Reparto: Julia
Mígenes, Plácido Domingo, Ruggero Raimondi, Faith Esham, François Le Roux,
John-Paul Bogart, Susan Daniel, Lillian Watson, Jean-Philippe Lafont.
Productora: Coproducción
Francia-Italia; Gaumont International / Opera Film Produzione / Production
Marcel Dassault.
Sinopsis
Una de las más populares
versiones filmadas de Carmen, la obra maestra de Bizet inspirada a su vez en la
novela de Prosper Mérimée. En una España invadida por las tropas napoleónicas,
un soldado francés llamado José se enamora de la bella y temperamental gitana
Carmen, pero ella no le corresponde del todo.
Premios
1984:
Premios David di Donatello: 6 premios, incluyendo Mejor película.
1984:
Globos de oro: Nominada Mejor película extranjera.
1984:
Premios César: Mejor Sonido. 7 nominaciones incluyendo Mejor película.
1985: BAFTA: Nominada Mejor
película en habla no inglesa y sonido.
La España tópica es el escenario
que Georges Bizet (París 1838-1875) eligió para Carmen, su última ópera, basada en una novela de viajes de Prospère
Mérimée, a partir de la cual Henry Meilhac y Ludovic Halévy elaboraron un
magnífico libreto escrito en francés.
El estreno de esta obra tuvo
lugar en la Ópera Cómica de París, el 3 de marzo de 1875, constituyendo un relativo
y frío éxito, aunque después fueron treinta y siete las representaciones que siguieron al
estreno.
Carmen pertenece al género de la opéra comique francesa, en la cual,
arias, dúos y coros están entrelazados con diálogos hablados, algo similar a
lo que sucede en el singspiel.
Meses después del fallecimiento del autor, se montó la primera producción
vienesa (octubre de 1875), para la cual se tradujo el libreto al alemán.
Además, Ernest Guiraud, amigo de Bizet, sustituyó los diálogos por recitativos
y suprimió parte del texto, alterando incluso la instrumentación. También
interpoló un ballet, dando a la ópera un giro hacia la grand opéra, con mayor peso emocional. Sin embargo, esta
transformación no logró desbancar a la versión original.
Sinopsis
Acto I
Sevilla, alrededor del 1820
En la plaza de la ciudad. A la
izquierda el regimiento de Dragones de Alcalá, a la derecha la puerta de la Real Fábrica de
Tabacos. Una chica se acerca buscando a un cabo llamado don José. Los
guardias le informan que vendrá en el próximo turno de guardia. Ella dice que
volverá más tarde. En una rápida marcha, el cambio de guardia se realiza,
liderado por Morales y don José. Por la descripción que le habían dado, José llega
a la conclusión de que la chica era Micaela. Es hora de trabajo en la fábrica,
y las chicas empiezan a caminar, a reírse y a hablar y coquetear con los
soldados. Carmen, una melancólica, delgada, y atractiva gitana canta una de las
mejores arias de entrada de toda la ópera francesa, la habanera: “L´amour est
un oiseau rebelle” (el amor es un ave rebelde). Carmen baila alrededor de don José, tratando de llamar su atención; luego le arroja una flor y con una
sonrisa corre dentro de la fábrica, seguida por otras mujeres. Don José toma la
flor y la guarda en su casaca, cerca de su corazón. Regresa Micaela, que viene de su pueblo natal y le trae recuerdos de
su madre. De repente se oyen gritos provenientes de la fábrica. Carmen ha
apuñalado a otra mujer en una pelea. De mal humor, Carmen se burla de las
preguntas del teniente Zúñiga que, enfurecido, ordena que la esposen mientras prepara
los papeles para su encarcelamiento. Zúñiga la deja a solas con don José que la
custodia. Ella lo desarma con promesas de amor. Al decirle Carmen que se
encontrarán en la taberna de Lillas Pastia, él afloja sus esposas. Carmen escapa,
pero don José va a prisión.
Acto II
La taberna de Lillas Pastia Han
pasado varios meses. Zúñiga le dice a Carmen que el encarcelamiento de don José
termina precisamenteese día. Llega el torero Escamillo que ovacionado por el público canta los
couplets del toreador, “Votre toast
je peux vous le rendre” (para tu salud yo tomo con placer). Escamillo queda
prendado de Carmen, pero ella todavía tiene a don José en su mente. Se hace tarde tarde. El Dancairo y El Remendado quieren contar con Carmen,
Frasquita y Mercedes para ayudar a escapar a los contrabandistas esa noche; pretenden que
usen sus encantos para distraer a la patrulla de sus tareas. Carmen no se quiere ir con ellos. Prefiere esperar a don José. Los contrabandistas le dicen que tal vez el cabo
quiera unirse al plan. Llega don José. Carmen baila para él, pero desde el cuartel suena
la trompeta con el toque de retreta. Don José está obligado a volver. Carmen le
acusa de preferir sus obligaciones a su amor por ella. Él extrae de su camisa la
flor que ella le había dado y le declara su amor en la Canción de la Flor “La fleur
que tu m´avais jetée” (la flor que me arrojaste). Vuelve Zúñiga, esperando
encontrar a Carmen a solas. Èl y don José discuten muy seriamente y después sacan
las espadas. Los contrabandistas interrumpen el enfrentamiento y se llevan a Zúñiga como
prisionero. Ya que se ha insubordinado frente a su teniente, don José no tiene
más remedio que seguir a Carmen y sus amigos contrabandistas.
Acto III
Un camino pedregoso en la
montaña Los contrabandistas esperan el momento para pasar su contrabando
a través de la frontera. Entre don José y Carmen las cosas están muy tensas. Él
está preocupado por su madre y Carmen le manda despectivamente a visitarla. Frasquita y
Mercedes están echando las cartas. Carmen las echa a continuación y el
resultado es que predicen su muerte y la de él. Los contrabandistas están
listos. Don José hace guardia sobre unas rocas. En medio de la actividad de
contrabando, aparece Micaela que canta una conmovedora aria, “Je dis
que rien ne m´epouvante” (No tengo ningún miedo). Al no poder convencer a don José
de regresar a su casa, ella se marcha. Se escucha un disparo. Don José ha fallado
el tiro sobre un intruso que resulta ser Escamillo. Molesto al saber que el
torero ha venido por Carmen, don José lo reta a un duelo con navajas. Los
contrabandistas vuelven y los separan. Regresa Micaela que le dice a José que su
madre está muy enferma. En la distancia se escucha a Escamillo cantar de forma desafiante.
Micaela y don José se marchan juntos.
Acto IV
Una plaza de toros en Sevilla.
Escamillo llega con Carmen de su brazo a la plaza donde va a torear. Ella no entra al espectáculo, se aparta a un lado para
esperar a otras amigas. Una mujer le advierte a Carmen que don José está oculto
entre la multitud. Carmen le contesta sin miedo, “no soy cobarde”. Don José da
un paso adelante, demacrado, desesperado y le suplica que regrese con él. Carmen le responde que ama a Escamillo. Don José le asesta una puñalada y Carmen muere
justo cuando en el interior de la plaza la multitud canta el triunfo del
torero. Don José se entrega a la policía, abrazando el cuerpo sin vida de su
amada.
Concierto de Gala en Dresde (2000) Staatskapelle Dresden
Giuseppe Sinopoli, director
Carmen es una opéra comique francesa en cuatro actos
con música de Georges Bizet y libreto en francés de Ludovic Halévy y Henri
Meilhac, basado en la novela Carmen
de Prosper Mérimée, publicada por vez primera en 1845, la cual a su vez
posiblemente estuviera influida por el poema narrativo Los gitanos (1824) de Aleksander Pushkin. Mérimée había leído el
poema en ruso en 1840 y lo tradujo al francés en 1852.
La ópera se estrenó en la Opéra-Comique de París el 3 de
marzo de 1875, pero fue recibida negativamente por la mayoría de los críticos.
Estuvo a punto de ser retirada tras su cuarta o quinta representación, aunque al
final llegaría a las 48 representaciones en su primera temporada.
Bizet murió de un ataque al corazón, a los 36 años de edad,
el 3 de junio de 1875, sin llegar a saber nunca lo popular que iba a ser Carmen. En octubre de 1875 fue presentada
en Viena, con gran éxito de público y crítica, lo que marcó el inicio de su
popularidad mundial.
El preludio del Acto IV retrata a Sevilla en un día de
fiesta frente a la plaza de toros. El pueblo canta el jubiloso coro Les voici! Voici la quadrille a la entrada
de los toreros. Después viene Escamillo acompañado de Carmen.
“Carmen”es una opéra comique en
cuatro actos con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy basado en la novela
de Prosper Mérimée. Su música es de Georges Bizet. Fue estrenada el 2 de marzo
de 1875 en la Opéra-Comique de París.
Cuando Prosper Mérimée dio al
mundo en 1845 el mito de Carmen la gitana, se convirtió de inmediato en la
femme fatale, la mujer independiente que rompe todas las barreras impuestas
por los hombres, el verso suelto que pone en peligro las normas de una sociedad
burguesa y patriarcal. Carmen, obrera, marginal, seductora, vive y ama como
quiere, y está abocada a la tragedia por su radical sentido de la libertad. El
oficial Don José está obsesionado con ella. Ha confundido la promesa de una
noche de amor con un juramento de amor eterno. Por ella se adentrará en un
violento mundo sin ley.
Según Bizet, “Carmen” no es sino la otra cara de “Tristán e
Isolda” de Richard Wagner. Frente al amor metafísico y eterno entre ambos
enamorados en el drama wagneriano, se opone el amor efímero y las ansias de libertad
e independencia de Carmen. También en lo musical, frente al cromatismo
wagneriano, tenemos una ópera mucho más accesible, llena de tópicos
españolizantes, con música recogida de fuentes españolas, (la melodía de la
famosa habanera está extraída de la de Sebastián Iradier, un compositor español
de la misma época).
El éxito de “Carmen” no fue arrollador desde el primer
momento. Bizet no lo pudo ver, porque murió pocos meses después del estreno de
la obra. Sin embargo, a pesar del éxito que acompañó a las representaciones
inmediatamente siguientes al estreno, en versión posterior a la original, no se
respetaban lasindicaciones de Bizet con
respecto a esta obra.
En “Carmen” originalmente no hay recitativos. En teoría, su
estructura es la de una “ópera cómica”, (aunque como veremos desde el punto de
vista argumental no lo es, en absoluto), y tiene partes habladas. Sin embargo,
para el estreno vienés, en 1880,Ernest
Giraud compuso recitativos cantados para sustituir algunas de las partes
habladas, costumbre que hasta hace poco se había mantenido.
Sinopsis
argumental
Acto I
Tras el preludio
orquestal, la acción se desarrolla en una plaza de Sevilla. A un lado, está el
cuartel de los soldados; al otro lado de la plaza, está la fábrica de cigarros.
Los soldados del cuerpo de guardia matan el tiempo mirando
el paso de los transeúntes. De pronto, una mujer se dirige hacia el cuartel con
paso vacilante. Es Micaela, que pregunta por un cabo llamado Don José, y al ser
informada de que no está presente decide marcharse, a pesar de las peticiones
de los soldados de que se quede.
Tras el cambio de guardia, llega el cuerpo en el que está
Don José, junto con el teniente Zúñiga. El teniente le pregunta por la belleza
de las cigarreras de la fábrica, pero Don José afirma no preocuparse de esas
galanterías. Al ser preguntado por sus sentimientos sobre la mujer que acaba de
preguntar por él, él responde que la ama.
Entonces salen las cigarreras de la fábrica para el
descanso. Los hombres se fijan en ellas, pero todas las miradas se ven atraídas
por Carmen, la más bella de todas. Carmen, sin embargo, parece indiferente a
los requerimientos de los soldados. En su famosa habanera, compara al amor con
un niño gitano que no conoce leyes. Al terminar, lanza una flor a Don José, que
era el único que no le había hecho caso durante toda la escena.
Las cigarreras vuelven a la fábrica para seguir trabajando,
y entonces vuelve Micaela a escena. Ella lleva a Don José un mensaje de parte
de su madre, que dice que le perdona y que le espera de nuevo en el pueblo. El
cabo, muy conmovido, le pide a Micaela que se quede, pero ella no accede y
promete volver por la tarde. A su salida, Don José cree estar convencido de que
Micaela le conviene mucho más como mujer que Carmen, a la que tilda de bruja.
Sin embargo, cuando Don José iba a tirar al suelo la flor
que Carmen le dio, se produce un gran revuelo. Carmen ha provocado un incidente
en la fábrica y Don José la lleva a presencia del teniente Zúñiga. Como la
gitana no responde, Zúñiga ordena a Don José que la lleve a la cárcel. Más Don
José ya se ha enamorado de ella y a su vez ella le promete su amor. Así pues,
al llegar a la entrada de un puente, Carmen empuja a Don José que se deja
derribar. Aprovechando la confusión, la gitana consigue escapar.
Acto II
Tras otro breve preludio orquestal, el escenario muestra la
taberna de Lillas Pastia, donde Carmen y las gitanas Mercedes y Frasquita
bailan para los soldados. El teniente Zúñiga trata en vano de seducir a Carmen,
aunque sabe que ella está enamorada de Don José, que ha salido de la prisión
tras dos meses de estancia por dejar huir a Carmen. Entretanto, llega el torero
Escamillo, triunfador de las corridas en Granada, junto con su cuadrilla. Tras
entonar la famosa canción del toreador, se fija en Carmen y trata igualmente de
seducirla. Ella responde negativamente, aunque de una forma mucho más cortés
que a Zúñiga. El local se cierra y salen militares y toreros, aunque Zúñiga
promete volver.
Cuando salen los parroquianos, los contrabandistas Lillas
Pastia, el Dancaire y el Remendado empiezan a urdir planes para realizar nuevos
golpes. Para ello, necesitan contar con la ayuda de las mujeres, pues reconocen
que sin ellas nada sale bien. Frasquita y Mercedes parecen dispuestas a ir,
pero Carmen se niega. Antes tiene que estar con Don José, a quien tratará de
convencer de que les acompañe.
Don José llega a la taberna, y le declara su amor a Carmen.
La gitana empieza a bailar para él, pero entonces suena la retreta de los
soldados, que indica que Don José debe volver al cuartel. Él trata de detener a
Carmen, que lo interpreta como una debilidad de su amor hacia ella. En su aria
de la flor, Don José trata de convencerle a Carmen de que le ama, pero la
gitana dice entonces que, si realmente es así, debe seguirle con los
contrabandistas a las montañas. Don José se niega y decide marcharse.
Entonces, el teniente Zúñiga entra en la taberna, y ve a Don
José. Los dos militares pelean, hasta que los contrabandistas les separan y
Zúñiga se marcha libre. Obligado a desertar, Don José sigue a Carmen y a los
contrabandistas a las montañas.
Acto III
Tras otro preludio, la escena muestra un desfiladero en las
montañas de Andalucía. Don José, nada cómodo en su trabajo con los
contrabandistas, trata de convencer a Carmen de que le acompañe al pueblo con
su madre, pero ella rechaza la propuesta. A cambio, le dice que él debe
marcharse y separarse de ella: el oficio de contrabandista no está pensado para
alguien como Don José. Las gitanas leen en las cartas el futuro. A Frasquita le
deparan riquezas, a Mercedes amor y a Carmen la muerte. Carmen intenta varias
veces más barajar las cartas y probar de nuevo, pero siempre se le predice la
muerte.
Los contrabandistas empiezan a planear un nuevo golpe. Las
gitanas deben ir por delante y conquistar a los aduaneros, de manera que los
hombres puedan pasar las mercancías. Don José debe vigilar que nadie les
aceche. Todos salen de escena para preparar el golpe.
Micaela llega al campamento de los contrabandistas, con el
ánimo de rescatar de entre ellos a don José. En su famosa aria canta sus
temores y se encomienda al Señor para que le proteja en su difícil misión.
De repente, llega Escamillo, que ha salido indemne de un
tiro de Don José. Ambos se reconocen, y se saludan con cierta cordialidad. Sin
embargo, cuando Escamillo revela que ama a Carmen, Don José responde
airadamente y ambos hombres se retan a duelo. Cuando Don José está a punto de
abatir a su enemigo, Carmen le detiene el brazo. Escamillo sale de escena, no
sin antes invitar a Carmen a que vaya a verle torear en Sevilla, en donde
espera triunfar.
Entonces, Micaela anuncia a Don José que su madre está a
punto de morir. Carmen insiste en que Don José debe irse con Micaela pero Don
José, que sabe que ahora Carmen ama a Escamillo, le amenaza con volver a
Sevilla para reencontrarsecon ella. El
torero Escamillo, entre tanto, sigue alegremente su camino hacia la ciudad.
Acto IV
Un último preludio orquestal da paso a la escena, en el
exterior de la plaza de toros de Sevilla. El teniente Zúñiga y el cabo Morales
acuden a la corrida de toros con Frasquita y Mercedes, las gitanas. Compran
abanicos y gemelos en los puestos allí instalados. En honor de multitudes,
aparecen las cuadrillas de los toreros, y Escamillo en último lugar es objeto
de las mayores alabanzas. Antes de comenzar el festejo, Escamillo tiene un
pequeño dúo de amor con Carmen, en el que ambos reafirman sus sentimientos.
Frasquita y Mercedes piden a Carmen que entre en la plaza, porque han visto a
Don José esperándole, pero la gitana no sigue sus consejos y se queda sola con
su antiguo amado.
Él trata de convencerle de que le acompañe a su pueblo, pero
Carmen no cede: ahora ama a Escamillo, que es aclamado por su actuación en la
corrida. Carmen devuelve a Don José el anillo que él le dio como señal de amor
eterno, y mientras en la plaza siguen las aclamaciones al torero Escamillo, Don
José apuñala a Carmen, que cae muerta. La multitud sale de la corrida de toros,
y Don José se entrega a los soldados.
¿Dónde estaba la magia de la Callas? Zeffirelli que la
dirigiera escénicamente en un total de cinco producciones ha dado su punto de
vista sobre este enigma. Son extractos algo extensos pero creemos que no tienen
desperdicio. Están recogidos en el estupendo libro Callas de John Ardoin
y Gerald Fitzgerald (Londres, 1974). Habla Zeffirelli:
“La
magia de la Callas es una cualidad que tienen pocos artistas, algo especial,
diferente. Hay muchos artistas muy buenos, pero muy pocos que tengan este sexto
sentido, esa cualidad extraordinaria. Es algo que los eleva de la tierra y los
transforma en semidioses. La Callas la tenía. Cuando María sube a un escenario
o empieza a hablar de su trabajo o se pone a tararear una melodía,
inmediatamente adquiere esta cualidad adicional. Para mí María es siempre un
milagro. No se la puede comprender ni explicar. María puede girar de la nada al
todo, de la tierra al cielo. ¿Qué es lo que tiene esta mujer? No lo sé, pero
cuando se realiza el milagro, María es un nuevo ente, es como si poseyera una
nueva alma”.
Zeffirelli seguidamente trae a la memoria las míticas representaciones de Lucia
en la Scala en las que Karajan dirigía musical y escénicamente. Habla
Zeffirelli:
“Karajan no intentó dirigirla. Se limitó a disponer todo en
torno a ella. La Callas representó la escena de la locura con un foco como una
bailarina sobre fondo negro, y nada más. Karajan deseaba que todo en ella fuera
música, música total. Era lo mejor que se podía hacer con la Callas. Creo que
fue el único que supo comprenderlo. Estaba formidable con su media sonrisa, sus
ojos y su boca. Era música viva, la ilustración perfecta de la música. Ningún
director se lo había enseñado, era un don innato, la forma de crear el gesto
exacto, el momento para hacer el movimiento preciso.”
Es imposible resumir o comentar todo lo que se ha escrito de
ella, porque también como su protagonista, todo lo dicho resulta excesivo. Su
paso por el mundo de la música se podría catalogar de fulgurante y también de
fugaz. Pocos fueron los años de plenitud, aunque éstos fueron extraordinarios,
luego vino el declive y el silencio. Un silencio que a todos los aficionados
les pareció tan prematuro como ineludible. María Callas lo había dado todo en
su corta carrera, que la consagró a principios de los años 50 y prácticamente
cesó en los 60: aunque siguió dando conciertos y recitales, ya se resentía su
voz y, poco a poco, ese maravilloso instrumento fue apagándose.
La Opéra Comique le había encargado a Georges Bizet una
ópera en cuya colaboración se había propuesto a los libretistas Henri Milhac y
Ludovic Halévy, la firma conjunta más afamada de París en lo que a libretos se
refería. Si se quiere hacer, en realidad, honor a la verdad, era Bizet el que
colaboraba con los libretistas, que lo sobrepasaban con creces en fama y
renombre. La especialidad de la dupla era la opereta clásica, género donde su
firma era sinónimo de éxito asegurado.
Se definió como texto base Carmen, la novela de Prosper Merimée. Se cree que, en un principio,
la propuesta realizada a Bizet sería para componer una obra de corte
humorístico, como lo demuestra su correspondencia de la época. Sin embargo,
habrá que asumir que desde el momento mismo de la elección de la fuente
literaria esto quedó definitivamente en el olvido y que la ópera bufa pasó
rápidamente al ámbito del drama lírico (la denominación de “ópera realista” no
se forjaría hasta tiempo después).
La obra de Merimée, escrita en primera persona, habla de la
supuesta confesión que le hiciera un ex soldado condenado a muerte al autor la
víspera de su ejecución. Oriundo de las altas tierras de Navarra, el militar,
de nombre José Lizarrabengoa, había pertenecido a una familia acomodada y, en
virtud de su profesión, se había trasladado a Andalucía, donde fue destinado.
Su escasa experiencia, sobre todo en temas de faldas, lo había envuelto en un
acto de insubordinación al dejar escapar a una gitana arrestada por un hecho
menor. A partir de ese momento todo se precipitó en su vida, pasando a ser, de
un garante de la ley, a ladrón, contrabandista y asesino de su amante, cargo
por el que ahora enfrentaba este terrible destino.
No se sabe a ciencia cierta el origen del relato, pero se
especula acerca de la posibilidad de que sea verídico. Así lo da a entender el
propio autor, que asegura haberse encontrado con Don José (el “Don” indica que
el personaje en cuestión pertenecía a la pequeña nobleza de su tierra natal) en
una serie de ocasiones anteriores a la noche de la confesión final. Se sabe,
sí, que Merimée tomó contacto con la historia por primera vez de boca de la
condesa María Manuela de Montijo, de cuyas hijas fuera maestro de francés
durante su estadía en España, promediando la década de 1830. Eugenia de
Montijo, una de sus pupilas, llegaría a convertirse en la esposa de Napoleón
III y, por ende, en emperatriz de Francia.
Ciertamente, el texto de Merimée no trata muy amablemente a
las mujeres en general y menos al personaje de Carmen, a quien describe como
bruja, ladrona y prostituta. Sin embargo, dedica grandes párrafos a describir
su exótica belleza, razón más que suficiente para embrujar completamente a
cualquier hombre y explicación lógica de la completa pérdida del juicio sufrida
por Don José, que fue sometido a cambio de migajas de amor a total servidumbre.
Comprenderá el lector que la temática del texto, que se basa
fundamentalmente en la violencia y el erotismo, era bastante poco ortodoxo para
la época. Sin embargo, se justifica el atractivo que generó en los productores
de la obra poner sobre la escena un drama de tal intensidad, condimentado por
el elemento español, fuente de exotismo y de todo tipo de fantasías por parte
del público del resto de Europa (recuérdese el “Aria del catálogo” de Don
Giovanni).
Meilhac y Halévy tenían una opinión muy distinta del
personaje central que proponían para su libreto. Las características
superficiales de Carmen no habían cambiado grandemente (seguía siendo una
gitana extremadamente atractiva que embrujaba y enamoraba a cuanto hombre se le
presentara), aun cuando los libretistas le concedieron una serie de dotes
impensadas para Merimée. Lo anterior, pues Carmen, la de la ópera, es
inteligente, audaz y, por sobre todo, muy fiel a sus principios, criticables
muchos de ellos, pero completamente indispensables para ella. Una enorme
cantidad de matices pueden encontrársele a la gitana según la interpretación
que se realice, según el carácter de la cantante que la personifique. Ese hecho
genera desde hace ya más de ciento treinta años un tremendo atractivo a una
gran cantidad de mezzos, sopranos y contraltos (el papel es abordable, con
mínimas alteraciones, por las tres voces femeninas), desde primerizas a
veteranas, esbeltas y no tanto, altas, pequeñas, latinas y arias, que desean
sentir en carne propia el encanto hipnótico de personificarla.
Bizet creó, en torno a este carácter tan estremecedor, una
de las obras más violentas y, a la vez, más bellas de toda la historia de la
ópera, que conoce de admiradores y seguidores incondicionales en todos los
rincones del mundo. Lo interesante del caso es que, combinando de manera
magistral los elementos con los que todo músico contaba en su tiempo, y con
algo de mentalidad empresarial, el compositor escribió la que pareciera ser una
ópera absolutamente revolucionaria para la época pero que, ciertamente, en el
aspecto técnico al menos, dista grandemente de serlo. Quizás el único pecado de
Bizet fue escribir una partitura tan seductora y el de Carmen, el haberse vuelto tan famosa. A pesar de ello, la partitura
sigue generando especial entusiasmo, no solamente entre el público que acude a
apreciarla en masa, sino también entre los músicos que deben interpretarla.
Carmen se estrenó en la Opéra-Comique de París el 3 de marzo de 1875, pero fue criticada por la mayoría de la prensa. Estuvo a punto de ser retirada después de su cuarta o quinta representación, lo que finalmente se evitó. Al cabo, la ópera llegó a las 48 representaciones en su primera temporada, lo que hizo poco para incrementar los decaídos ingresos de la Opéra-Comique. Cerca del final de su temporada, el teatro regalaba entradas para aumentar la audiencia. Bizet murió de un ataque al corazón el 3 de junio de 1875, a los 36 años de edad, sin llegar a saber nunca cuán popular iba a ser Carmen. En octubre de 1875 la ópera fue producida en Viena, con éxito de público y crítica, lo que marcó el inicio de su popularidad mundial. No se representó de nuevo en la Opéra-Comique hasta 1883.