El
trombón es un instrumento de la familia de viento metal, más grande que la trompeta
y de sonido más grave. Es el único de los instrumentos de metal que usa una
vara corredera, en vez de pistones, para alargar el tubo.
Los
trombones forman una familia en la que existen muchas variantes de tesitura
y tamaño. El que se usa generalmente en la orquesta es el tenor, el alto y, a veces, el
bajo. La boquilla es similar a la de la trompeta pero un poco más grande.
Historia del trombón
Hasta bien entrado el siglo XVII el trombón era conocido como "sacabuche". Su punto de partida se halla en la trompeta bastarda, muy en uso en la Edad Media. Su empleo comenzó a generalizarse en las últimas décadas del siglo XV. En España fue muy apreciado y llegó a ser insustituible en las agrupaciones de cornetas, chirimías y bombardas, aunque fue en Italia donde obtuvo mayor influencia de la mano de autores como Monteverdi o Andrea Gabrielli. En el Barroco se consolidó su presencia en la orquesta. En los últimos 450 años no se observan novedades ni cambios en la construcción del trombón, excepto pequeñas modificaciones en la campana y en la boquilla. Hoy en día sigue siendo un instrumento indispensable en la orquesta.
Cómo se toca el trombón
Como ya
se ha dicho, el trombón es el único instrumento de metal que usa una vara
corredera. La vara permite alargar el tubo, produciendo así
notas asociadas a cada una de sus siete posiciones, de tal manera que puede alcanzarse todas las notas de la escala cromática.
El trombón tiene dos inconvenientes. Uno es que el ejecutante tiene que hacer un breve silencio entre notas, durante el que cambia con rapidez la posición de la vara para preparar la emisión de la siguiente nota. El otro es la dificultad que tiene el instrumento para realizar pasajes rápidos por lo expuesto anteriormente.
Los instrumentos de metal generan una potencia acústica sólo superada por los de percusión. El trombón por ejemplo es capaz de lanzar al aire 5 vatios de potencia sonora. En un fortísimo el metal puede tapar al resto de las familias de instrumentos de una orquesta sinfónica. Sin embargo, las ondas estacionarias en el interior de los instrumentos del metal son similares a las de madera.
Audiciones y obras para trombón
Blechschaden
: Czardas.
Berlioz:
Sinfonía fúnebre y triunfal (Oración fúnebre).
Liszt: Hosannah
para trombón bajo y órgano.
Rimski-Kórsakoff:
Concierto en mi mayor para trombón y banda militar.
1. Largo – Allegro molto 2. Menuetto – Trio I – II 3. Adagio 4. Menuetto (Allegretto) – Trio I – II 5. Romanze (Adagio – Allegretto – Adagio) 6. Tema con 6 variaciones (Andante) 7. Finale (Molto allegro)
He aquí la obras más amplia,
tanto en duración como en instrumentación, que Mozart escribió para un conjunto
de viento, doce instrumentos con el añadido de un contrabajo: dos oboes, cuatro
clarinetes (dos de ellos, los corni di
basetto), dos fagotes y cuatro trompas.
Mozart utiliza en ella, por vez
primera, el clarinete bajo inventado en 1770 por Antón Stadler, el
instrumentista para quien escribiría años más tarde obras memorables, como el Quinteto y el Concierto. Aunque a veces se interpreta con un contrafagot, instrumento
que Mozart conoció y utilizó cuando tuvo cerca algún instrumentista que lo
dominaba, era instrumento todavía poco frecuente y en esta Serenata no dispuso del hombre adecuado, por lo que escribió al
bajo para el gran instrumento de cuerda.
La Gran Partita fue escrita en Múnich, donde Mozart había viajado para
presentar su Idomeneo y tratar de conseguir
un puesto de trabajo cerca del gran duque Carlos Teodoro, antiguo señor de
Mannheim, quien se había llevado consigo gran parte de la famosa orquesta que
Mozart tanto apreciaba. Disponía, pues, de excelentes músicos, algunos de ellos
amigos personales, y quiso hacerse notar. Con la Gran Partita Mozart hace estallar el género de la Serenata, pero, con mucha habilidad, no imita
el estilo de la sinfonía puesto que no escribe para una orquesta sinfónica. Es,
pues, una obra única, sin futuro en el arte de Mozart y sin apenas imitadores
después.
Si se ha dicho con frecuencia que
es la más bella música escrita para un amplio conjunto de vientos al aire libre,
los problemas que Mozart se planteó con ella no tenían precedentes y no
tuvieron consecuencia. Ignoramos todavía cuándo y dónde se oyó por vez primera.
Tras el fracaso de Múnich (fracaso no de su música, sino porque no encontró el
empleo al que aspiraba), se produjo la ruptura con Colloredo y Mozart se
instaló en Viena. Un anuncio en el Wienerblattchen del 23 de marzo de 1784
habló de un concierto benéfico en el Teatro Nacional en el que se habría
incluido «una gran obra para instrumentos de viento, de calidad excepcional,
compuesta por Herr Mozart». ¿Se refiere a la Gran Partita? ¿La habría terminado en Viena y ya vino con ella
terminada desde Munich? Siete movimientos componen el gran friso, pero ninguno
de ellos recuerda ni en lo más mínimo a las antiguas Casaciones. La única concesión al género de la serenata es la
inclusión de un doble minuetto, cada uno
con dos tríos que le permiten experimentar los más sutiles contrastes entre los
diferentes timbres instrumentales.
Pero ya desde el Largo de introducción se nos advierte
que estamos en otro mundo, serio y profundo, el que cristaliza en el tercer
movimiento, ese prodigioso Adagio que
no han logrado describir las palabras. Es tan bello que se ha atribuido al
mismo Mozart un motete para coro y orquesta basado en sus notas. La romanza,
muy serena en sus episodios extremos, contiene en su centro un misterioso y
agitado allegretto en Do menor que no cesa de conmovernos. El tema con
variaciones es uno de los pocos casos en que Mozart reelabora una obra suya
anterior, las variaciones del Cuarteto
con flauta en Do mayor (1778). El Rondó
final plantea un final feliz, alegre y sólido a la vez.
La Gran Partita, que así se le llama en el manuscrito original, aunque
se duda la autoría de Mozart en este título, se alza majestuosa como una cima
solitaria y misteriosa. Las dos Serenatas para octetos de viento que hemos
escuchado en el concierto anterior prosiguen con éxito sus elucubraciones, pero
reducen a lo normal las infinitas combinaciones tímbricas que en esta obra se
manejan. De ahí la importancia y rareza de obra tan singular. ¡Ni el mismo
Mozart tuvo oportunidad de igualarla!
Para conocer
los instrumentos musicales se debe analizar sus características físicas,
técnicas y tímbricas, además de valorar sus posibilidades expresivas. El
estudio de todos esos aspectos facilitará la comprensión de las obras no sólo puramente
instrumentales, sino también de muchas otras –vocales, escénicas o teatrales,
etc.– en las que el acompañamiento de la música instrumental juega un papel
destacado.
Desde
la más remota antigüedad, el hombre ha fabricado instrumentos con los que
producir sonidos. Cuando éstos no tienen una función utilitaria, sino que
sirven para el deleite del oído, para interpretar melodías, para acompañar el
canto o la danza, los instrumentos pueden calificarse de musicales.
En todo
instrumento musical se pueden distinguir tres partes principales: lo que produce
el sonido –tubo, cuerda, parche…– la parte que resuena, amplificando el sonido –que
puede ser una caja armónica o todo el instrumento– y el mecanismo o parte del
instrumento que modifica el sonido de acuerdo con la voluntad del músico –llaves,
agujeros, válvulas, teclas, etc.–
Los
instrumentos musicales se clasifican según el modo de producción del sonido en
cinco grandes tipos: cordófonos, aerófonos, idiófonos, membranófonos y
electrófonos.
Los
instrumentos cordófonos son aquellos en los que el sonido se produce por la
vibración de cuerdas tensadas. Cuanto mayor es la longitud de la cuerda, más
grave resulta el sonido. Las cuerdas pueden ser de diferentes materiales.
Antiguamente se fabricaban con crines de caballo, hilos de seda y tripas de
animales; hoy se emplean fibras como el nailon o hilos entorchados de metal.
El
sonido puede producirse frotando las cuerdas con un arco, como en el violín;
golpeando las cuerdas con algún mecanismo, como los macillos o martillos
recubiertos de fieltro, en el caso del piano; o bien punteando con los dedos,
como sucede en la guitarra, el laúd o la mandolina.
El
sonido se modifica acortando la longitud de las cuerdas al presionar sobre
ellas con los dedos, como en el violín o la guitarra, o mediante cuerdas de
diferente longitud que se percuten mediante teclas diferentes, como en el caso
del piano.
En los
instrumentos aerófonos, el sonido se produce por la vibración de una columna de
aire. Actualmente se fabrican de madera o metal, y la mayoría son de soplo, es
decir, es el propio instrumentista el que sopla o proporciona el aliento
necesario, aunque algunos, como el órgano o el acordeón, son de fuelle
mecánico.
En
estos instrumentos el sonido se modifica acortando o alargando la columna de
aire mediante agujeros que se tapan con los dedos, como en la flauta, o
mediante tubos, válvulas o varas.
La
parte del instrumento por donde sopla el instrumentista se llama embocadura,
que puede ser de diferentes tipos. Los aerófonos de metal, como la trompeta,
tienen una boquilla sobre la que el instrumentista pone directamente los
labios. Los aerófonos de madera pueden tener embocadura de bisel o de caña. El
bisel es una hendidura que corta el soplo produciendo el sonido, como en las
flautas. Los instrumentos de caña pueden ser de caña simple, como el clarinete
y el saxofón, o doble, como el oboe. La caña doble, también llamada lengüeta
doble, consta de dos delgadas láminas talladas en madera de caña de bambú. En
ambos casos la caña sujeta a la boquilla vibra, lo que a su vez pone en vibración
la columna de aire en el interior del instrumento.
Los instrumentos idiófonos, también
llamados autorresonadores, producen sonidos al ser golpeados o percutidos. Son
instrumentos idiófonos las claves, las castañuelas, los platillos, el triángulo,
el xilófono, el vibráfono, etc.
En los membranófonos el sonido se
produce por la vibración de una membrana tensa al ser golpeada, raspada o
frotada. La membrana puede ser de cuero o de plástico. A esta clase de
instrumentos pertenecen los timbales, tambores, bongos, cajas...
En los instrumentos electrófonos el
sonido se genera por medio de una corriente eléctrica, irradiándose a través de
altavoces. Se puede distinguir entre instrumentos tradicionales amplificados
eléctricamente, como la guitarra, e instrumentos de nueva invención, como el
sintetizador.
Los instrumentos electrófonos son
los más característicos de la música popular de nuestros días. En la actualidad
ninguna familia instrumental se sustrae a la electrónica: se construyen
violines electrónicos, los instrumentos de viento se amplifican eléctricamente
y los percusionistas utilizan almohadillas que, al ser percutidas, producen
señales eléctricas modificadas a través de un amplificador, o usan cajas de
ritmo que permiten la interpretación automática de secuencias de percusión
programadas de antemano y que sustituyen en muchos grupos al propio
percusionista.
Dentro
de las distintas agrupaciones instrumentales, la orquesta sinfónica tiene un
carácter especial asociado a su extraordinaria riqueza y equilibrio tímbricos y
a la gran cantidad y variedad de instrumentos que la integran. La diversidad de
instrumentos musicales que pueden formar parte de una orquesta hace aconsejable
clasificarlos por grupos afines. Por tanto, la orquesta suele subdividirse en
las siguientes familias o grupos
instrumentales:
Cuerda: el sonido se
produce al frotar sus cuerdas con un arco.
Viento: la vibración
sonora corresponde a una columna de aire en el interior del instrumento
Percusión: suenan al
ser golpeados o percutidos.
Instrumentos mixtos:
aquellos que por distintas causas no pueden ser incluidos con propiedad en
ninguna de las categorías anteriores.
La Guía orquestal para jóvenes (en inglés, The Young Person's Guide to the Orchestra), Op. 34, es una composición musical de Benjamin
Britten de 1946. Lleva el subtítulo de Variations
and Fugue on a Theme of Purcell (Variaciones y fuga sobre un tema de
Purcell) y responde a un encargo del Ministerio de Educación británico para la realización de un documental educativo
titulado The Instruments of the Orchestra
(Los instrumentos de la orquesta), dirigido por Muir Mathieson, que
presentaba a la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la batuta de Malcolm
Sargent.
La obra consta de tres partes: la
primera es la presentación de las familias orquestales de instrumentos,
que interpretan el tema del rondó de la música incidental para el dramaAbdelazar, de Henry Purcell;
la segunda comprende trece variaciones
sobre el tema inicial a cargo de distintos instrumentos; la tercera es una fuga que Britten compuso sobre el citado tema
de Purcell.
I. Presentación de las familias
de la orquesta
La
orquesta al completo toca el tema de Abdelazar
Variación
del viento madera
Variación
del viento metal
Variación de la cuerda
Variación de la percusión
La
orquesta al completo toca de nuevo el tema de Abdelazar
II. Trece variaciones cortas en las que se destaca el “carácter” de cada
instrumento.
Presto (Flauta y flautín)
Lento Oboes
Moderato (Clarinetes)
Allegro
alla Marcia (Fagotes)
Brillante:
alla polacca (Violines)
Meno
mosso (Violas)
- (Violonchelos)
Cominciando lento ma poco a poco accelerando al Allegro(Contrabajos)
Maestoso (Arpa)
L'istesso
tempo (Trompas)
Vivace (Trompetas)
Allegro
pomposo (Trombones
y tuba)
Moderato (Percusión)
III. Fuga
Allegro molto
Tras escuchar las distintas secciones, la orquesta al completo toca finalmenteuna fuga. Los
instrumentos entran uno tras de otro, en el mismo orden de antes, comenzando
por el flautín. Al final, la melodía de Purcell es interpretada por los metales,
mientras los restantes instrumentos tocan la fuga
de Britten.
La tuba es el mayor de los
instrumentos de viento-metal. Sus antecesores son el serpentón y el oficleido.
Es uno de los últimos instrumentos en incorporarse a la orquesta sinfónica
moderna. Su sonido se produce gracias a la vibración de los labios del
intérprete en la parte denominada boquilla a partir del flujo de aire
proveniente del aliento del músico.
Gracias a su versatilidad es utilizada
para reforzar cuerdas y vientos de madera o, cada vez más, como instrumento
para solos. En manos habilidosas, es un instrumento capaz de cubrir un amplio
campo de sonidos (más de cuatro octavas) y extraordinariamente ágil.
Las tubas también forman parte de
bandas y conjuntos de viento, en cuyo caso se utilizan dos instrumentos de cada
una de las dos afinaciones: Mi bemol y
Si bemol. La tuba más común es la tuba contrabajo, afinada en Do o en Si bemol.
La siguiente por orden de tamaño es la tuba baja o bombardón, afinada en Fa o en Mi bemol,
una cuarta o una quinta más
alta que la contrabajo.
El bombardino, también llamado tuba
tenor, es otra octava más agudo. Afinado en Si bemol o en Do. En este último caso se denomina también tuba francesa.
Partes
de la tuba
La tuba es un instrumento que no ha
experimentado pocas modificaciones, pero en el siglo XX se creó una variante
que es muy utilizada en las bandas de música, el sousáfono o helicón.
Se trata del instrumento más grave
de la familia del viento-metal. Consta de un tubo cónico de unos cinco metros y
medio que se va haciendo grande a medida que se acerca a la campana o pabellón.
Debido a su tamaño la campana apunta hacia arriba. La boquilla de la tuba va
colocada al principio del tubo y es semiesférica, como la de la trompeta o el
trombón.
Al igual que otros instrumentos de
viento metal, incorpora un sistema de válvulas que alarga o acorta el tubo.
Cómo
se toca la tuba
Es un instrumente de sonido potente
pero poco ágil en el registro grave donde el músico ha de respirar
frecuentemente porque se necesitan grandes cantidades de aire. Al ser tan
grande y contener tanto aire, se necesita una capacidad pulmonar muy grande
para tocarla. Para ello, el músico relaja los labios que van oprimiéndose poco
a poco según se trate de notas graves o agudas. Si se toca desde la posición de
sentado, la tuba se apoya sobre las piernas del instrumentista. Si se toca de
pie (pasacalles o desfiles), el instrumento se sujeta a la espalda mediante
unas correas con enganches.
La tuba puede llegar a tener hasta
seis pistones o válvulas (cuatro de digitación normal más dos de transpositores
de medio tono y tono de afinación), aunque las más comunes son las que tienen
cuatro. También se fabrican modelos de tres válvulas, que suelen ser para
principiantes. Algunos modelos especiales tienen sólo dos válvulas. Nótese que
a pesar de tener tan reducido número de pistones, la tuba abarca un espectro muy
amplio de sonidos porque con cada posición de los pistones se pueden tocar
notas diferentes según la forma y fuerza de hacer vibrar los labios del
instrumentista en cada cambio de pasaje o tesitura, respectivamente.
Historia
de la tuba
El punto de partida para explicar la
genealogía y desarrollo de la tuba moderna es el contrabajo de corneta. Su
invención se atribuye a Louis Alexandre Frichot (1806). La primera vez que se
utilizó la tuba moderna en una orquesta sinfónica fue en el estreno de El anillo del nibelungo, de Richard
Wagner.
El nuevo instrumento alcanzó cierta
importancia, pero su existencia fue casi efímera, no porque sus cualidades
fueran pocas sino a causa de la dificultad que encontraron para combinar su
sonido con el de otros instrumentos de la orquesta.
Ello no fue determinante, ya que
autores de la talla de Brahms le incluyeron en algunas de sus composiciones. Hoy
en día, la tuba es un instrumento indiscutible en las orquestas modernas y
sobre todo en las bandas de música, donde va a desempeñar el papel de bajo, por
lo que también se le denomina así en ciertas ocasiones.
Audiciones
y obras para la tuba
M. Musorgski (Orq. M. Ravel)
Cuadros de una exposición VII. Bydlo
Solo de Tuba: Alessandro Fossi
Orchestra Filarmonica della Scala
Valery Gergiev, director
P. Hindemith: Sonata para tuba y
piano.
E. Mosch: Tuba muckl.
K. Penderecki: Capriccio para tuba
sola.
J. Brahms: Obertura trágica.
R. Wagner: Götterdämmerung: Marcha fúnebre de Sigfrido.