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viernes, 22 de noviembre de 2013

Johann Sebastian Bach: "Jesu, bleibet meine Freude" Coral de la cantata BWV 147

Willem van Twillert, órgano
 
El coral luterano nace de la necesidad de crear un repertorio para los oficios adecuado para los ritos de la iglesia reformada. Lutero quiso que los cánticos se entonaran por los fieles de la congregación en su lengua vernácula. Era necesario disponer de un repertorio diferente del gregoriano y de la práctica polifónica del final de la edad media. Para este fin compuso corales, melodías sencillas que servían como himnos para la congregación. Aparte de melodías originales, recurrió a fragmentos de canto llano, adaptados, y a canciones conocidas de carácter profano. En la adaptación o composición de otras melodías participaron algunos compositores como Johann Walther o Valentin Bapst.
 
Los corales se fueron desarrollando a lo largo del siglo XVII, Se cantaban a varias voces, o se les añadía un acompañamiento instrumental. Los corales monódicos se editaban en colecciones a las que los autores de música litúrgica recurrían para buscar las melodías adecuadas para los poemas sacros que se pretendía musicar. De este modo, Johann Sebastian Bach, el autor paradigmático de corales, tomó estas melodías para sus cantatas, pasiones, etc. Bach no compuso apenas melodías de coral, pero armonizando las del repertorio ya establecido creó unos modelos que hoy se siguen considerando ejemplares y muy útiles para el estudio de la armonía y del contrapunto.
Las mismas melodías de coral se emplean también en otras secciones de las cantatas así como en el preludio coral. Este último es una pieza instrumental, generalmente para órgano, que sirve para recordar a los asistentes al oficio la línea melódica que se va a cantar a continuación. El coral se usa también en forma instrumental, como en los llamados preludios corales, o corales para órgano. Aquí puede encontrarse gran diversidad de tratamientos, entre los que destaca la presentación del coral en notas largas mientras se acompaña contrapuntísticamente, frecuentemente con motivos extraídos del propio coral. 

lunes, 28 de enero de 2013

Juan Cabanilles: Primera Batalla Imperial de Quinto Tono


Paulino Ortiz, órgano

 Junto al Maestro de Capilla, el segundo cargo musical al servicio de la iglesia era el de organista. También durante el Barroco floreció una muy importante generación de organistas y de organeros (constructores de órganos) en España, que en la actualidad, España es el país donde se conserva el mayor número de órganos de esta época.

 Juan Cabanilles (1644-1712) es el mejor representante de los organistas valencianos y tal vez el mejor de todo el Barroco español. No logró publicar nada en vida, pero se conserva mucha de su música manuscrita; salvo algunas composiciones vocales, toda su música está hecha para el órgano. En sus tientos, tocatas, y pasacalles es muy notable su gran avance en la técnica de la variación, o el arte de desarrollar una idea musical hasta sus últimas consecuencias. Su contrapunto y su armonía son excelentes y muchas veces geniales.

 Sin lugar a dudas, la Primera Batalla Imperial de Quinto Tono es la obra más difundida de Juan Cabanilles, quien inspirándose sobre el tema de la Batalla de Pavía, honra de esta forma al emperador Carlos V. Desde el toque de pífanos de la entrada, el ambiente está maravillosamente conseguido, la intensidad llega a su punto culmen en el compás 98, en donde el órgano español luce todo el esplendor de su trompetería de lengüeta.
El Órgano del Emperador, de la Catedral de Toledo, que durante tantos años realzó de manera solemne la entrada de Carlos V al templo, es el escogido para las máximas y peculiares sonoridades de esta pieza maestra del repertorio para órgano del barroco español.

Cabanilles nació y murió en Valencia, España. Su música pertenece a las últimas décadas del siglo XVII y primeros años del XVIII, y no podría haberse compuesto más acá: a la muerte del Cabanilles (compositor y organista) la música española tomaría ya otros derroteros.

Juan de Cabanilles debió de formarse en la catedral de Valencia, como infantillo. Debió caer en manos del aragonés Diego Pontec (maestro de capilla entre 1650 y 1653) y de su sucesor, el navarro Urbán de Vargas (que llegó a Valencia en 1653), ambos aventajados compositores de gran prestigio. Seguramente recibió lecciones de los organistas de la catedral de Valencia, Andrés Peris (segundo) y Jerónimo de la Torre (Primer organista). Cabanilles fue nombrado primer organista de la catedral en 1665, a los 21 años.

La obra de Cabanilles está ampliamente influenciada por las corrientes musicales del momento: italiana, francesa, inglesa, flamenca, etc., y su obra explota al máximo los recursos del arte organístico español del siglo XVII, llevándolo a menudo en su desarrollo a un callejón sin salida, con formas hipertrofiadas, extraordinariamente complejas en la imitación, de una densidad extrema en sus texturas, en un estilo severo -aunque muy ornamentado-, pesado, granítico, monumental.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Johann Sebastian Bach: Toccata y Fuga en Re menor BWV 565




Hans-André Stamm, organista
Trost-Organ de la Stadtkirche de Waltershausen (Alemania)
 
En este video podemos constatar el talento de Johann Sebastian Bach como compositor,  la musicalidad y perfecta técnica del intérprete del órgano,  la calidad sonora del órgano y para colmo,  la belleza de los acabados de este mismo instrumento (marquetería por doquier, teclado ricamente decorado, figuras que adornan los bordes, etc.)
La pieza musical se compone de dos partes muy diferencias como indica su título. En el ámbito de la composición de la música “académica” o “científica”, se utilizan denominaciones que sirven de concepto claramente definitorio del  contenido que encabezan  (ejemplos: Nocturno, als, Toccata, Sonata, Passacaglia, Sinfonía, etc.)
En este caso la obra es la Tocata y Fuga en Re menor BWV 565.
La Toccata es una especie de Preludio que los organistas improvisaban antes de ejecutar un Motete o una Fuga. El discurso melódico es frecuentemente interrumpido con pasajes rápidos, arpegios, acordes rotos, etc. Finaliza en 2:29 del video
La Fuga es una forma polifónica (muchas voces), vertebrada mediante contrapunto. Es decir, dos o más melodías que se oyen de manera simultánea, teniendo las voces idéntica importancia entre sí. Las melodías, que suenan a la vez, crean una textura sonora densa, como es característico de la estética florida del Barroco. Pueden sonar contradictorias hasta el punto que puede resultar a un caos cacofónico (ruido) al oído inexperto o poco entrenado; pero en su escucha más amplia, crean una perfecta armonía musical. La Fuga se inicia en 2:30 y toma más protagonismo que la Toccata, que sirve casi de introducción.
La Tocata y Fuga en Re menor BWV 565 fue y es una de las obras más populares y fácilmente reconocibles de Bach. De hecho,  probablemente cualquier individuo la habrá escuchado varias veces a lo largo de su vida a través de la televisión, el cine o los videojuegos. Hay que aclarar, para los más profanos en la obra de este compositor, que Johann Sebastian Bach es uno de los músicos más virtuosos, fecundos e influyentes de toda la historia del arte universal.
Esta breve pieza para órgano fue creada durante la juventud del músico, por lo que su partitura no está grabada con la fácilmente reconocible personalidad estética del compositor, como sucede con obras fruto de su posterior madurez creativa.
Según explican sus contemporáneos,  Johann Sebastian Bach gustaba  de utilizar su Tocata y Fuga para poner a prueba los nuevos órganos que él examinaba en calidad de maestro organista. En el vídeo puede apreciarse el espectacular efectismo en algunos ejemplos (como en 0:21 y 2:23),  creando un auténtico “muro sonoro”. La partitura exprime enormemente la capacidad del órgano, por lo que Bach decía “veremos si este órgano respira bien” en el momento de “estrenar” un órgano de nueva construcción.
La Fuga se inicia en 2:30 a la manera común, incorporando las voces musicales de forma progresiva, facilitando la comprensión para el oyente al aumentar la complejidad de manera gradual. La primera voz canta seis segundos  en solitario hasta ser acompañada con la segunda voz cantante en el teclado (2:36). En 3:22 se incorpora un tercer estribillo independiente a los dos anteriores y en 3:30 del video la fuga se completa al tener cuatro voces, siendo ésta última de un registro muy grave gracias al teclado de pies, llegando a crear esa “lluvia de sonido”, algo que sólo se puede experimentar si se está presente en el mismo recinto donde trabaja el instrumento. Es un efecto que desgraciadamente se pierde al escucharse mediante grabación.
El video, con una elaborada edición, nos muestra con detalle la espectacular técnica que requiere la correcta interpretación del teclado de pedales que hacen sonar las notas más graves y oscuras, como en  3:30 y 6:42
Al leer la partitura, el organista debe interpretar tres pentagramas simultáneamente. Un guitarrista lee un pentagrama, un pianista dos (uno por cada mano), pero un organista ha de leer tres: las manos más un pentagrama escrito en clave de Do (el pentagrama donde se dibujan las notas más “bajas” y profundas), que se toca con los pies.
Tocar el órgano, "el rey de los instrumentos", es muy difícil.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Antonio de Cabezón: Tientos del cuarto, quinto y octavo tonos


Antonio de Cabezón
(Burgos, 1510-Madrid, 1566)
1.- Tiento del cuarto tono (extracto)
2.- Tiento del quinto tono (extracto)
3.- Tiento del octavo tono

Compositor y organista español considerado como el mejor instrumentista de su tiempo, Antonio de Cabezón cursó brillantes estudios musicales a pesar de su ceguera prematura, probablemente cuando contaba ocho años. A los dieciséis años ya era organista en la capilla real de Carlos I, y más tarde en la de Felipe II. Viajó con ambos reyes y conoció a los músicos más destacados de las escuelas europeas. De estos encuentros surgieron interesantes intercambios: tal fue la influencia que ejerció el compositor francés Josquin des Prés sobre el estilo polifónico de Cabezón y la de éste a su vez sobre las variaciones de aquél. La mayor parte de su producción estuvo dedicada a la música de tecla, en la que logró desarrollar un estilo propio y una sobresaliente técnica instrumental. Prefirió trabajar sobre nuevas formas como los tientos, (especie de motetes instrumentales basados en la imitación), las glosas de romances y las diferencias o variaciones sobre canciones francesas. Su obra fue publicada en Madrid por su hijo Hernando de Cabezón (1578).
También se consideran obra suya aquellas partes que llevan el nombre de Antonio en la obra de Luys Venegas de Henestrosa Libro de cifra nueva para tecla. A su muerte, su hijo Hernando le sucedió como músico de la cámara y capilla reales.