El coral luterano nace de la necesidad de crear un repertorio para los oficios adecuado para los ritos de la iglesia reformada. Lutero quiso que los cánticos se entonaran por los fieles de la congregación en su lengua vernácula. Era necesario disponer de un repertorio diferente del gregoriano y de la práctica polifónica del final de la edad media. Para este fin compuso corales, melodías sencillas que servían como himnos para la congregación. Aparte de melodías originales, recurrió a fragmentos de canto llano, adaptados, y a canciones conocidas de carácter profano. En la adaptación o composición de otras melodías participaron algunos compositores como Johann Walther o Valentin Bapst.
Los
corales se fueron desarrollando a lo largo del siglo XVII, Se cantaban a varias
voces, o se les añadía un acompañamiento instrumental. Los corales monódicos se
editaban en colecciones a las que los autores de música litúrgica recurrían
para buscar las melodías adecuadas para los poemas sacros que se pretendía
musicar. De este modo, Johann Sebastian Bach, el autor paradigmático de
corales, tomó estas melodías para sus cantatas, pasiones, etc. Bach no compuso
apenas melodías de coral, pero armonizando las del repertorio ya establecido
creó unos modelos que hoy se siguen considerando ejemplares y muy útiles para
el estudio de la armonía y del contrapunto.
Las mismas melodías de coral se emplean
también en otras secciones de las cantatas así como en el preludio coral. Este
último es una pieza instrumental, generalmente para órgano, que sirve para recordar
a los asistentes al oficio la línea melódica que se va a cantar a continuación.
El coral se usa también en forma instrumental, como en los llamados preludios
corales, o corales para órgano. Aquí puede encontrarse gran diversidad de
tratamientos, entre los que destaca la presentación del coral en notas largas
mientras se acompaña contrapuntísticamente, frecuentemente con motivos
extraídos del propio coral.
Junto al Maestro de Capilla,
el segundo cargo musical al servicio de la iglesia era el de organista. También
durante el Barroco floreció una muy importante generación de organistas y de
organeros (constructores de órganos) en España, que en la actualidad, España es
el país donde se conserva el mayor número de órganos de esta época.
Juan Cabanilles
(1644-1712) es el mejor representante de los organistas valencianos y tal vez
el mejor de todo el Barroco español. No logró publicar nada en vida, pero se
conserva mucha de su música manuscrita; salvo algunas composiciones vocales,
toda su música está hecha para el órgano. En sus tientos, tocatas, y pasacalles
es muy notable su gran avance en la técnica de la variación, o el arte de
desarrollar una idea musical hasta sus últimas consecuencias. Su contrapunto y su
armonía son excelentes y muchas veces geniales.
Sin lugar a dudas, la
Primera Batalla Imperial de Quinto Tono es la obra más difundida de Juan
Cabanilles, quien inspirándose sobre el tema de la Batalla de Pavía, honra de
esta forma al emperador Carlos V. Desde el toque de pífanos de la entrada, el
ambiente está maravillosamente conseguido, la intensidad llega a su punto
culmen en el compás 98, en donde el órgano español luce todo el esplendor de su
trompetería de lengüeta.
El Órgano del Emperador, de la Catedral de Toledo, que durante tantos años
realzó de manera solemne la entrada de Carlos V al templo, es el escogido para
las máximas y peculiares sonoridades de esta pieza maestra del repertorio para
órgano del barroco español.
Cabanilles nació y
murió en Valencia, España. Su música pertenece a las últimas décadas del siglo
XVII y primeros años del XVIII, y no podría haberse compuesto más acá: a la
muerte del Cabanilles (compositor y organista) la música española tomaría ya
otros derroteros.
Juan de Cabanilles
debió de formarse en la catedral de Valencia, como infantillo. Debió caer en
manos del aragonés Diego Pontec (maestro de capilla entre 1650 y 1653) y de su
sucesor, el navarro Urbán de Vargas (que llegó a Valencia en 1653), ambos
aventajados compositores de gran prestigio. Seguramente recibió lecciones de
los organistas de la catedral de Valencia, Andrés Peris (segundo) y Jerónimo de
la Torre (Primer organista). Cabanilles fue nombrado primer organista de la
catedral en 1665, a los 21 años.
La
obra de Cabanilles está ampliamente influenciada por las corrientes musicales
del momento: italiana, francesa, inglesa, flamenca, etc., y su obra explota al
máximo los recursos del arte organístico español del siglo XVII, llevándolo a
menudo en su desarrollo a un callejón sin salida, con formas hipertrofiadas,
extraordinariamente complejas en la imitación, de una densidad extrema en sus
texturas, en un estilo severo -aunque muy ornamentado-, pesado, granítico,
monumental.
Trost-Organ de la Stadtkirche de Waltershausen (Alemania)
En este video podemos constatar el talento de Johann Sebastian
Bach como compositor,la musicalidad y
perfecta técnica del intérprete del órgano,la calidad sonora del órgano y para colmo,la belleza de los acabados de este mismo
instrumento (marquetería por doquier, teclado ricamente decorado, figuras que
adornan los bordes, etc.)
La pieza musical se compone de dos partes muy diferencias
como indica su título. En el ámbito de la composición de la música “académica”
o “científica”, se utilizan denominaciones que sirven de concepto claramente
definitorio delcontenido que
encabezan(ejemplos: Nocturno, als, Toccata, Sonata, Passacaglia, Sinfonía,
etc.)
En este caso la obra es la Tocata y Fuga en Re menor BWV 565.
La Toccata es una
especie de Preludio que los organistas improvisaban antes de ejecutar un Motete
o una Fuga. El discurso melódico es frecuentemente interrumpido con pasajes
rápidos, arpegios, acordes rotos, etc. Finaliza en 2:29 del video
La Fuga es una
forma polifónica (muchas voces), vertebrada mediante contrapunto. Es decir, dos
o más melodías que se oyen de manera simultánea, teniendo las voces idéntica
importancia entre sí. Las melodías, que suenan a la vez, crean una textura
sonora densa, como es característico de la estética florida del Barroco. Pueden
sonar contradictorias hasta el punto que puede resultar a un caos cacofónico
(ruido) al oído inexperto o poco entrenado; pero en su escucha más amplia,
crean una perfecta armonía musical. La Fuga
se inicia en 2:30 y toma más protagonismo que la Toccata, que sirve casi de introducción.
La Tocata y Fuga en Re
menor BWV 565 fue y es una de las obras más populares y fácilmente
reconocibles de Bach. De hecho,probablemente cualquier individuo la habrá escuchado varias veces a lo
largo de su vida a través de la televisión, el cine o los videojuegos. Hay que
aclarar, para los más profanos en la obra de este compositor, que Johann
Sebastian Bach es uno de los músicos más virtuosos, fecundos e influyentes de
toda la historia del arte universal.
Esta breve pieza para órgano fue creada durante la juventud del
músico, por lo que su partitura no está grabada con la fácilmente reconocible
personalidad estética del compositor, como sucede con obras fruto de su
posterior madurez creativa.
Según explican sus contemporáneos,Johann Sebastian Bach gustaba de utilizar su Tocata y Fuga para poner a prueba los nuevos órganos que él
examinaba en calidad de maestro organista. En el vídeo puede apreciarse el
espectacular efectismo en algunos ejemplos (como en 0:21 y 2:23),creando un auténtico “muro sonoro”. La
partitura exprime enormemente la capacidad del órgano, por lo que Bach decía
“veremos si este órgano respira bien” en el momento de “estrenar” un órgano de
nueva construcción.
La Fuga se inicia
en 2:30 a la manera común, incorporando las voces musicales de forma
progresiva, facilitando la comprensión para el oyente al aumentar la
complejidad de manera gradual. La primera voz canta seis segundosen solitario hasta ser acompañada con la
segunda voz cantante en el teclado (2:36). En 3:22 se incorpora un tercer
estribillo independiente a los dos anteriores y en 3:30 del video la fuga se
completa al tener cuatro voces, siendo ésta última de un registro muy grave
gracias al teclado de pies, llegando a crear esa “lluvia de sonido”, algo que
sólo se puede experimentar si se está presente en el mismo recinto donde
trabaja el instrumento. Es un efecto que desgraciadamente se pierde al
escucharse mediante grabación.
El video, con una elaborada edición, nos muestra con detalle
la espectacular técnica que requiere la correcta interpretación del teclado de
pedales que hacen sonar las notas más graves y oscuras, como en 3:30 y 6:42
Al leer la partitura, el organista debe interpretar tres
pentagramas simultáneamente. Un guitarrista lee un pentagrama, un pianista dos
(uno por cada mano), pero un organista ha de leer tres: las manos más un
pentagrama escrito en clave de Do (el pentagrama donde se dibujan las notas más
“bajas” y profundas), que se toca con los pies.
Tocar el órgano, "el rey de los instrumentos", es muy difícil.
Compositor
y organista español considerado como el mejor instrumentista de su
tiempo, Antonio de Cabezón cursó brillantes estudios musicales a pesar de su ceguera
prematura, probablemente cuando contaba ocho años. A los dieciséis años
ya era organista en la capilla real de Carlos I, y más tarde en la de
Felipe II. Viajó con ambos reyes y conoció a los músicos más destacados
de las escuelas europeas. De estos encuentros surgieron interesantes
intercambios: tal fue la influencia que ejerció el compositor francés
Josquin des Prés sobre el estilo polifónico de Cabezón y la de éste a su
vez sobre las variaciones de aquél. La mayor parte de su producción
estuvo dedicada a la música de tecla, en la que logró desarrollar un
estilo propio y una sobresaliente técnica instrumental. Prefirió
trabajar sobre nuevas formas como los tientos, (especie de motetes
instrumentales basados en la imitación), las glosas de romances y las
diferencias o variaciones sobre canciones francesas. Su obra fue
publicada en Madrid por su hijo Hernando de Cabezón (1578). También
se consideran obra suya aquellas partes que llevan el nombre de Antonio
en la obra de Luys Venegas de Henestrosa Libro de cifra nueva para tecla.
A su muerte, su hijo Hernando le sucedió como músico de la cámara y
capilla reales.