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lunes, 15 de diciembre de 2014

A. Ginastera: Malambo de la Suite Estancia

Orquesta Simón Bolívar
Gustavo Dudamel, director
 
El malambo es una danza folclórica tradicional argentina, perteneciente a la llamada música surera o sureña. Nació en las soledades pampeanas allá por el año 1600. Dentro de los bailes folclóricos argentinos, es una excepción que carece de letra; la música de un Bombo legüero y las guitarras acompañan a esta danza ejecutada, únicamente, por hombres.
Una serie de estos movimientos combinados recibe el nombre de «mudanza» o «zapateo», y la conjunción de éstos constituye al malambo en sí.
No hay reglas para realizar un zapateo. Cada una de las combinaciones de los movimientos básicos es única y depende de la originalidad del gaucho que lo ejecute. Puede variar el orden, la posición, la coordinación con la música y la postura del cuerpo, ya que si bien es una danza constituida casi exclusivamente por los movimientos de los pies y las piernas, la postura del cuerpo es muy importante, tanto a efectos de equilibrio como de imagen.
Los zapateos se separan unas de otros mediante un golpe de pies llamado «repique» que contiene un sonido rápido y particular que indica el término de un zapateo y el comienzo de otro.
Cada zapateo se realiza con «ida» y «vuelta», lo que quiere decir que cuando termina un zapateo debe repetirse nuevamente pero con la particularidad de que esta vez cada golpe será realizado con un pie distinto a la primera vez. También se dice realizar el zapateo con el pie izquierdo y luego con el pie derecho.
Alberto Ginastera, considerado el músico argentino más importante del siglo XX, estrenó el año 1943 en Buenos Aires su suite orquestal Estancia, fruto del encargo que le hiciera en 1941 el norteamericano Lincoln Kirstein para un ballet que no llegaría a estrenarse hasta 1952 en Nueva York. Está basado en la epopeya Martín Fierro de José Hernández, donde se describe de forma genial la vida nómada de los gauchos en la pampa. Las cuatro partes de la obra se corresponden a los momentos principales del día enmarcados por la danza del malambo, que se encuentra tanto al principio como en el episodio final, todo un portento de energía en una especie de furiosa tocata protagonizada por una ampliada percusión.

A. Ginastera: Suite Estancia, op. 8a

São Paulo Symphony Orchestra
Marin Alsop , director
 
 I. Los trabajadores agrícolas
II. Danza del trigo
III. Los peones de la hacienda
IV. Malambo
La obra más conocida y más interpretada de Ginastera es la Suite “Estancia”, op. 8a, nacida a partir de una obra mayor, el ballet Estancia, pero popularizada mucho antes del estreno del ballet completo. Se inscribe en el segundo período de la obra de Ginastera, el del nacionalismo subjetivo, y muestra la influencia de Aaron Copland, así como de Igor Stravinski.
En 1941, tras el éxito obtenido por Ginastera gracias a su ballet Panambí, op.1, que compuso durante sus años de formación en el Conservatorio Williams, Lincoln Kirstein, director de la compañía de ballet Caravan aprovecha una gira por Argentina para encargarle la composición de un ballet de temática gauchesca. Dos años después, la compañía Caravan se deshace, por lo que el ballet Estancia no encuentra quien lo estrene hasta 1952. Ginastera decide utilizar cuatro de sus números para crear una suite orquestal que se estrena en 1943 y obtiene un tremendo éxito, situándole como el compositor latinoamericano más valorado por público y crítica.
El ballet Estancia, del que se extrae la suite, está libremente basado en la epopeya nacional argentina Martín Fierro, de José Hernández, que describe la vida de los gauchos en la pampa en términos heroicos. En el ballet, un muchacho de ciudad llega a la pampa y tiene que dominar todas las habilidades atléticas de los gauchos para ganar el amor de una bella ranchera.
El primer movimiento de la suite Estancia lleva por título “Los trabajadores agrícolas” y representa a los rudos gauchos que empiezan su jornada de trabajo, claramente caracterizados por un ritmo agresivo e incesante, marcado por una fiera y amplia batería de percusionistas.
El segundo movimiento, “Danza del trigo”, es un interludio más tranquilo, lírico e incluso sensual, en el que la melodía es introducida suavemente por la flauta y retomada por los violines.
El tercer y más corto movimiento, “Los peones de hacienda”, vuelve a traernos los ritmos obsesivos y la percusión hipertrofiada usada para describir a los gauchos, rudos y viriles.
La “Danza final (Malambo)”, una muestra de la exuberancia musical y rítmica del folklore argentino, tiene una característica estructura rítmica de seis compases de seis por ocho, divididos en dos grupos de tres. En este movimiento se representa una competición de baile entre los gauchos en la que gana el último que consigue mantenerse en pie. El resultado es una explosión de energía cinética, con un ritmo ostinato que va creciendo en intensidad, complejidad y tempo.

A. Ginastera: Variaciones concertantes, op. 23

 
JOVEN ORQUESTA NACIONAL DE ESPAÑA (JONDE)
José Luis Estellés, director
 
I. Tema para violoncello y arpa
II. Interludio para cuerdas
III. Variación humorística para flauta
IV. Variación scherzo para clarinete
V. Variación dramática para viola
VI. Variación canónica para oboe y fagot
VII. Variación rítmica para trompeta y trombón
VIII. Movimiento perpetuo para violín
IX. Variación pastoral para trompa
X. Interludio para vientos
XI. Reprise para contrabajo
XII. Variación rondó-final para orquesta
Las Variaciones Concertantes de Alberto Ginastera fueron compuestas en el año de 1953 y dedicadas a Leonor H. Caraballo y a Ígor Markevitch. Representan sin duda la culminación orquestal del compositor. El estreno se realizó en la Asociación de Amigos de la Música de Buenos Aires (institución que hizo el encargo) el 2 de junio del mismo año. Markevitch la eligió como obra impuesta para su curso de dirección de orquesta que ofreció en Salzburgo al año siguiente.
El Círculo de Críticos Musicales de Buenos Aires y la Revista Polifonía la eligieron como la mejor obra estrenada en 1953, recibió además el premio Cinzano Bicentenario en 1957.
De esta obra existen cuatro versiones coreográficas: Tender Night, estrenada en Nueva York en 1960, Estaciones Concertantes, estrenada en Buenos Aires en 1960, Surazo, estrenada en Santiago de Chile en 1961 y Le Chapeau, estrenada en Burdeos en 1965.
Las Variaciones Concertantes consisten en un tema tocado por el violonchelo y el arpa. Cada una de las variaciones que siguen está destinada a destacar las posibilidades y la belleza tonal de un instrumento solista diferente. También hay dos Interludios, uno escrito para las cuerdas y otro para los vientos. Cada variación tiene un carácter diferente asociado por el compositor con el instrumento utilizado: “alegre” para flauta, “dramática” para viola, “pastoral"...