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domingo, 13 de enero de 2013

Maurice Ravel: "Daphnis et Chloé", Suite nº 2


Orquesta Sinfónica Simón Bolívar
Gustavo Dudamel, director

Maurice Ravel fue alumno de Fauré en el Conservatorio de París. Su obra se divide bastante nítidamente en dos etapas. A la primera, impresionista, que acusa una marcada influencia de Debussy, corresponden obras como Habanera, Espejos, Gaspard de la nuit (las tres compuestas inicialmente para piano, luego orquestadas) y el ballet Dafnis y Cloe.
 
Maurice Ravel (1875-1937)
En los años posteriores a la primera guerra mundial se inclina hacia la modalidad. De este momento son La valse, La hora española y Boléro. Esta última pieza, la más famosa entre las suyas, se convirtió en uno de los pioneros de la música contemporánea. En Boléro se escuchan dos temas que se repiten, sin variación, diecinueve veces, con la particularidad de que, cada vez, el tema es objeto de una nueva instrumentación. “Efectos orquestales sin música” llamó Ravel, quizá con excesiva modestia, a su genial aportación a la instrumentación orquestal. 
 
Con aproximadamente una hora de duración, el ballet Daphnis et Chloé, estrenado en París en 1912, es la obra más larga de Ravel. La música, una de las más apasionadas del compositor, está considerada como uno de los exponentes de las de mejor calidad en Ravel, con armonías extraordinariamente exuberantes típicas del Impresionismo musical. Posteriormente el compositor seleccionó varios fragmentos del ballet para hacer dos suites orquestales, la segunda de las cuales es particularmente popular. La obra completa en sí es interpretada más en concierto que en escena.
 

Claude Debussy: La mer



Orquesta del Festival de Lausanne
Claudio Abbado, director

En el verano de 1903, Debussy le escribe a su amigo, el director de orquesta, André Messager: he comenzado a trabajar en tres bocetos sinfónicos titulados: 1.- Bello mar de las islas sanguinarias, 2.- Juego de olas, y 3.- El viento hace danzar al mar. La obra se llama El mar. Usted bien sabe que yo estaba destinado a la hermosa carrera de marinero y que sólo los azares de la existencia me obligaron a ir por caminos diferentes. He conservado, sin embargo, una sincera pasión por él.
Habrán de pasar poco más de dos años para el estreno de la obra. En esa época, Claude Debussy era aún el exitoso compositor de la ópera Pelléas y Mélisande, basada en la obra de teatro de Maeterlinck, y se esperaba de él una música que continuara el lenguaje de Pelléas. Mas se sabe de su marcada animadversión a repetirse a sí mismo de obra a obra. Si eso sucediera, decía, me dedicaría inmediatamente a cultivar piñas en mi cuarto. Nunca lo tuvo que hacer: con la música de El mar, el compositor renovó su lenguaje musical una vez más y se alejó  para siempre de la sombra de Mélisande.
Después de algunos excesos de la orquestación en el campo sinfónico, aquélla se reconstruye gracias a Claude Debussy, que profundiza en el estudio de la técnica instrumental de Rimski-Kórsakoff e, indirectamente, en la de su compatriota Berlioz. En Debussy la orquesta resulta todavía más refinada y sensible, capaz de lograr los más sutiles matices de color y expresión. Debussy utiliza el mismo principio que Rimski-Kórsakoff, pero creando algo nuevo desde el punto de vista de la melodía y la armonía, pues al ruso le faltaron los conocimientos necesarios para extraer todas las posibilidades de lo que había logrado. La técnica instrumental de Debussy tiene como base la individualización de los grupos instrumentales y, a veces, de instrumentos individuales. Si se compara su orquesta con la de Wagner se advierte que es casi la misma, sólo que el tratamiento instrumental cambia completamente.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Manuel de Falla: Noches en los Jardines de España





Alicia de Larrocha, piano
Orquesta Sinfónica de Montreal
Charles Dutoit, director 

La obra lleva por subtítulo Impresiones sinfónicas para piano y orquesta, lo que indica una ascendencia debussysta; incluso en El Generalife se oye una clara alusión a un pasaje de Diálogo del viento y el mar, tercera parte de El Mar de Debussy. Por otra parte, entre los borradores de la obra se encuentran, recopilados y comentados por Falla, pasajes orquestales de Pelléas et Mélisande que atestiguan el estudio profundo que realizó de las combinaciones sonoras del maestro francés. 
Desde el punto de vista formal, si bien Noches en los Jardines de España se estructura en tres partes —En el Generalife, Danza lejana, En los jardines de la Sierra de Córdoba— no se trata de un concierto para piano, sino una sucesión de cuadros cuya unidad está asegurada por unos diseños melódicos desarrollados en toda la obra mediante un consumado arte de la variación y por el uso constante de ritmos de danzas andaluzas. Sus dos movimientos extremos no desembocan en codas triunfales sino que se desvanecen en el  perfumado misterio de la noche granadina y cordobesa; el segundo nocturno enlaza directamente con el tercero mediante un pasaje pianístico en octavas partidas que evoca un vigoroso taconeo. No existe en esta obra oposición entre el instrumento solista y la masa orquestal. El piano está plenamente integrado en el tejido sinfónico y contribuye con su timbre a la creación de bellos e inéditos colores orquestales. Cuando cobra protagonismo no es para hacer alarde de virtuosismo, sino para evocar con sus arabescos y cascadas de arpegios el suave murmullo de los surtidores de los jardines de la Alhambra, o para entregarse en el último movimiento a expresivos soliloquios en los que su canto raya en lo jondo. 

 Manuel de Falla (1876-1946)

Falla dedico las Noches al gran pianista catalán Ricardo Viñes que ya había estrenado en París sus Cuatro Piezas españolas el 27 de marzo de 1909. Viñes no dispuso del tiempo necesario para estudiar la obra y fue el pianista gaditano José Cubiles quien finalmente la estrenó el 9 de abril de 1916 en el Teatro Real de Madrid bajo la dirección de Enrique Fernández Arbós. Veinte días más tarde, el propio Falla la interpretó por vez primera en Cádiz y Viñes sería su solista el 13 de septiembre siguiente en San Sebastián, ambos también bajo la batuta del Maestro Arbós.