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domingo, 22 de diciembre de 2013

Carl Philipp Emanuel Bach: Concierto para oboe y orquesta de cuerda en si b mayor, H. 466, Wq. 164 (II. Largo e mesto)

Stefan Schilli, oboe
Bach Collegium de Múnich
Christopher Hogwood, director

Carl Philipp Emanuel (Weimar 1714- Hamburgo 1788) es el cuarto de los veinte hijos de Johann Sebastian Bach. En su música pueden ser encontrados los primeros elementos del Romanticismo, presentes en el llamado Empfindsamer Stil, del que fue uno de los principales representantes, y que lo señala como un compositor vinculado al Clasicismo. También es el último gran maestro del clave hasta llegar al siglo XX.

Mozart y Haydn admiraron su trabajo y adoptaron elementos de su lenguaje en sus obras instrumentales. Desde pequeño fue apadrinado por Georg Philipp Telemann, de quien heredaría el puesto de director musical de Hamburgo, lo que lo hizo conocido como el Bach de Hamburgo. Entre sus aproximadamente 300 obras instrumentales destacan sus Seis sonatas prusianas y Seis sonatas Wuttenberg, así como su Fantasía para clavicémbalo y acompañamiento.

Su nombre cayó en cierto olvido en el siglo XIX. Robert Schumann consideró que "como músico creador quedaba muy lejos de su padre"; por el contrario, Johannes Brahms le tuvo en gran estima y editó algunas de sus obras.

En la actualidad, los estudiantes interpretan con frecuencia sus Sonaten für Kenner und Liebhaber, y también es frecuente la interpretación de sus oratorios Die Israeliten in der Wüste y Die Auferstehung und Himmelfahrt Jesu, así como varios conciertos para clavicordio, como el Concierto en Sol mayor (Wq. 3) y en Re mayor (Wq. 11), para flauta en re menor (Wq. 22) forma parte del repertorio habitual de los flautistas de todo el mundo, sobre todo debido a su incomparable movimiento inicial, así como sus Conciertos para oboe en mi bemol mayor,  H. 468, Wq. 165, y en si bemol mayor, H. 466, Wq. 164.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Robert Schumann: Romanzas para oboe y piano, op. 94

Albrecht Mayer, oboe
Hélène Grimaud, piano

La fantasía del Romanticismo alemán encendió la imaginación y la fina sensibilidad de Schumann, quien, paradójicamente, también figuró entre los primeros músicos de su tiempo que escudriñaron el pasado y valoraron la herencia de Bach. Del mismo modo, nunca abandonó la música de cámara pese a que “los vientos” soplaban hacia el terreno orquestal, el cual comenzaba el proceso de expansión que culminaría en la opulencia sonora del post-romanticismo. Schumann escribió en Diciembre de 1849 sus Tres Romanzas para Oboe y Piano, Op. 94, las cuales merecen citarse entre las mejores páginas dedicadas a este instrumento en el Romanticismo. Obediente a sus convicciones, Schumann evita el mero lucimiento; la intensa expresividad de estas piezas no exige arduas proezas técnicas, lo cual las coloca al alcance de un buen músico aficionado. Por cierto, el oboe puede ser reemplazado por el cello o el violín o el clarinete, atendiendo a razones prácticas.
La primera pieza —indicada Nicht schnell, “no rápido”, algo así como Moderato— exhibe un precioso tema del oboe sobre un elaborado y efectivo acompañamiento (Schumann elevó el piano acompañante a un nuevo nivel de calidad). La segunda pieza está señalada como Einfach, innig —“Sencilla y ardorosamente”, algo así como Semplice, ma con fuoco— y a la tranquilidad de su predecesora añade tensión en la parte central. Otra indicación Nicht schnell distingue a la pieza final, más áspera y colorida, sugerencia estética de la que Brahms tomaría buena nota.
Desde su publicación en 1851, estas Tres Romanzas han figurado en el repertorio de los oboístas.

lunes, 28 de enero de 2013

Georg Friedrich Haendel: Llegada de la reina de Saba, de "Salomón" HWV 67

Albrecht Mayer, oboe
Arkadiusz Krupa, oboe
Sinfonia Varsovia

Hacia 1710 llegan hasta Inglaterra las primeras compañías de ópera italianas, que ya habían conquistado toda Europa. Con ellas viajan músicos muy estimables (Bononcini, Veracini, Porpora) que se instalan en Londres y logran el favor del público. Y no sólo en la ópera sino también en lo instrumental. El violín comienza a ser el instrumento preferido.
 Georg Friedrich Händel (1685-1759)

En este clima dominado por los italianos se sitúa la etapa londinense de Georg Friedrich Haendel. Nacido en Alemania en 1685, Haendel viajó mucho por su país pero su formación se completó en Italia, donde se instaló en 1706. Allí conoció y asimiló las músicas de Corelli, Alessandro Scarlatti y Vivaldi, cuya influencia no olvidará nunca. Tras el éxito de sus primeras óperas se traslada a Londres, donde se instala definitivamente en 1719. Allí funda la Royal Academy of Music y triunfa plenamente con excelentes óperas, italianas de espíritu, pero de rigor germánico: Giulio Cesare in Egitto, HWV 17, por ejemplo. Su estilo musical, en contacto con la antigua escuela inglesa ‒Purcell especialmente‒ va evolucionando hasta convertirse en un lenguaje muy personal. Por eso mismo, al alejarse del fácil italianismo que gusta al público, pasará grandes dificultades. La competencia con las óperas italianas le hará volcarse en un género musical muy del gusto inglés: el oratorio.
Los oratorios de Haendel, escritos en inglés, suelen ser una vasta epopeya en la que se narra con lenguaje grandioso y melodías elegantes la historia sagrada. Se intercalan grandes y solemnes trozos corales y la orquesta incluye, sobre la base de los violines, todo tipo de instrumentos. Israel en Egipto, El Mesías (1741), Judas Macabeo, Jefté... son tal vez los ejemplos más conocidos, pero no los únicos.
Su obra se completa con numerosas composiciones instrumentales: conciertos para órgano y orquesta, que él mismo interpretaba ante el público; conciertos para tocar al aire libre, como su Música acuática, o su Música para los Reales Fuegos artificiales...
Cualesquiera que sean los elementos de que dispone, el estilo de Haendel es, ante todo, muy claro en su estructura y muy elegante y directo en su formulación.  Como el público al que se dirige suele ser numeroso ‒y ha pagado su entrada‒ debe utilizar un lenguaje sencillo pero al mismo tiempo grandioso, que domine al auditorio rápidamente. Su finalidad es impresionar y subyugar. El gran mérito de Haendel es haberlo conseguido sin dejar de ser un músico de altísima calidad.
Tras su muerte en 1759, la música inglesa como la de toda Europa, se encamina hacia un nuevo estilo, un nuevo clasicismo. En Londres la nueva estética es preludiada por uno de los hijos de Bach, Johann Christian, y triunfará plenamente con los viajes de Haydn y sus sinfonías londinenses.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Alessandro Marcello: Concierto para oboe y orquesta de cuerda en Re menor

Allegro-Adagio-Presto

Fabien Thouand, oboe
I Cameristi della Scala


Alessandro Marcello (1673-1747) fue un noble y diletante veneciano que se interesó por diversas áreas, como la poesía, filosofía, matemáticas y la música, quizás en la que fue más notable. Contemporáneo de Antonio Vivaldi, Marcello también daba conciertos en Venecia. Compuso y publicó varios grupos de conciertos, como los publicados bajo el título de La cetra (la lira), así como cantatas, arias, canzonettas y sonatas para violín. Marcello solía firmar  sus obras con el seudónimo de Eterio Stinfalico, su nombre como miembro de la famosa Academia Arcadiana (Pontificia Accademia degli Arcadi).

Aunque se toca con poca frecuencia hoy en día, Marcello está considerado como un compositor muy estimable. Sus conciertos de La cetra son inusuales por encomendar las partes de solista a los instrumentos de viento, así como el discreto empleo del contrapunto al estilo vivaldiano.

Su Concierto en Re menor para oboe, cuerdas y bajo continuo es quizás su obra más conocida. Su popularidad se debe a la transcripción para clave en Do menor BWV 974 que hizo Johann Sebastian Bach.