. Esto, como también el fugato que empieza con los solos, pertenece al vocabulario tradicional de la exégesis.
El Credo se interpretaba después del sermón. Mozart lo inicia con un preludio orquestal de sólo cuatro compases y la declamación homófona de las sílabas. Vigorosos acentos forte-piano subrayan las palabras Dominum Jesum Christum, líneas descendentes describen el Descendit de caelis y Et incarnatus est. Sigue el Crucifixus con alteraciones armónicas, y un vacilante Et sepultos estEt resurrexit refleja la Resurrección y Et unam sancta ecclesiam se aferra a la tonalidad de Do Mayor, que es la tonalidad madre de la Misa.
El Sanctus es conciso; la mención del Cielo (in excelsis) induce a Mozart a componer extensas modulaciones cantadas sin texto.
El Benedictus, que forma parte en realidad del Hosanna, fue separado de éste y musicalizado tras su conversión, mientras se continuaba el misal en silencio. Mozart empieza por escribir el preludio para cuerdas, de diez compases, y una parte expresiva para solistas.
En el Agnus Dei, el comienzo del solo de soprano guarda un parecido muy grande con el comienzo del aria de la Condesa de Almaviva “Dove sono i bei momenti”, nº 19, de Las bodas de Fígaro (1785/86), hecho que ha dado pábulo a considerar las obras religiosas de Mozart como eminentemente operísticas; termina el Agnus Dei con una semicadencia sobre la dominante de Do Mayor y, a partir de aquí, empieza el Dona nobis pacem que toma el tema del Kyrie, que inició la soprano solista, como un deseo de unidad y cohesión interna de la Misa.


W. A. Mozart: Vísperas Solemnes de Confesor, KV 339


Santal Santon-Jeffery, soprano

Marianne Crebassa, mezzosoprano
Julian Behr, tenor
Andreas Wolf, bajo

Ensemble Pygmalion
Raphaël Pichon, director


Las Vesperæ solennes de confessore (en español, Vísperas solemnes de confesor) en Do mayor, KV. 339, fueron compuestas por Wolfgang Amadeus Mozart hacia 1780, en la etapa en la que estaba al servicio del príncipe-arzobispo de Salzburgo, Hieronymus von Colloredo.
Vísperas es el oficio divino vespertino en la liturgia de las horas canónicas de la Iglesia Católica. Las vísperas se instituyeron para venerar la memoria de la sepultura de Jesucristo o su descenso de la cruz. El término «solennes» señala que la obra se escribió para una orquesta solemne, con timbales y trompetas. Por su parte, el «de confessore» se debe a que se compuso para conmemorar la festividad de un santo confesor de la fe, un grado previo al de mártir en el cristianismo primitivo.
Bajo la tutela del arzobispo Colloredo en la corte de Salzburgo, el maestro debía componer a petición para diversas ocasiones litúrgicas. Mucho se ha especulado sobre la calidad y originalidad de la producción sacra de Mozart previa al periodo vienés. Wolfgang estaba más preocupado en llevar su carrera de forma independiente, tocando en diversas ciudades que de ser un servil músico de corte. De ahí que su labor entraba en conflicto con la de compositor libre. Es sabido cómo terminaría la historia de esta pugna en 1781.
Por ello, se cree que estas obras son menores en comparación con la música instrumental y coral profana de Mozart en la misma época. Quizá en algunas obras se pueden advertir ciertos lugares comunes y elementos predecibles, pues el maestro debía cumplir con diversos encargos y giras. Sin embargo, las Vesperae Solennes (Dominica, KV. 321 y Confessore, KV. 339) son dos maravillosas composiciones que están a la altura de las mejores obras corales de Mozart.
Las Vesperae Solennes, KV. 339 están compuestas por seis secciones, según la liturgia católica para las vísperas, incluyendo cinco de los salmos del Antiguo Testamento y el magnificat del Evangelio de San Lucas. Cada sección finaliza con la doxología Gloria Patri.
Su interpretación requiere cuatro voces solistas (soprano, contralto, tenor y bajo), coro a cuatro partes, dos trompetas, timbales, tres trombones, dos violines y bajo continuo (violonchelo, contrabajo, fagot y órgano).
Sus movimientos son los siguientes:

Dixit (Ps 110 (109))
Confitebor (Ps 111 (110))
Beatus vir (Ps 112 (111))
Laudate pueri (Ps 113 (112))
Laudate Dominum (Ps 117 (116))
Magnificat

El fragmento más célebre es el Laudate Dominum, que es frecuentemente grabado e interpretado de forma independiente, lo que dificulta la comprensión cabal de esta obra. Es evidente que se puede disfrutar del Laudate Dominum a la manera de un aria/canción. Pero se pierde la parte mayor si la obra se escucha sin su contexto musical originario.
Más allá de estas salvedades, el Laudate Dominum para voz solista, orquesta y coro, es un laude basado-en parte- en el Salmo 117 que, cantado en latín, posee el siguiente texto:

Laudate Dominum omnes gentes;
Laudate eum, omnes populi.
Quoniam confirmata est
Super nos misericordia ejus,
Et veritas Domini manet in aeternum.
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nunc, et semper.
Et in saecula saeculorum.
Amen.

domingo, 12 de abril de 2015

H. Purcell: Música para el funeral de la reina Mary, Z 27

Baroque Brass of London
Coro del Clare College de Cambridge

En el otoño de 1694 Londres se vio sorprendido por la viruela, con más de mil fallecidos. El rey Guillermo de Orange cayó enfermo, aunque quizás pudo deberse más a agotamiento que al brote epidémico. Su mujer se preocupó en cuidarle y cogió la enfermedad. Las crónicas nos cuentan que el 21 de diciembre, sabiendo su destino, puso en orden sus asuntos y dispuso cómo habría de ser su funeral. La soberana falleció el 28 de diciembre.
Dada la epidemia, el clima y la indecisión política, las exequias no se iniciaron hasta el 21 de febrero, planeándose el traslado del féretro a la Abadía de Westminster para el 5 de marzo. El historiador británico Narcisus Luttrell narra cómo se desarrollaron los acontecimientos: una ceremonia de gran solemnidad, con todas las tiendas de la ciudad cerradas y un cortejo monumental. Y a Purcell le correspondió componer la música.
Los avatares de esta composición no son muy claros, y la magnificencia del acontecimiento ha dado lugar a frecuentes distorsiones y exageraciones. Sí se sabe que la ceremonia contó con la presencia de los trompetistas y percusionistas reales y los miembros de la Capilla musical.
La composición de Purcell tiene una distribución muy clara: una Marcha fúnebre encomendada a cuatro trompetas y percusión; tres números conocidos como "Sentencias", con coro y órgano (que corresponden a tres anthems que Purcell había compuesto anteriormente), y entre cada una de ellas, una Canzona encomendada a las trompetas. La obra se cierra con la misma Marcha fúnebre.
Los trompetistas y percusionistas acompañaron al féretro por las calles, pero no se sabe si se utilizó música de Purcell. En su momento se rechazó que estos instrumentos tocaran en el interior de la Abadía, por lo que quizás la marcha fúnebre inicial fue la melodía interpretada durante el cortejo. La discusión ha llegado hasta casi nuestros días, arrojando luz el auge del movimiento historicista, que rechaza que en el funeral se utilizaran trompetas al uso, propias de celebraciones triunfales, sino trompetas de varas, un instrumento alargado con una vara que se desliza hacia atrás (a diferencia del trombón). La utilización de varas en lugar de pistones permite mayor gama cromática, incluyendo así tonalidades menores, propias de un funeral.

jueves, 26 de marzo de 2015

G. Verdi: Messa da Requiem

Leontyne Price, soprano
Fiorenza Cossotto, mezzosoprano
Luciano Pavarotti, tenor
Nikolai Ghiaurov, bajo
Orquesta y Coro del Teatro de La Scala (Milán)
Herbert von Karajan, director

0:00:32 Requiem
0:08:43 Dies Irae
 0:10:55 Tuba Mirum
 0:12:58 Mors Stupebit
0:14:19 Liber Scriptus
0:19:23 Quid Sum Miser
 0:23:13 Rex Tremendae
 0:26:44 Recordare
 0:31:05 Ingemisco
 0:34:45 Confutatis
0:40:24 Lacrymosa
0:46:05 Offertorio
0:56:53 Sanctus
0:59:51 Agnus Dei
1:04:32 Lux Aeterna
1:10:45 Libera Me

martes, 10 de marzo de 2015

G. Verdi: Misa de Réquiem

Claire Rutter, soprano
Lilli Paasikivi, mezzo-soprano
Mika Pohjonen, tenor
Roberto Scandiuzzi, bajo
 
Orquesta y Coro de la Ópera Nacional de Finlandia
Michael Güttler, director
 
Grabación en directo en la Igesia de San Juan de Helsinki
(1 de noviembre de 2014)

La obra consta de siete movimientos de diferente duración:
I. Réquiem y Kirie
(Cuarteto de solistas y coro)
II. Sequentia
Dies Irae (estribillo)
Tuba Mirum (bajo, coro)
Mors stupebit (bajo, coro)
Liber scriptus, (mezzo-soprano, coro)
Quid sum miser (soprano, mezzo-soprano, tenor)
Rex tremendae (cuarteto de solistas, coro)
Recordare (soprano, mezzo-soprano)
Ingemisco (tenor)
Confutatis (bajo, coro)
Lacrymosa (cuarteto de solistas, coro)
III. Offertorium
Domine Jesu
(Solo)
 
IV. Sanctus
(Doble coro)
V. Agnus Dei
(Soprano, mezzo-soprano, coro)
VI. Communio
Lux Aeterna
(Mezzo-soprano, tenor, bajo)
VII. Absolutio
Libera Me
(Soprano, coro)

La historia del Requiem verdiano comienza en noviembre de 1868, cuando la muerte de Rossini le induce  a Verdi el proyecto de una misa de difuntos que compondrían diversos músicos italianos para la conmemoración del primer aniversario. Verdi se reservó el "Libera me" conclusivo y, aunque el estreno de la obra no se llevó a cabo, sirvió para despertar en el compositor el deseo de escribir un Requiem completo. La conmoción que le produjo la muerte del poeta Alessandro Manzoni en 1873, el gran exponente del romanticismo italiano cuyas obras eran para Verdi libros de cabecera, aceleró sus planes, estrenando él mismo la obra en mayo de 1874 en la iglesia de San Marcos de Milán.
Esta obra maestra -según Brahms, sólo un genio pudo haberla escrito- nos muestra a un Verdi de sesenta años que, salvo Otello y Falstaff, ha compuesto ya todo su inmenso corpus operístico.
En correspondencia con las características de su último estilo, la obra se desarrolla como un continuum donde las secciones se funden unas con otras, la dicotomía recitativo-aria aparece difuminada y la orquesta rivaliza con las voces en expresividad. Como campo específico de la música religiosa, va a tener aquí la oportunidad de poder dar rienda suelta a su pasión por el contrapunto imitativo.
Para llevar a cabo tales propósitos Verdi va a contar con un cuarteto de solistas -soprano, mezzo, tenor y bajo-, con un coro mixto a cuatro voces, en una ocasión duplicado, y una orquesta romántica convencional en la que se incluye el oficleido (sustituido en la actualidad por la tuba), dentro de un viento metal que evita los grandiosos espaciamientos armónicos al modo de Wagner, ciñéndose a una función de apoyo acórdico, que no impedirá que sus diferentes instrumentos irrumpan en ocasiones con agilidades de intensa expresividad.
El Réquiem es la obra de un hombre agnóstico -en ocasiones, decididamente ateo y a veces semicreyente- en el distante respeto con que contemplaba la liturgia católica. Sin embargo la Biblia y las obras de Manzoni, el destinatario de la composición, rezumantes de fervor religioso, estuvieron siempre en sus manos. Aunque la sombra de la duda recorre gran parte de la composición (como esas inestables melodías cromáticas que acompañan a lo largo de la obra la seguridad de las diatónicas), en el momento definitivo de la conclusión desaparece cualquier atisbo de dubitación.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Wolfgang A. Mozart: Misa en do menor KV 427

 
Barbara Bonney, soprano
Anne Sofie Von Otter, mezzosoprano
Anthony Rof Johnson, tenor
Alastair Miles, bajo
 
Coro Monteverdi
Solistas Barrocos Ingleses
John Eliot Gardiner, director
 
Casi la totalidad de la producción sacra de Mozart fue compuesta entre 1765 y 1780-81, es decir, mientras estuvo al servicio del príncipe-arzobispo de Salzburgo. A partir de 1781, el Mozart maduro y libre, instalado en Viena, no producirá más que tres obras religiosas: la monumental e inacabada Gran misa en do menor, KV 427 (1783) y, en el último año de su vida (1791), el motete Ave verum, KV 618 y el Réquiem, KV 626.
En el catálogo de obras religiosas de Mozart hay 19 misas; 34 pequeñas composiciones sacras (motetes, ofertorios, kyries, salmos, antífonas); 4 letanías; 2 vísperas; 2 magníficat y diversos oratorios; cantatas (entre las que se incluyen las obras compuestas para la masonería, "religiosas" en el sentido más estricto); y un singspiel sacro.
En las misas cabe diferenciar entre las breves y las mayores o solemnes. En las primeras destaca la Missa brevis en sol mayor, KV 49, compuesta a los 12 años, la Missa brevis en re menor, KV 65, escrita para la Cuaresma de 1769, la Missa brevis, KV 220 o "Misa de los gorriones", la Missa brevis en do mayor, KV 258 ("Misa Spaur") y la Missa brevis en do mayor, KV 259 ("Misa del solo de órgano"). Entre las misas mayores o solemnes merecen especial interés la Gran misa en do menor, KV 427, la Missa solemnis en do mayor-menor, KV 139, llamada "Misa del Orfanato" y compuesta en Viena a los 12 años de edad, la Missa Dominicus, KV 66, de 1769, la Missa Trinitatis, KV 167 (1773), la Missa solemnis, KV 337 y la Misa de la coronación, KV 317 (“Krönungsmesse”).
En el apartado de pequeñas obras sacras destacan por su interés el ofertorio Inter natos mulierum, KV 72 (1771), el motete Exultate, jubilate, KV 165, para voz de soprano y que incluye un popularísimo aleluya final, el ofertorio Venite populi, KV 260, el gradual Sancta Maria, KV 273, el oratorio Betulia liberata, KV 118, las Vísperas solemnes de un confesor, KV 339, con el maravilloso solo para soprano "Laudate Dominum", acompañado de coro, el Kyrie en re menor, KV 341, y el archiconocido motete Ave verum, KV 618, en el que Mozart expresa de forma magistral la angustia y la tristeza de la crucifixión de Cristo.
Por último, se debe destacar su obra póstuma e inconclusa, el Réquiem en re menor, KV 626, en el que la crítica y la tradición creen ver una especie de testamento espiritual del maestro.
 
Misa en do menor
Misa solemne en Do menor, KV 427 (417ª), Gran Misa.
Solistas (soprano, soprano/contralto, tenor y bajo), coro y orquesta (flauta, 2 oboes, 2 trompas, 2 fagotes, 2 trompetas, 2 trombones, timbales y órgano)
Compuesta entre agosto 1782 y mayo de 1783, en Viena.
Estructura
Kirie
Gloria:
Gloria
Laudamus te
Gratias
Domine
Qui tollis
Quoniam
Jesu Christe
Cum Sancto Spiritu
Credo:
Credo
Et incarnatus est
Sanctus
Benedictus
En enero de 1783 Mozart escribe desde Viena a su padre: “La mitad de la misa... la cual está descansando ahí felizmente.” Está pudo haber sido únicamente la misa en Do menor, la cual vio su comienzo en el verano de 1782, siguiendo una promesa hecha a su desconfiada novia Constanza. Que este solo voto haya sido la única motivación para que Mozart escribiera este monumental trabajo, es poco creíble. Parece más probable que haya nacido del contacto que Mozart tendría con las obras de J. S. Bach, que descubrió en un viaje con el barón von Swieten, que acabó provocando en él una crisis de creatividad. Cuando a finales de julio de 1783, Mozart finalmente realiza su pospuesto viaje a Salzburgo para presentar a su esposa a su padre y a su hermana, lleva las partes completas de la Misa con él. Y ahí comienza el hasta ahora no resuelto enigma de esta obra y su primera representación.
Según recientes investigaciones, incluidas en el artículo sobre la Misa en do menor en el “Neu Mozart-Ausgabe,” la presentación  en la abadía de San Pedro en Salzburgo, no tuvo lugar el 25 de agosto, como primero se suponía, sino el 26 de octubre de 1783.
Mozart tuvo tiempo suficiente para completar la Misa durante los meses de estancia en Salzburgo. ¿Por qué no lo hizo, si además no tenía otras tareas que atender? Si como se desprende de una carta de Constanza a su editor André el 31 de mayo de 1800, la Misa en do menor fue presentada en San Pedro, ¿qué hizo Mozart para completar la obra?
Mozart completó el Kyrie y el Gloria y el gran solo de cuarteto del Benedictus. En el Et incarnatus únicamente había escrito la parte vocal del aria de coloratura, las tres partes obligadas de las maderas, los dos ritornellos orquestales y el bajo continuo. La parte de las cuerdas se ha perdido.
Alois Schmitt, H.C. Robbins Landon y, más recientemente, Franz Beyer han completado las partes que faltan en el aria de soprano, el Sanctus y el Hosanna y así la obra ha quedado lista para su interpretación.
Siempre sombrío, el monumental Kyrie, con su contrapunto imitativo y su parte coral soportada por los trombones, pone de manifiesto la evolución de  Mozart respecto a sus primeras Misas. En el Christe eleison el lirismo reconfortante del solo de la soprano se fundamenta en las intervenciones del coro, antes que la penumbra regrese con el segundo Kyrie. La ligereza del Allegro vivace” de los coros del Gloria es seguida por el aria para soprano del Laudamus te, acompañada por cuerdas, oboes y trompas, una alegre pieza de extremada coloratura. Luego el monumental coro en cinco partes Gratias agimus relampaguea en un movimiento homofónico de un bloque de acordes en la menor.
El dueto para dos sopranos Domine Deus en re menor, es una sorprendente e imitativa pieza, acompañada únicamente por las cuerdas.
El Qui tollis es el clímax expresivo de la obra. Se trata de un poderoso doble maderas al completo que transforma la demanda de piedad en un llanto de súplica.  La influencia de Bach y Haendel en este número es clara. El allegro del Quoniam, un trío en mi menor para dos sopranos y tenor, es seguido por un coro en adagio en el Jesu Christe, de únicamente seis compases. Este finaliza en la séptima dominante de do mayor, que desemboca inmediatamente en el Cum sancto spiritu, una fuga breve en do mayor, con un tema compactado presionando hacia delante en corcheas que pasa gradualmente en agitadas octavas, las cuales producen una rica textura de contrapunto imitativo. Este expansivo final de fuga es una pieza maestra de un estilo severo basado en los grandes maestros del Barroco.
El Credo (Allegro maestoso) es un coro homofónico en cinco partes. La expansiva aria siguiente Et incarnatus, es un pieza de lucimiento para sopranos de gran coloratura, finalizando en una cadenza de virtuosismo en la forma de un dueto para voz y flauta. Unas veces se considera esta parte como “operística”, y fuera de todo lugar y otras, como ingenua y piadosa música navideña. Es de un encanto especial, con la flauta como solista, oboe y partes de bajo, a la vez que estilísticamente inconsistente con la monumental expresividad y el estilo de la obra como un todo. Las partes reconstruidas comienzan con el Sanctus para doble coro y el Hosanna, que están reforzadas por las partes de trombón escritas por el propio Mozart. El sorprendente y expresivo cuarteto del Benedictus es acompañado por una condensada repetición de los dobles coros del Ossana.
El por qué Mozart regresa al estilo de la Misa Napolitana, que ya estaba realmente fuera de moda e incluso había sido prohibida en Viena, pone de relieve las decisivas influencias de la música de Bach y Haendel. Mozart no completó la Misa una vez producido su retorno a Viena, sino que rescató parte de ella para el oratorio David penitente,  lo que puede estar relacionado con la normativa dictada por el Emperador José II, que denegaban cualquier oportunidad para la realización de tales misas.
Sobre la ejecución de esta misa en Salzburgo, existen unos apuntes del diario de la hermana de Mozart, Nannerl: “El 23 a las 8, en la casa de la capilla, ensayo de la misa de mi hermano, en la que mi cuñada cantó “a solo”...”
Como en muchas partes de la vida de Mozart queda aquí expuesto, la descripción de la gran misa de Viena, que ha permanecido por causas extrañas incompleta por la mano del mismo Mozart, lleva a pensar si realmente esta misa nunca se llevó a cabo en el casamiento de Mozart en Viena y quizá por algún dato erróneo se piense que estuvo incompleta y como otras veces se hayan perdido las partes en el caos que el mismo tiempo y las múltiples obras que permanecían en la mesa de Mozart,   se hayan traspapelado y tirado por accidente, o tantas circunstancias que pudieron haber acontecido para la falta de estas partes. Las cartas mismas no ayudan a subsanar el destino de su presentación y las partes de las mismas.
 

domingo, 12 de octubre de 2014

J. S. Bach: Cantata "Herz und Mund und Tat und Leben", BWV 147

 
Christine Schäfer, soprano
Bernarda Fink, mezzo-soprano
Ian Bostridge, tenor
Christopher Maltman, baritone
Arnold Schoenberg Choir
Chorus master: Erwin Ortner
Concentus Musicus Wien
 Nikolaus Harnoncourt, conductor
 
Grabación en directo en el Monasterio Benedictino de Melk, Austria, 2000.
 
Herz und Mund und Tat und Leben, BWV 147 (El corazón y la boca y las obras y la vida), es una cantata escrita originalmente en Weimar en 1716 (BWV 147a) para el Adviento. En 1723 fue ampliada para la fiesta de la Visitación en Leipzig, donde se estrenó el 2 de julio de 1723.

Instrumentación
Solistas vocales: soprano, contralto, tenor y bajo
Coro a cuatro voces
Trompeta aguda, dos oboes (oboe d'amore y oboe da caccia), dos violines, viola y continuo con fagot.
Estructura
Consta de diez movimientos, estructurados en dos partes que debían ser interpretadas antes y después del sermón:

PARTE I

1. Coro: Herz und Mund und Tat und Leben

2. Recitativo (tenor): Gebenedeiter Mund!

3. Aria (contralto): Schäme dich, o Seele nicht

4. Recitativo (bajo): Verstockung kann Gewaltige veblenden

5. Aria (soprano): Bereite dir, Jesu, noch itzo die Bahn

6. Coral: Wohl mir, daß ich Jesum habe

 

PARTE II

7. Aria (tenor): Hilf, Jesu, hilf, daß ich auch dich bekenne

8. Recitativo (contralto): Der höchsten Allmacht Wunderhand

9. Aria (bajo): Ich will von Jesu Wundern singen

10. Coral: Jesus bleibet meine Freude
 
Erster Teil

1. Chorus
Herz und Mund und Tat und Leben
Muß von Christo Zeugnis geben
Ohne Furcht und Heuchelei,
Dass er Gott und Heiland sei.

2. Recitativo T
Gebenedeiter Mund!
Maria macht ihr Innerstes der Seelen
Durch Dank und Rühmen kund;
Sie fänget bei sich an,
Des Heilands Wunder zu erzählen,
Was er an ihr als seiner Magd getan.

 
O menschliches Geschlecht,
Des Satans und der Sünden Knecht,
Du bist befreit
Durch Christi tröstendes Erscheinen
Von dieser Last und Dienstbarkeit!
Jedoch dein Mund und dein verstockt Gemüte
Verschweigt, verleugnet solche Güte;
Doch wisse, dass dich nach der Schrift
Ein allzuscharfes Urteil trifft!

3. Aria A
Schäme dich, o Seele, nicht,
Deinen Heiland zu bekennen,
Soll er dich die seine nennen
Vor des Vaters Angesicht!

Doch wer ihn auf dieser Erden
Zu verleugnen sich nicht scheut,
Soll von ihm verleugnet werden,
Wenn er kommt zur Herrlichkeit.
 
4. Recitativo B
Verstockung kann Gewaltige verblenden,
Bis sie des Höchsten Arm vom Stuhle stößt;
Doch dieser Arm erhebt,
Obschon vor ihm der Erde Kreis erbebt,
Hingegen die Elenden,
So er erlöst.
 

O hochbeglückte Christen,
Auf, machet euch bereit,
Itzt ist die angenehme Zeit,
Itzt ist der Tag des Heils:
der Heiland heißt
Euch Leib und Geist
Mit Glaubensgaben rüsten,
Auf, ruft zu ihm in brünstigem Verlangen,
Um ihn im Glauben zu empfangen!

5. Aria S
Bereite dir, Jesu, noch itzo die Bahn,
Mein Heiland, erwähle
Die gläubende Seele
Und siehe mit Augen der Gnade mich an!


6. Choral
Wohl mir, dass ich Jesum habe,
O wie feste halt ich ihn,
Dass er mir mein Herze labe,
Wenn ich krank und traurig bin.

Jesum hab ich, der mich liebet
Und sich mir zu eigen gibet;
Ach drum lass ich Jesum nicht,
Wenn mir gleich mein Herze bricht.

 
Zweiter Teil
 
7. Aria T
Hilf, Jesu, hilf, dass ich auch dich bekenne
In Wohl und Weh, in Freud und Leid,
Dass ich dich meinen Heiland nenne
Im Glauben und Gelassenheit,
Dass stets mein Herz von deiner Liebe brenne.
 
 
 
 
8. Recitativo A
Der höchsten Allmacht Wunderhand
Wirkt im Verborgenen der Erden.
Johannes muss mit Geist erfüllet werden,
Ihn zieht der Liebe Band
Bereits in seiner Mutter Leibe,
Dass er den Heiland kennt,
Ob er ihn gleich noch nicht
Mit seinem Munde nennt.

Er wird bewegt, er hüpft und springet,
Indem Elisabeth das Wunderwerk ausspricht,
Indem Mariae Mund der Lippen Opfer bringet.
Wenn ihr, o Gläubige, des Fleisches Schwachheit merkt
Wenn euer Herz in Liebe brennet,
Und doch der Mund den Heiland nicht bekennet,
Gott ist es, der euch kräftig stärkt,
Er will in euch des Geistes Kraft erregen,
Ja Dank und Preis auf eure Zunge legen.


 
9. Aria B
Ich will von Jesu Wundern singen
Und ihm der Lippen Opfer bringen,
Er wird nach seiner Liebe Bund
Das schwache Fleisch, den irischen Mund
Durch heilges Feuer kräftig zwingen.

   
10. Choral
Jesus bleibet meine Freude,
Meines Herzens Trost und Saft,
Jesus wehret allem Leide,
Er ist meines Lebens Kraft,
Meiner Augen Lust und Sonne,
Meiner Seele Schatz und Wonne;
Darum lass ich Jesum nicht
Aus dem Herzen und Gesicht.
 
Primera parte
 
1. Coro
Corazón y boca y actos y vida
han de dar testimonio,
sin temor ni hipocresía,
de que Cristo es Dios y Salvador.
 
Recitativo T
¡Bendita boca!
María reveló la parte más íntima de su alma
por medio de agradecimientos y plegarias;
empezó por narrarse a sí misma
el milagro que el Salvador,
obró en ella, su sierva.
 
¡Oh, raza humana,
esclava de Satanás y del pecado,
te ha liberado
la consoladora aparición de Cristo
de esta carga y esta servidumbre!
Empero, tu boca y tu terco espíritu
rechazan, niegan tal bondad;
¡has de saber, pues, que según las escrituras
un juicio implacable te espera!
 
3. Aria A
No te avergüences, oh alma,
de reconocer a tu Salvador,
que siempre te llame suyo
en presencia del Padre!
 
Pues quien en esta tierra
no dude en negarle
no será negado por Él
cuando se acerque a la gloria.
 
4. Recitativo B
La obstinación deslumbrará a los poderosos
hasta que el brazo del Altísimo
los arroje de sus tronos;
pues este brazo se eleva,
aunque tiemble el mundo entero ante él,
por los humildes,
a quienes ha redimido.
 
Oh, cristianos bienaventurados,
levantaos, estad listos,
el tiempo gozoso ha llegado,
hoy es el día de la salvación:
el Redentor os llama
para armar cuerpo y alma
con los dones de la fe,
Levantaos, llamadle con ferviente anhelo,
para abrazarle en la fe!
 
5. Aria S
Prepara, Jesús, ahora el camino para Ti,
Salvador mío, elige
las almas fieles
y mírame con ojos misericordiosos!
 
 
6. Coral
Feliz soy, pues tengo a Jesús,
oh, con qué fuerza me aferro a Él
para que consuele mi corazón
cuando estoy débil y triste.
 
Tengo a Jesús, que me ama
y se me entrega como algo mío;
ah, así, no quiero abandonar a Jesús
aunque mi corazón se rompa.
 
 
Segunda parte 
 
7. Aria T
Ayúdame, Jesús, ayúdame
para que también pueda reconocerte
en la prosperidad y la aflicción,
en la alegría y la tristeza,
para que pueda llamarte mi Salvador
en la fe y el sosiego,
para que mi corazón siempre pueda
arder con tu amor.
 
 8. Recitativo A
La mano del Todopoderoso
toca los misterios de la tierra.
Juan hubo de llenarse del espíritu,
el lazo del amor le llevó,
ya en el vientre de su madre
a conocer al Salvador
aunque todavía con su boca
no podía nombrarle.
 
Se movió, brincó, se agitó,
mientras Isabel contaba el milagro,
mientras la boca de María hacía la ofrenda de sus labios.
Si vosotros, creyentes,
notáis la debilidad de la carne,
si vuestros corazones arden de amor
y aun así vuestras bocas
no proclaman al Salvador,
entonces es Dios quien con su poder
os dará fuerzas,
hará surgir el poder del espíritu en vosotros,
sí, gracias y alabanzas
saldrán de vuestras lenguas.
 
 9. Aria B
Cantaré los milagros de Jesús
y le haré la ofrenda de mis labios,
por su pacto de amor
dará a la débil carne, a la boca terrenal,
mediante la Llama Sagrada, fuerza.
 
 
 10. Coral
Jesús sigue siendo mi alegría,
consuelo y savia de mi corazón,
Jesús me defiende de toda pena,
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y el prodigio de mi alma;
por eso no quiero a Jesús
fuera de mi corazón y mi vista.