El abulense Tomás Luis de Victoria
conoció a Palestrina durante su estancia con los jesuitas en Roma, quien
influiría en sus primeras obras. Ingresó en la Congregación del Oratorio,
fundada por san Felipe Neri, cuando ya era sacerdote. En España, fue nombrado
maestro de capilla y organista, entre otros cargos y, posteriormente, capellán
del monasterio de las Descalzas Reales. Es el compositor más grande del
Renacimiento español junto con Cristóbal de Morales. Su estilo es tan
innovador, con una gran progresión cromática, quizá debido a los madrigalistas,
que anuncia el inminente Barroco. Como compositor, su obra es inmensa, formada
por composiciones religiosas exclusivamente en latín (motetes, antífonas,
himnos, salmos, misas, etc.), que oscilan entre las 2 y 8 voces. Incluso tiene
una pieza, Laetatus sum, para 12 voces.
Cuando varias melodías discurren al mismo tiempo, teniendo la
misma importancia y cierta independencia, hablamos de textura polifónica o polifonía (poli= varias;
fonía= sonidos o melodías). Las obras polifónicas son más complicadas de
escuchar, pues un oyente inexperto puede perderse entre las distintas melodías.
David Hill, Westminster Cathedral Choir I. Credo quod Redemptor meus vivit, et in novissimo die de terra surrectus sum, Et in carne mea videbo Deum Salvatorem meum. Vivit, quem visurus sum ego ipse, et non alius; et oculi mei conspecturi sunt.
II. Taedet animam meam vitae meae, dimittam adversum me eloquium meum, loquar in amaritudine animae meae. Dicam Deo: Noli me condemnare: indica mihi, cur me ita judices. Numquid bonum tibi videtur, si calumnieris me, et opprimas me, opus manuum tuarum, et consilium impiorum adjuves? Numquid oculi carnei tibi sunt; aut, sicut videt homo, et tu videbis? Numquid sicut dies hominis dies tuae, et anni tui sicut humana sunt tempora, ut quaeras iniquitatem meam, et peccatum meum scruteris? Et scias, quia nihil impium fecerim, cum sit nemo, qui de manu tua possit eruere.
III. Ego sum resurrectio et vita: qui credit in me, etiam si mortuus fuerit, vivet; et omnis, qui vivit et credit in me, non morietur in aeternum.
Benedictus Dominus, Deus Israel, quia visitavit, et fecit redemptionem plebis suae: Et erexit cornu salutis nobis: in domo David, pueri sui. Sicut locutus est per os sanctorum, qui a saeculo sunt, prophetarum eius: Salutem ex inimicis nostris, et de manu omnium, qui oderunt nos: Ad faciendam misericordiam cum patribus nostris: et memorari testamenti sui sancti. Iusiurandum, quod iuravit ad Abraham, patrem nostrum, daturum se nobis: Ut sine timore, de manu inimicorum nostrorum liberati, serviamus illi, In sanctitate et iustitia coram ipso, omnibus diebus nostris. Et tu, puer, Propheta Altissimi vocaberis: praeibis enim ante faciem Domini parare vias eius: Ad dandam scientiam salutis plebi eius: in remissionem peccatorum eorum: Per viscera misericordiae Dei nostri: in quibus visitavit nos oriens ex alto: Illuminare his, qui in tenebris et in umbra mortis sedent: ad dirigendos pedes nostros in viam pacis. Requiem aeternam dona eis Domine. Et lux perpetua luceat eis.
Requiescant in pace. Amen.
IV. Requiem aeternam dona eis Domine: et lux perpetua luceat eis. Te decet hymnus Deus in Sion, et tibi reddetur votum in Jerusalem: exaudi orationem meam, ad te omnis caro veniet.
V. Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.
VI. Requiem aeternam dona eis, Domine: et lux perpetua luceat eis. In memoria aeterna erit iustus: ab auditione mala non timebit.
VII. Domine Jesu Christe, Rex gloriae, libera animas omnium fidelium defunctorum de poenis inferni, et de profundo lacu: libera eas de ore leonis, ne absorbeat eas tartarus, ne cadant in obscurum: sed signifer sanctus Michael, repraesentet eas in lucem sanctam: Quam olim Abrahae promisisti, et semini eius.
Hostias et preces tibi, Domine, laudis offerimus: tu suscipe pro animabus illis, quarum hodie memoriam facimus: fac eas, Domine, de morte transire ad vitam. Quam olim Abrahae promisisti, et semini eius.
VIII. Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth, Pleni sunt caeli et terra gloria tua. Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis.
IX. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem sempiternam.
X. Lux aeterna luceat eis, Domine: cum sanctis tuis in aeternum, quia pius es. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis, Cum Sanctis tuis in aeternum, quia pius es.
Requiescant in pace. Amen.
XI. Versa est in luctum cithara mea, et organum meum in vocem flentium. Parce mihi, Domine, nihil enim sunt dies mei.
XII. Libera me, Domine, de morte aeterna, in die illa tremenda: Quando caeli movendi sunt et terra: Dum veneris iudicare saeculum per ignem. Tremens factus sum ego, et timeo, dum discussio venerit, atque ventura ira. Quando caeli movendi sunt et terra. Dies illa, dies irae, calamitatis et miseriae, dies magna et amara valde. Dum veneris iudicare saeculum per ignem. Requiem aeternam dona eis Domine: et lux perpetua luceat eis. Libera me, Domine, de morte aeterna, in die illa tremenda: Quando caeli movendi sunt et terra: Dum veneris iudicare saeculum per ignem.
Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.
El Oficio de Difuntos para coro a seis voces de Tomás Luis de
Victoria fue interpretado por primera vez en 1603 y publicado en Madrid
dos años después. Tras haber pasado unos años cruciales en Roma donde
publicó la mayor parte de su obra y donde fue ordenado sacerdote, el
maestro, nacido en Ávila, volvió a España para ocupar el puesto de
capellán y maestro de capilla del Convento de las Descalzas Reales en
Madrid, hogar de la hermana de Felipe II, la Emperatriz María para cuyos
funerales Victoria compuso esta magnífica obra. La Misa fue dedicada a su
hija, la princesa Margarita.
Ya desde la Edad Media la Iglesia dio una importancia sustancial a la
liturgia de difuntos. Dufay y Ockeghem fueron los primeros compositores en
utilizar la polifonía para los oficios de difuntos. Sin duda, los
compositores españoles y portugueses del siglo XVI y comienzos del XVII,
escribieron este tipo de obras de forma casi sistemática: Pedro de
Escobar, Juan García de Basurto, Cristóbal de Morales, Francisco de
Guerrero, Tomás Luis de Victoria, Duarte Lôbo y Manuel Cardoso
contribuyeron al florecimiento musical de este texto, particularmente dramático,
que coronaba el momento más misterioso e inquietante de la vida
cristiana. Es, sin duda, este segundo Requiem de Victoria el más
famoso de todos, una obra cumbre de toda la literatura polifónica, y el
que más atención ha despertado por su inigualable calidad musical. (Su
primero para coro a cuatro voces fue publicado en 1533).
Además de su interés meramente musical la publicación de esta obra
tiene -con la perspectiva que da el tiempo- un especial valor simbólico
pues representa un adiós no sólo a la propia vida del abulense, fue la
última obra compuesta por Victoria que moriría pocos años después,
sino un adiós también a la propia música renacentista y a una época de
gloria para nuestras artes (literatura, pintura, música, etc) que nunca más
se habría de repetir.
Para muchos el Requiem de Victoria es la obra más representativa
de la música española renacentista. Gracias a su intensidad expresiva
conseguida con los medios más simples y su callado fervor emociona como
pocas. La tan repetida austeridad de Victoria alienta un discurso musical
fluido, sereno, equilibrado y profundamente arraigado a su Castilla natal.
Una obra de arte sin más aspiraciones que la comunión espiritual con
Dios y el deseo de descanso eterno.
Victoria compuso la música para la propia Misa además de un motete
funerario Versa est in luctum, la Absolución Libera me, que
sigue a la Misa, y la segunda lección de Maitines para los Difuntos, Taedet
animam meam, a cuatro voces, inmejorable pórtico de entrada a la obra.
(visita del Papa Benedicto XVI, Basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, 19 de agosto de 2011)
Victoria
es el máximo representante del Renacimiento español. Nace en Ávila seguramente
en 1548 y comienza su vida musical como niño del coro de la Catedral de Ávila.
Se traslada a Roma hacia 1565 para sus estudios eclesiásticos y es acogido en
el Collegium Germanicum de los jesuitas, donde coincide con dos hijos de
Palestrina. Después abandona dicha institución para ingresar como cantor y
organista de Santa Maria de Monserrato en Roma y vuelve al Collegium Germanicum
en 1571 como profesor de canto llano. En 1571 sustituye a Palestrina como
maestro de capilla del Seminario Romano. Publica en Venecia su primer libro de
motetes (1572), ss ordenado sacerdote en 1575 y en 1576 se afilia a la
Comunidad de San Felipe Neri, ejerciendo como capellán en dos iglesias romanas
y publicando diversas obras.
Regresa
a España en 1585 (probablemente), donde en 1587 consta que es capellán personal
de la emperatriz María de Austria. Quizá fue también capellán y maestro de coro
del convento de las Clarisas Descalzas en Madrid. Reedita los motetes y vuelve
a Roma en 1593, donde asiste a los funerales de Palestrina el año siguiente. Vuelve
definitivamente a España en 1595 como capellán de las Descalzas Reales y muere
el 27 de agosto de 1611.
“Ave, Maria” a cuatro voces
Según
todos los indicios, esta obra que figura en el repertorio de prácticamente
todos los coros, parece ser una obra apócrifa, como se deriva de estos datos:
·No figura en ninguna de las ediciones impresas
·
Pedrell la incluyó el en su edición sólo porque había aparecido en una
importante antología de XIX, a cargo del musicólogo Karl Proske, donde figura
esta obra por vez primera.
· Hay una teoría que sostiene que Proske en su
recopilación de “Musica divina“ dejó para el último volumen algunas obras de
autores desconocidos y que un discípulo suyo que completó la edición tras la
muerte de Proske, atribuyó a Victoria este “Ave Maria”.
· Hay quien opina que en
realidad se trata de una composición del mismo Proske. Otros expertos apuntan
las diferencias estéticas entre esta obra y el resto de la obra polifónica del
abulense. Por ejemplo, la repetición de la frase “Sancta Maria, mater Dei” es
más propia de una estética barroca que renacentista.
Por
último, otros destacan que habiendo publicado el propio Victoria prácticamente
su obra completa mientras vivía, con reediciones numerosas y muy cuidadas, no
conste ninguna referencia a la misma hasta el siglo XIX, salvo que se trate de
obras menores despreciadas por el autor.