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martes, 19 de julio de 2016

G. Puccini: Si, mi chiamano Mimì, aria de la soprano en el acto I de "La bohème"

Angela Gheorghiu, soprano
(Festival de Orange, 2005)

El lenguaje musical de La bohème se desliza suavemente, huye de violentas rupturas. Así el canto se transforma casi en un diálogo con música que resulta de una mezcla de sentimentalismo, erotismo y nostalgia, en un perfecto equilibrio cohesionado por numerosos motivos conductores que crean o recuerdan una atmósfera al definir un personaje o una situación. Es precisamente el empleo de estos motivos el que asegura la homogeneidad del conjunto y mantiene la unidad narrativa de la ópera.
En el primer acto Mimì y Rodolfo se conocen en el ático que el poeta comparte con Marcello, el pintor. El flechazo es inmediato, Mimì, tras perder la llave de su habitación, sopla su vela con disimulo y ambos se quedan a oscuras buscando la llave. Rodolfo, tanteando en la oscuridad, coge la fría mano de Mimì (“Che gelida manina”) y se presenta posteriormente en su aria (“Chi son? sono un poeta”) invitando a presentarse después a Mimì.El aria de la soprano tiene dos partes que se cortan en una simple pregunta de Mimì a Rodolfo. En la primera parte, Mimì comenta que se dedica a bordar y a disfrutar de la poesía con un gran lirismo (“Mi piacci on quelle cose…”). Tras el asentimiento de Rodolfo, se vuelve a desarrollar una gran belleza que va en la misma línea pero que, por momentos, la supera (“Ma quando vien lo sgelo…”).  Esa sencillez de Mimì se expresa a la perfección en una música que acompaña en la misma línea.


MIMÌ
(È un po' titubante, poi si decide
a parlare; sempre seduta.)
Sì.
Mi chiamano Mimì,
ma il mio nome è Lucia.
La storia mia è breve.
A tela o a seta
ricamo in casa e fuori...
Son tranquilla e lieta
ed è mio svago
far gigli e rose.
Mi piaccion quelle cose
che han sì dolce malìa,
che parlano d'amor,
di primavere,
che parlano di sogni
e di chimere,
quelle cose che han nome poesia...
Lei m'intende?

RODOLFO
(commosso)
Sì.

MIMÌ
Mi chiamano Mimì,
il perché non so.
Sola, mi fo il pranzo
da me stessa.
Non vado sempre a messa,
ma prego assai il Signore.
Vivo sola, soletta
là in una bianca cameretta:
guardo sui tetti e in cielo;
ma quando vien lo sgelo
il primo sole è mio
il primo bacio dell'aprile è mio!
Germoglia in un vaso una rosa...
Foglia a foglia l'aspiro:
Cosi gentile
il profumo d'un fiore!
Ma i fior ch'io faccio,
ahimè,
il fior ch'io faccio
ahimè! non hanno odore.
Altro di me non le saprei narrare.
Sono la sua vicina
che la vien fuori d'ora a importunare.
MIMÍ
(Titubea, pero se decide a hablar.
Sigue sentada)
Sí.
Me llaman Mimí,
aunque me llamo Lucia.
La historia mía es breve.
En tela o en seda bordo,
en casa y fuera.
Soy tranquila y alegre,
y me distraigo
haciendo lirios y rosas.
Me gustan las cosas
que tienen ese dulce hechizo,
que hablan de amor,
de primaveras;
que hablan de sueños,
y de quimeras,
esas cosas que llaman poesía...
¿Me entiende?

RODOLFO
(Conmovido)
Sí.

MIMÍ
Me llaman Mimí.
El por qué ... no lo sé.
Sola me hago la comida,
para mi sola.
No voy siempre a misa,
pero le rezo bastante al Señor.
Vivo sola, solita; ahí,
en una pequeña habitación blanca,
miro a los tejados y al cielo.
Y, cuando comienza el deshielo,
el primer sol es mío,
¡el primer beso de abril es mío!
Germina, plantada, una rosa,
hoja a hoja, la aspiro;
es tan delicado
el perfume de una flor...
Pero las flores que yo hago,
¡ay de mi!
las flores que yo hago... ¡ay!
no tienen olor...
De mi, nada más sabría contarle.
Soy su vecina que le viene,
a deshora, a importunar.

lunes, 18 de julio de 2016

G. Puccini: "La bohème", Che gelida manina

Jonas Kaufmann, tenor

La Bohème es una de las obras maestras de Giacomo Puccini. Ambientada en París, el día de Nochebuena de 1830, esta ópera describe la historia de amor de Mimí, una bordadora, y el poeta bohemio Rodolfo.
“Che gelida manina”, la muy popular aria del tenor interpretada en esta ocasión por Jonas Kaufmann, se desarrolla en el acto primero. Cuando los amigos de Rodolfo han decidido salir a disfrutar del ambiente de fiesta que hay en el barrio, él no les acompaña y se queda a trabajar. Alguien llama a la puerta. Es Mimí, que se ha quedado sin luz en su candela. Sale, pero regresa en seguida porque, según dice, ha perdido su llave. Las luces se apagan y tratan de buscar la llave en la oscuridad. Rodolfo la encuentra y la guarda para que la búsqueda no se detenga. Cuando sus manos tropiezan, ambos aprovechan la ocasión para contarse la historia de sus vidas. Es el momento en que Rodolfo canta su aria:

Che gelida manina, se la lasci riscaldar…
Cercar che giova? Al buio non si trova.
Ma per fortuna, è una notte di luna,
e qui la luna… l’abbiamo vicina.
Aspetti, signorina,
le dirò con due parole:
chi son? chi son!… e che faccio…
come vivo?… Vuole?
Chi son? Sono un poeta.
Che cosa faccio? Scrivo.
E come vivo? Vivo.
In porvetà mia lieta,
scialo da gran signore…
rime ed inni d’amore.
Per sogni e per chimere…
e per castelli in aria!
L’anima ho milionaria.
Talor dal mio forziere…
ruban tutti i gioelli
due ladri: gli ochhi belli.
V’entrar com voi pur ora,
ed i miei sogni usati
e i bei sogni miei tosto si dileguar!
Ma il furto non m’accora,
poichè v’ha preso stanza… la speranza!
Or che mi conoscete, parlate voi deh! parlate…
Chi siete?
Vi piaccia dir?
¡Qué mano tan fría!
Déjeme que se la caliente.
¿Para qué buscar?
En la oscuridad no se encuentra nada.
Pero, por suerte ,es una noche de luna
y aquí la luna la tenemos cerca.
(Mimi intenta retirar la mano)
Espere, señorita,
le diré en dos palabras quién soy, quién soy y qué hago, cómo vivo. ¿Quiere?
(Rodolfo deja la mano de Mimì)
¿Quién soy? ¿Quién soy? Soy un poeta.
¿Qué hago? Escribo.
¿Y cómo vivo? Vivo.
En mi alegre pobreza
derrocho como un gran señor
rimas e himnos de amor.
Por sueños y por quimeras
y por castillos en el aire
el alma tengo millonaria.
A veces, de mi cofre
roban todas las joyas
dos ladrones: sus hermosos ojos .
Entraron ahora aquí con usted
y mis acostumbrados sueños,
¡y mis bellos sueños se disiparon!
Pero el robo no me aflige,
puesto que ha tomado su lugar
la esperanza.
Ahora que me conoce
hable usted, ande, hable,
¿le gustaría decir quién es?



G. Puccini: La Bohème, "Quando m'en vo' soletta"

Anna Netrebko, soprano
Orquesta Filarmónica de San Petersburgo
Yuri Temírkanov, director

Esta aria también se conoce como el vals de Musetta. “Quando m’en vo”, se encuentra en el acto II de La Bohème, en el Café Momus, donde se reúnen Rodolfo y Mimì con Marcello y los otros bohemios. Allí aparece Musetta, antigua novia de Marcello, con su amante actual: el vejestorio Alcindoro. Como Musetta ha visto a Marcello quiere llamar su atención, cosa que no consigue, hasta que se pone a cantar su aria.
En esta escena, Puccini utiliza un recurso típico del verismo: poner música a la vida. Si se ve el acto completo se podrá observar que la música fluye del mismo modo que lo hace el tiempo, no se detiene en ningún momento. Cuando Musetta canta, el resto de los personajes no permanecen en silencio, sino que, como sucedería en la vida real, continúan con sus conversaciones. De este modo, el aria queda entremezclada con la charla de los presentes.

En el tercer acto se puede ver una escena parecida. Mientras Rodolfo y Mimì cantan un dúo de amor, Musetta y Marcello tienen una pelea, y todo sobre la misma música.

viernes, 10 de junio de 2016

G. Puccini: La bohème (Bruno Bartoletti - Franco Zefirelli)

Rodolfo - Marcelo Álvarez

Schaunard - Natale de Carolis

Benoit - Matteo Peirone
Mimi - Cristina Gallardo Domas
Marcello - Roberto Servile
Colline - G. Battista Parodi
Alcindoro - Angelo Romero
Musetta - Hey-Kyung Hong
Parpignol - Alberto Fraschina

Orquesta y Coro del Teatro de La Scala de Milán 
Maestro del Coro - Bruno Casoni
Director - Bruno Bartoletti

Vestuario - Piero Tossi
Decorados y dirección escénica - Franco Zeffirelli




La Bohème es la ópera con la que Giacomo Puccini se consagró definitivamente como un gran compositor lírico, tras el gran éxito anterior de Manon Lescaut. El libreto se basa en la novela por entregas de Henry Murger Escenas de la vida bohemia, publicada en el periódico El Corsario a lo largo de cinco años (1845 – 1849). Los encargados de simplificar y aunar los diferentes episodios de la novela para así confeccionar el libreto fueron Luigi Illica y Giuseppe Giacosa.
El estreno de La Bohème tuvo lugar en el Teatro Regio de Turín el 1 de febrero de 1896. El papel de Mimí fue cantado por la soprano Cesira Ferrani, y el tenor Evan Gorga dio vida a Rodolfo. La orquesta tocó bajo la dirección de Arturo Toscanini. La obra tuvo una acogida fría, tanto por parte del público como de la crítica.
Personajes
Rodolfo, poeta, amante de Mimí (tenor)
Marcello, pintor, amante de Musetta (barítono)
Schaunard, músico (barítono)
Colline, filósofo (bajo)
Mimí, modista, amante de Rodolfo (soprano)
Musetta, amante de Marcelo (soprano)
Alcindoro, viejo protector de Musetta (bajo)
Benoît, casero de los bohemios (bajo)

Sinopsis

Cuadro I
En el Barrio Latino de París, en la buhardilla de los bohemios. Marcello pinta mientras Rodolfo mira por la ventana. Como no tienen leña y hace frío, utilizan los manuscritos del drama que está escribiendo Rodolfo para alimentar la estufa. Colline, el filósofo, entra en la pieza congelado y molesto por no haber podido echar mano a unos libros. Schaunard, el músico, llega con comida, leña, vino y dinero; explica a sus compañeros la fuente de su súbita riqueza: atender el loro de un caballero inglés. Nadie le presta atención porque se precipitan sobre la comida, retirada rápidamente por Schaunard, que les deja tan solo el vino. Mientras beben, llega Benoit, el casero, en busca del pago de la renta. Los bohemios le engatusan ofreciéndole vino, y, en medio del efecto del alcohol, les narra sus aventuras amorosas, añadiendo que está también casado, ante lo cual todos reaccionan con una indignación pacata, fingida, y le echan de la habitación sin pagarle la renta. Deciden que lo mejor es utilizar ese dinero para disfrutar de la fiesta en el barrio, ya que es Nochebuena. Rodolfo no les acompaña porque quiere trabajar. En ese momento alguien llama a la puerta, es Mimí que ha venido a pedir que le ayuden a encender nuevamente su vela. Sale, pero regresa en seguida porque ha olvidado su llave. En ese momento, ambas luces se apagan y en la oscuridad deben buscar la llave. Rodolfo la encuentra y la guarda para que la búsqueda continúe en la oscuridad. Cuando sus manos tropiezan, ambos aprovechan la ocasión para contar la historia de sus vidas: él interpreta ‘Che gelida manina’ – (‘que manita más fría’) y ella, ‘Sì, mi chiamano Mimì’ (‘sí, me llaman Mimí’). Son interrumpidos por las voces de los amigos que han regresado a buscar a Rodolfo, y él antes de que entren, les advierte que no está solo y que pronto se reunirá con ellos, aunque prefiere quedarse en casa, pero deciden marchar, juntos, cantando su amor (en el delicioso dúo, “O soave fanciulla” – “oh! suave niña”).

Cuadro II
En el Quartier Latin (Barrio Latino). En las calles hay una multitud que se divierte mientras los vendedores vociferan sus productos. Los amigos llegan al Café Momus, y mientras beben y comen aparece Musetta, ex de Marcello, acompañada de un admirador un poco parco, Alcindoro. Ella intenta de varias maneras llamar la atención de Marcello, y lo logra cantando una sensual aria dedicada fingidamente a su nuevo amante (“Quando men vo’ – Cuando voy”). Fingiendo un dolor en un pie, por culpa del zapato que le aprieta demasiado, hace que Alcindoro vaya a buscarle un nuevo par, ocasión que Musetta aprovecha para reunirse con su amado Marcello. Cuando los bohemios deciden pagar la cuenta para marchar, encuentran que Schaunard no tiene suficiente dinero, y siguiendo una sugerencia de Musetta, deciden cargar la cuenta a Alcindoro. En la calle desfilan los soldados y, aprovechando la confusión, Marcello y Colline llevan a Mussetta en brazos y huyen, bajo la risa cómplice de los espectadores. Cuando se han ido todos, Alcindoro llega con el par de zapatos y es sorprendido por el camarero que le conmina a pagar la cuenta.

Cuadro III
La aduana de Enfer. Aduaneros llegan a la ciudad. Mimì, notablemente enferma, desea hablar con Marcello. Ella le cuenta lo difícil que se ha vuelto la vida con Rodolfo, que ha abandonado la casa la noche anterior (aria: “O buon Marcello, aiuto! – ¡Oh! ¡Marcello, ayuda!”). Marcello le cuenta que Rodolfo está durmiendo en una taberna donde él también vive. Rodolfo, que acaba de despertar y busca a Marcello, entra en escena, y Mimi rápidamente se oculta. Rodolfo cuenta por qué ha dejado a Mimí, primero aduce que Mimi es demasiado coqueta con otros hombres, pero luego confiesa que él teme que su enfermedad se agrave y muera en las pobres condiciones en las que están viviendo, que todo sería mejor para ella si viviera con alguien que le pudiera ofrecer una forma de vida más confortable. Marcello, preocupado por Mimí intenta hacerle callar, pero ella ya lo ha escuchado todo y se descubre a sí misma cuando tose violentamente. Marcello les deja para volver con Musetta, y Rodolfo y Mimí, a punto de separarse, declaran nuevamente su amor y deciden permanecer juntos hasta que llegue la estación de las flores, la primavera. En la distancia se escucha la discusión entre Musetta y Marcello (cuarteto: “Addio dolce svegliare alla mattina!”).

Cuadro IV
Nuevamente en la buhardilla. Marcello y Rodolfo trabajan, mientras lamentan la pérdida de sus respectivas amadas (dúo: “O Mimì, tu più non torni” — ¡Oh Mimi! ¿Regresarás?). Schaunard y Colline entran con la cena, y los cuatro parodian un delicioso banquete, cantando y bailando. Musetta entra alarmada, le acompaña una Mimi muy enferma que sufre mucho; todos ayudan a la chica moribunda. Preocupados, Musetta y Marcello salen de la habitación para vender las joyas de ella y así comprar algunas medicinas. Colline y Schaunard salen para vender el abrigo de Colline. Solos, Rodolfo y Mimi, recuerdan sus tiempos felices (dúo: “Sono andati? – ¿se han ido?”). Regresan todos y se postran a los pies de la cama, Musetta reza una plegaria, y Mimi, inadvertidamente, muere. Poco a poco sus compañeros notan lo sucedido, hasta que finalmente, Rodolfo cae en la cuenta y grita desesperado “¡Mimí…! ¡Mimí…!”.

jueves, 2 de junio de 2016

G. Puccini: La bohème

Anna Netrebko, Mimì
Rolando Villazón, Rodolfo
Nicole Cabell, Musetta
Adrian Eröd, Schaunard
Ioan Holender, Alcindoro
Vitalij Kowaljow, Colline
George Von Bergen, Marcello

Chor des Bayerischen Rundfunks
Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks
Bertrand de Billy

Film by Robert Dornhelm (2009)

En la música de La bohème, Puccini reunió elementos de distintas corrientes. Bien pudiera parecer un pastiche o un clamor resultante de un eclecticismo turbador, pero en realidad, Puccini era hijo y fruto de su época, el cambio de siglo, algo que quedó bien reflejado en su estilo compositivo, del que La bohème es un ejemplo más que clásico. Las arias y los duetos de amor de los actos primero y último se pueden atribuir al romanticismo tardío, el comienzo del tercer acto con la silenciosa y desalentadora nevada en una alborada gris al impresionismo y algunos episodios del segundo acto al verismo.
No obstante, Puccini supera el verismo con la melodía íntima, pues moderniza el romanticismo y llega al estilo que desde entonces será su característica inconfundible. Hallamos una partitura magistral en la que gran cantidad de detalles maravillosamente logrados se unen para configurar una totalidad magnífica. Como ocurre en las obras maestras, no hay un solo compás prescindible, sino una serie de puntos culminantes que se han vuelto mundialmente famosos y muy populares. A ellos pertenecen las dos primeras arias de Rodolfo y Mimì, “Che gelida manina” y “Mi chiamano Mimì”, el dúo que entonan ambos al final del primer cuadro, “O soave fanciulla” el vals de Musetta, el cuarteto del acto tercero, que no tiene comparación por su atmósfera invernal y melancólica, y, después del dúo de Rodolfo y Marcello, la escena de la muerte de Mimì. Todo son momentos absolutamente memorables así como páginas imprescindibles en la historia de la ópera.
El estreno de La bohème tuvo lugar en el Teatro Regio de Turín, el 1 de febrero de 1896, tres años justos después del de Manon Lescaut, el mismo día y el mismo coliseo. La obra la dirigió Arturo Toscanini, un maestro legendario de apenas veintiocho años de edad entonces, y Cesira Ferrari y Evan Gorga interpretaron los papeles de Mimì y Rodolfo respectivamente. Ese mismo año, el éxito en Roma y Palermo confirmó su aceptación superando las malas críticas que la prensa la deparó en Turín, pues el público había acogido allí con frialdad la nueva ópera de Puccini, una reacción habitual al principio ante todas las creaciones del compositor. Por su parte, la crítica se dividió entre los que veían una obra maestra y quienes la tildaban de ópera fallida en deplorable retroceso. En efecto, durante decenios críticos y público han mantenido, como tantas veces, un pronunciado divorcio respecto a sus respectivas valoraciones de La bohème. Mientras la conmovedora historia de la bordadora Lucia y el poeta Rodolfo se imponía en todos los teatros del mundo, en abril de 1897 se representó en Manchester, Londres y Estados Unidos. Un año después llegó a España, al Liceu barcelonés. Los críticos, siempre tan reticentes, reprochaban a Puccini el reiterado empleo de melodías “fáciles” y “pegadizas”, así como “su excesivo sentimentalismo”, casi más propio de culebrón televisivo o de novela rosa que de un género del abolengo de la ópera. El tiempo ha demostrado que estaban equivocados. No supieron ver que el último gran creador operístico italiano había destilado en la ya centenaria La bohème sus mejores y más exquisitas fragancias creadoras. Una vez más, el público, como casi siempre, tuvo razón.
Podríamos pensar que quizás lo que en un principio molestó al espectador de su época fue el argumento, que por su tono veraz, realista y vívido le sumergía inmediatamente, le hacía identificarse con los personajes y le subyugaba hasta la lágrima. En aquella época los espectadores no estaban acostumbrados a esa inmediatez, porque hasta Puccini existía una separación entre el público y la escena impuesta por el libreto histórico donde los personajes principescos protagónicos de las óperas estaban muy lejos de la realidad cotidiana del público y por lo tanto de su identificación con ellos. Puccini involucra al público, le hace partícipe en forma inconsciente e inesperada, moviliza su interior. No pasó mucho tiempo hasta que las opiniones se aunaran, pues en La bohème habían de encontrarse ante una de las máximas creaciones del género lírico, protagonista de posteriores éxitos que no muchas obras operísticas pueden disfrutar. Nellie Melba y Enrico Caruso fueron la Mimì y el Rodolfo que aseguraron su éxito de forma permanente. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

G. Puccini: E lucevan le stelle, de "Tosca"

Joseph Calleja, tenor
Real Orquesta del Concertgebouw de Ámterdam
Antonio Pappano, director

E lucevan le stelle (Y brillaban las estrellas) es el aria para el tenor del Tercer Acto de la ópera Tosca, con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. El estreno tuvo lugar el 14 de enero de 1900 en el teatro Costanzi de Roma.
Este número es una composición elegíaca perteneciente al acto final, donde el protagonista, Mario Cavaradossi, pintor republicano y simpatizante de las ideas liberales, entona su adiós a la vida estando prisionero en el Castel Sant'Angelo (Roma), antes de su inminente ejecución.
E lucevan le stelle está escrita en la tonalidad de si menor y comienza con un melancólico y desolado sólo de clarinete al despuntar el amanecer. Cavaradossi evoca los íntimos momentos vividos con su amante, la diva Floria Tosca. Las estrellas desaparecen lentamente y el carcelero lo llama para la ejecución.


E lucevan le stelle,
Ed olezzava la terra,
Stridea l'uscio dell'orto,
E un passo sfiorava la rena...
Entrava ella, fragrante,
Mi cadea fra le braccia.
Oh! dolci baci, o languide carezze,
Mentr'io fremente
le belle forme disciogliea dai veli.
Svanì per sempre il sogno mio d'amore,
L'ora è fuggita
E muoio disperato!
E muoio disperato!
E non ho amato mai tanto la vita!
Tanto la vita!...
Y brillaban las estrellas,
Y olía la tierra,
Chirriaba la puerta del huerto,
Y unos pasos rozaban la arena...
Entraba ella, fragante,
Caía entre mis brazos...
¡Oh, dulces besos! ¡Oh, lánguidas caricias,
Mientras yo, tembloroso,
Sus bellas formas liberaba de los velos!
Se desvaneció para siempre mi sueño de amor...
El tiempo ha huido...
¡Y muero desesperado!
¡Y muero desesperado!
¡Y no he amado nunca tanto la vida!
¡Tanto la vida!

G. Puccini: Intermezzo de "Manon Lescaut"

Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam
Antonio Pappano, director

Manon Lescaut es una ópera en cuatro actos con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano escrito sucesivamente por varias personas: Ruggiero Leoncavallo, Domenico Oliva, Marco Praga, Giuseppe Giacosa, Luigi Illica, el propio Puccini y Giulio Ricordi, su editor.
La ópera está basada en la obra L'historie du chevalier des Grieux et de Manon Lescaut (1731) del Abate Prévost, que también había sido de inspiración para la ópera Manon de Jules Massenet. Tan confusa fue la autoría del libreto que nadie aparece acreditado en la portada de la partitura original. Fue estrenada 1 de febrero de 1893 en el Teatro Regio de Turín.

Intercalado entre el acto II y el acto III, el célebre Intermezzo describe en términos musicales el viaje de Manon, detenida por la denuncia de Geronte, desde París hasta Le Havre, desde donde debe partir rumbo a América, destino de las deportadas. Des Grieux la sigue con el propósito firme de salvarla de tan penoso trance con la ayuda del hermano de Manon, pero en el acto III el intento de rescatarla fallará. Des Grieux hará todo lo posible para lograr que le acepten ir en el barco con Manon. La bella melodía, que suele representarse como un preludio del acto III, va a adelantar la inercia de lo que se verá a lo largo de las siguientes escenas, especialmente, el reencuentro de los amantes.

miércoles, 10 de febrero de 2016

G. Puccini: Donna non vidi mai, aria del tenor en el Acto I de "Manon Lescaut"

Luciano Pavarotti, tenor

Manon Lescaut fue el primer gran éxito de Giacomo Puccini, el gran compositor de Lucca. Fue estrenada el 1 de febrero de 1.893 en el Teatro Regio de Turín. El libreto se basa en la obra del abate  Prévost titulada "Histoire du Chevalier Des Grieux et de Manon Lescaut". Jules Massenet había llevado al escenario la misma obra nueve años antes, pero ello no impidió el gran éxito de la nueva ópera de Puccini, con una visión más latina y apasionada de la historia de los dos amantes.
En el Acto primero, Manon llega a una posada en Amiens, en un carruaje donde va acompañada de su hermano y Geronte. Cuando el hermano - Lescaut- entra en la posada, Manon se queda fuera a la vista de la gente. El caballero Des Grieux se queda prendado y se presenta ante ella ("Cortese damigella"...gentil damisela) en lo que es el primero de los dúos de esta ópera. Ella le confiesa que su destino es el convento por voluntad paterna mientras que él lamenta esa triste suerte.Tras lograr convencerla para un posterior reencuentro, se queda recordando ese momento de felicidad espontánea y entona el aria "Donna non vidi mai",

G. Puccini: Nessun dorma, aria de Calaf en "Turandot"

Luciano Pavarotti, tenor

Pavarotti fue un tenor lírico de timbre bello y dicción muy clara. Supo acercarse a los grandes de la época. Así, Herbert von Karajan o Richard Bonynge fueron algunos de los directores clave en su evolución. Una de las celebres gestas, la que le llevó a la portada de Times fue su interpretación del aria de los nueve does sobreagudos, la célebre “Pour mon âme”, de “La fille du Régiment”(Donizetti) en 1972. Su repertorio se decantó desde el verismo con su rol preferido (Rodolfo) o el belcantismo mientras que la voz lo permitía. Uno de sus números "estrella" fue el aria del acto final de "Turandot" (Puccini).


sábado, 13 de junio de 2015

Madame Butterfly, film de Frédéric Miterrand (1996)


Director: Frédéric Mitterrand.
Fotografía: Philippe Welt.
País: Francia.
Año de producción: 1996.
Duración: 135 minutos.
Reparto: Ying Huang, Richard Troxell, Ning Liang, Richard Cowan, Jing Ma Fan, Christopheren Nòmura, Constance Hauman, Kusakabe Yo, Kamel Touati, Miki-Lou Pinard, Yoshi Oida, Qing Wu, Nabil Agoun, Lofti Bahri, Salem Zahrouni
SinopsisBasada en la ópera con música de Giacomo Puccini, y libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica.

Nagasaki, 1904. El teniente americano, B. F. Pinkerton queda cautivado por el exótico encanto y juventud de su novia japonesa de quince años. Para ella su relación es tan santa como un juramento de honor.

Comentarios: Madame Butterfly es una prolija, elusiva, elegante y a la postre estremecedora versión de la ópera de Puccini, que el sobrino del anterior jefe del Estado francés, François Mitterrand, adaptó para la gran pantalla. Coproducción múltiple, avalada por un al parecer cada vez más común Martin Scorsese presenta, el filme es una versión con cantantes que encarnan con todo rigor a sus personajes. La dirección musical es de James Conlon, al frente de la Orquesta de París y el coro de Radio France. La joven soprano de Shanghái, Ying Huang, da vida a una Cio-Cio San / Butterfly muy en su papel, mientras el tenor estadounidense Richard Troxell le da buena réplica como el insustancial Pinkerton.
Frédéric Mitterrand, cuya ópera prima -Lettres d'amour de Somalie, una igualmente elegante recreación de la estancia de Rimbaud en Africa- se recuerda con respeto, no parece haberse preocupado por otra cosa que por hacer viable el desatado, tremendo drama de pasiones interraciales servido por Puccini y sus libretistas.

Ciertamente, toda versión de una obra clásica no sólo revisa, sino que actualiza su contenido, y no es Madame Butterfly ninguna excepción al respecto. Mujeres que se comprometen hasta el final por su pasión y hombres advenedizos e infantiles, prisioneros únicamente  de sus más primarios instintos, suenan ciertamente a contemporaneidad. Mitterrand, por su parte, da una auténtica lección de sobriedad en la puesta en escena, poéticamente contenida pero siempre adecuada a las características de la narración cinematográfica.

jueves, 28 de mayo de 2015

G. Puccini: Tosca, Acto (II) con María Callas

Maria Callas, soprano (Floria Tosca)
Tito Gobbi, barítono (barón Scarpia)
Franco Cioni, tenor (Mario Cavaradossi)

Carlo Felice Cillario, director
Franco Zeffirelli, director escénico
ROH Covent Garden de Londres (1964)

El acto segundo de "Tosca" se desarrolla en el Palacio Farnesio, por la tarde-noche del mismo día. Scarpia maquina una doble trampa: tras torturar a Mario, pone precio a su cabeza, que no es otro que los favores de Tosca. Tras un intenso dúo, ella accede, con la condición de Mario sea liberado. El engaño consiste en hacer creer a Tosca que Mario será sometido a un falso fusilamiento para, así, poder después escapar con ella. Tosca se cree el engaño de Scarpia, y, cuando el ominoso trato está ya cerrado, lo apuñala con el cuchillo que el barón estaba utilizando en su cena.

María Callas nació el 2 de diciembre de 1923 en Nueva York, hija de emigrantes griegos. Sus padres vieron en el enorme talento musical de su hija, entonces feúcha, miope y más bien gordita, la puerta de escape a la miseria familiar. Debido a las dificultades económicas de su familia, se volvió a Grecia con su madre en 1937.

Se matriculó en el Conservatorio de Atenas estudiando con Elvira de Hidalgo, una renombrada soprano, además de excelente profesora. María Callas hizo su debut en 1941 con “Tosca”, de Giacomo Puccini en la Ópera de Atenas. Estuvo cantando allí durante varios años antes de realizar su debut italiano con “La Gioconda” de Ponchielli en Verona (1947). Esta producción estuvo dirigida por Tullio Serafin, quien se convirtió en su mentor musical. De adolescente rozó los 100 kg y se transformó en una nueva mujer, de 69 kg y ciento setenta centímetros de altura cuando su voz y su genio alcanzaban su cima. Los inicios de su carrera estuvieron ligados a los papeles dramáticos como Isolda, Brünnhilde y Aida.
En 1949 se casó con el industrial italiano Giovanni Battista Meneghini, 30 años mayor que ella, que se iba a transformar no sólo en su esposo sino también en su manager, protector, asesor financiero y dietólogo. Estuvieron diez años casados. En 1959, María Callas conoció al naviero griego Aristóteles Onassis, por el que abandonaría a Meneghini.

Desde 1949, animada por Tullio Serafín se decantó por la coloratura los papeles belcantistas; entre ellos Norma, Lucia di Lammermoor y varios personajes de óperas italianas entonces olvidadas. Reconocida especialmente por el personalísimo color de su voz, su presencia dramática y su musicalidad, Callas cantó sobre todo en La Scala de Milán, en las óperas de Roma y París, el Covent Garden de Londres y la Metropolitan Opera de Nueva York.
En 1965, realizó su última representación operística con “Tosca” en el Covent Garden de Londres. En ese momento tenía 41 años. Tres años más tarde, Aristóteles Onassis dejó a Maria Callas por Jacqueline Kennedy. Durante la última década de su vida, vivió prácticamente recluida en París. En esa época realizó pequeñas apariciones con Giuseppe di Stefano e impartió una serie de clases magistrales en la Juilliard School de Nueva York (1971 y 1972).

Se cuenta que Callas era miope, pero no toleraba las lentillas. Tampoco quería salir a escena con gafas, así que actuó sin ver muy bien lo que le rodeaba. Una noche de invierno, en la Scala de Milán, cantó ante un público integrado mayoritariamente por partidarios acérrimos de la otra gran soprano del momento, Renata Tebaldi. Al término de la representación, estos bombardearon el escenario con toda suerte de frutas y hortalizas. La Callas no se dio cuenta de nada... hasta que se agachó para recoger un manojo de puerros. Sonriente, digna, sin perder su sangre fría, la diva se irguió con su ramo hortofrutícola entre los brazos, pidió silencio a la sala, y preguntó: "¿Dónde consiguen unas verduras tan frescas en invierno?".

En su libro “María Callas, la tigresa y el cordero”, David Bret sostiene que la diva tenía la obsesión de seducir y "rescatar" homosexuales. Así intentó en vano enamorar a Leonard Bernstein, Luchino Visconti, Franco Zeffirelli y Pier Paolo Pasolini, convencida, según Bret, de que ningún homosexual podría resistir sus encantos.
María Callas falleció el 16 de septiembre de 1977 de un ataque al corazón en su piso parisino. En 1979, sus cenizas fueron esparcidas en el mar Egeo.