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lunes, 28 de enero de 2013

François Couperin: "La Visionaire", del Ordre XXV


Rebecca Pechefsky, clavecín
Es notable que en Francia, donde se creó la primera orquesta formada por violines, no se compusiera excesiva música para este instrumento. La causa era que los violines eran usados sólo para las danzas y la música de escena.
La verdadera música instrumental se hace con el laúd o, sobre todo, con el clavecín. Los clavecinistas suelen ser también organistas, y a veces utilizan la misma técnica para uno u otro instrumento.
El clavecín francés no es ya el pequeño instrumento de antaño —la espineta, el virginal—, sino un gran aparato de dos teclados, varios registros para obtener sonidos diferentes, etc. En resumen, un instrumento de gran virtuosismo.
Los clavecinistas están muy influidos por el mundo de la danza. Practican numerosos adornos que sobrecargan la melodía, y dotan de frecuentes títulos literarios a sus piezas, lo cual trae como consecuencia cierto descriptivismo, muy estilizado.
François Couperin (1668-1733) fue el más importante de los clavecinistas franceses. Sus contemporáneos le llamaron «el grande». Como Bach, es miembro de una gran familia de músicos que llega hasta el siglo XIX.
Compuso cuatro grandes libros de piezas para clavecín, ordenadas en series (órdenes), y tituladas con bastante fantasía. Pero su contenido es de extraordinaria calidad.
A pesar de su espíritu tan francés, Couperin intenta unir el «gusto italiano» con el de su país. Suele ser más conciso que los italianos, y muy sobrio y elegante.
Organista del rey, fue un gran virtuoso del teclado y muy admirado en su tiempo. Compuso también música vocal religiosa, como sus muy esplendidas Lecciones de Tinieblas, y escribió libros didácticos sobre su instrumento.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Domenico Scarlatti: Sonata para teclado K 209


Scott Ross toca la Sonata de  Scarlatti K209 en Le château de Maisons-Laffitte (1988)
Clave: David Ley


Domenico Scarlatti nació en Nápoles, el 26 de octubre de 1685, y falleció en Madrid, el 23 de julio de 1757. Su padre, el célebre músico Alessandro Scarlatti, fue quien dirigió su formación musical. En 1701 entró en la Capilla Real de Nápoles (en la que su padre era maestro) como organista y compositor. A la manera de la época, se inició con la composición de óperas y música religiosa. En 1705 viajó a Venecia, donde entró en contacto con Haendel, Vivaldi y Gasparini.
En 1707 se encontraba en Roma como ayudante de su padre en Santa María la Mayor. En dicha ciudad también se dedicó a la dirección de orquesta y a la composición de óperas. Asimismo, ocupó el cargo de maestro de la viuda reina de Polonia María Casimira desde 1711 hasta 1714, año en el que comenzó a servir al embajador portugués en el Vaticano, el Marqués de Fontes. En Roma, Scarlatti frecuentó las reuniones de la Accademia dell´Arcadia, convocadas por el cardenal Pietro Ottoboni, en las que se interpretaba música de cámara.
En 1720 se produjo un cambio radical en su trayectoria, cuando marchó a Portugal y España. En el primer país fue maestro de capilla y clavecinista de la corte del rey portugués en Lisboa (1721-1729) y dio clases de clavecín a la infanta María Bárbara, a la que siguió a España tras su matrimonio con Fernando VI, heredero del trono. Vivió hasta su muerte en la corte de Madrid, donde su música le puso en contacto con la aristocracia. Tras su marcha de Italia se consagró a la música para teclado y llegó a crear quinientas cincuenta sonatas, muchas de ellas reunidas en una colección llamada "Essercizi per gravicembalo". Estas piezas fueron copiadas a mano y llevadas a Italia por el castrato Carlo Broschi, “Farinelli”. Las sonatas también despertaron interés en un amigo de Scarlatti, el compositor inglés Thomas Roseingrave, que al regresar a Londres en 1739 publicó allí la primera edición de estas piezas y contribuyó a popularizar la obra del músico italiano en Gran Bretaña.
Scarlatti contrajo matrimonio dos veces, en 1728 y en 1729. Fruto de ambos matrimonios fueron sus nueve hijos. En 1738, el rey Juan V de Portugal le ordenó caballero de la orden de Santiago.
Su obra sacra y sus cantatas profanas son destacables, pero la fama de Domenico Scarlatti se debe principalmente a sus sonatas para clave. Prácticamente todas, salvo algunas excepciones, están escritas en un solo movimiento y en forma binaria. En sus obras intentó romper todas las normas, mostrándose dispuesto a nuevas experiencias armónicas, aunque son identificables esquemas rítmicos del minueto, alemanda, zarabanda, courante y giga. En ellas aparecen experimentos como el cruce de manos, la repetición de notas rápidas y muchos otros efectos novedosos.
Su obra para teclado supuso una gran influencia en la música de compositores ibéricos como el portugués Carlos de Seixas y el español Antonio Soler.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Domenico Scarlatti: Sonata para teclado K 209

Scott Ross, clave

Domenico Scarlatti nació en Nápoles. Estudió con su padre, Alessandro Scarlatti, y posteriormente con el compositor italiano Francesco Gasparini. Scarlatti se dio a conocer al revisar la ópera del compositor italiano Carlo Francesco Pollarolo Irene (1704). En los años siguientes Scarlatti vivió en Roma, Nápoles y Lisboa y realizó giras de conciertos como solista por Europa. En 1728, la infanta de Portugal María Bárbara contrajo matrimonio con el futuro rey de España Fernando VI. Scarlatti la acompañó y se instaló en la corte española en Madrid, ciudad donde permanecería hasta el final de su vida.
Scarlatti ejerció una influencia decisiva en la evolución de la técnica de teclado que fue pilar básico en la composición para ese tipo de instrumento; él fue el primer compositor que utilizó recursos como los arpegios, la repetición rápida de una misma nota y el cruce de las manos. Sus sonatas para teclado son todas piezas breves. De ellas se conservan más de 550, muchas con un inconfundible aire español y en su mayoría dedicadas a la infanta María Bárbara. Scarlatti también compuso varias óperas, música religiosa y obras instrumentales, y su influencia se dejó sentir en compositores como Antonio Soler.


Al igual que la palabra “cantata” hacía referencia a  una composición para canto solista y bajo continuo, en el Barroco la palabra “sonata” indicaba una composición para uno o dos instrumentos de cuerda o viento (violín, flauta travesera, oboe...) y bajo continuo, dividida en tres o cuatro movimientos de carácter contrastante, habitualmente allegro-adagio-allegro (sonata da camera) o adagio-allegro-adagio-allegro (sonata da chiesa). Esta forma instrumental deriva de la canzona, característica del Barroco temprano; la alternancia contrastante de movimientos sucesivos es paralela a la de la suite. Entre los más célebres autores de sonatas están Corelli, Vivaldi y Bach.

A mediados del siglo XVIII la palabra sonata designa también obras para tecla, tales como las sonatas para clave de Domenico Scarlatti, cuya forma es todavía muy distinta a la que se dará en el Clasicismo. Las sonatas de Scarlatti están basadas en dos temas, es decir son bipartitas, de tal manera que el primero está en una tonalidad y el segundo en otra. El enlace entre uno y otro se produce en el final del primero, ya que cadencia en la tonalidad del segundo. Esto será el principio de la gran sonata clásica.