El Preludio Op. 28, nº 15, de Chopin, conocido como el preludio de las "Gotas de Lluvia", es uno de los veinticuatro Preludios de este autor. Su duración habitual está entre cinco y siete minutos, siendo el sostenuto el más largo de todos los preludios. Esta composición es conocida por su repetitiva nota La bemol, que aparece a lo largo de toda la pieza, que para muchos oyentes evoca las gotas de lluvia.
Además de las polonesas y las
mazurcas, Chopin compuso obras basadas en otras danzas. Al igual que aquéllas,
estas piezas no son precisamente música para bailar, sino una estilización,
«música de salón» (como buena parte de la producción de Chopin), escrita para
tocar en los salones, aunando el impulso rítmico, la expresión y el brillo
instrumental.
En esa época, el vals era el
baile vienés que comenzaba a hacer furor en los salones de toda Europa, gracias
sobre todo a Johann Strauss (padre). Sin embargo, la mayoría de los valses
chopinianos están lejos de ese carácter. Para Mendelssohn, éstos no tenían de
vals más que el nombre. Quizás no deba buscarse en éstos lo danzable, pues
parecen transmitir sugestiones que no aluden directamente al baile, sino al
recuerdo personal que le dejó el ambiente (evocación que hace recordar el origen
de La Valse de Ravel). Robert Schumann dijo: «Cada vals de Chopin es un breve
poema en el que imaginamos al músico echar una mirada hacia las parejas que
bailan, pensando en cosas más profundas que el baile».
Es significativo que dos
de los valses de Chopin estén dedicados a sus primeros dos amores: el Op. 70 nº 3, dedicado
a Konstancja, o el Op. 69 nº 1, el Vals del adiós, dedicado a Maria. Además de
ser declaraciones amorosas, se hallan expresadas en estas obras la ligereza
-como en el Op. 64 nº 1 (el llamado Vals del minuto)- o la melancolía - en el Vals du
regret (Op. 34 nº 2), además del Vals brillante (Op. 18). Por otro lado, para
reconsiderar la etérea cualidad bailable de esta música, es muy sugerente la escucha del
ballet Las Sílfides, íntegramente
compuesto en orquestaciones de obras de Chopin (entre ellas algunos valses,
como este Op. 64 nº 2).
El Vals opus 64 número 1 en re bemol mayor fue compuesto por Fryderyk
Chopin en 1847 como el primero de sus Trois
Valses. Muchas veces se cree que su nombre se debe a que su interpretación
se ejecuta en un minuto, pero en realidad, el apelativo del minuto se debe a un
equívoco provocado por una mala traducción de la palabra minute, cuyo significado en francés no quiere decir minuto sino
diminuto.
Herbert Weinstock nos explica en Men of Music: Their Lives, Times and
Achievements porqué el Vals del
Minuto también se le conoce como el Vals
del Perrito –mejor dicho, del cachorro-, con estas palabras: “No es
necesario decir que esta notable efusión de encanto puro no debe interpretarse
en un minuto; ni tampoco que la melodía de la mano derecha no debe tocarse a
imitación de un perro que persigue su propio rabo, aunque sea cierto que Chopin
lo improvisara al indicarle George Sand la gracia rítmica de un perrillo
jugueteando para morderse el rabo”.
No ha podido demostrarse que Sand
sugiriera a Chopin que compusiera algo sobre un perrito en la casa que aquella
poseía en Nohant, pero es una historia curiosa que se asocia frecuentemente con
esta pieza.
Los veintiún Nocturnos son piezas cortas escritas por Chopin entre los años 1829
y 1846. A excepción de los op. 9 y op. 15, compuestos de tres nocturnos cada
uno, el resto, entre los que se encuentra el opus 48, están compuestos sólo por
dos.
Los dos Nocturnos Op. 48 de Frederic Chopin están dedicados a la señorita
Duperre y fueron escritos en 1841. El primero de ellos, un movimiento marcado
como Lento, con un motivo más triste
que melancólico es, probablemente la obra maestra de todos los nocturnos de
Chopin.
La Berceuse op. 57 de Frédéric Chopin es una obra para piano, escrita
entre 1843 y 1844 y publicada en Leipzig en 1845. Está escrita en Re bemol
mayor y es un conjunto de variaciones sobre un tema ostinato de gran equilibrio e inspiración.
Las polonesas son una forma musical que fue muy cultivada por el compositor polaco Fryderyk Chopin, quien escribió al menos veintitrés de ellas, las cuales se cuentan entre las más célebres y notables. Chopin escribió polonesas durante la práctica totalidad de su vida musical, pues la primera data de 1817, cuando tenía tan sólo siete años de edad; y la última, la conocida Polonesa-fantasía, se publicó en 1846, tres años antes de su fallecimiento. Por otro lado, la mayoría de las polonesas de Chopin son para piano solo, pero también están el Andante spianato et Grande Polonaise brillante, Op. 22 en mi bemol mayor, para piano y orquesta —aunque existe además una versión para piano solo—, y la Introducción y polonesa brillante, Op. 3 en do mayor para piano y violonchelo. Algunas de las polonesas más conocidas son la Op. 40, en La mayor, Militar, y la Op. 53, en La bemol mayor, Heroica, que está fuertemente influenciada por la anterior, por lo que su introducción es similar.
Scherzo en italiano significa
“broma”. La palabra comienza a aparecer asociada a la música en el Clasicismo.
En el siglo XVIII, tras Haydn y Beethoven, era frecuente que uno de los
movimientos de una Sonata para piano, una Sinfonía o un Cuarteto fuera un Scherzo. Formalmente el Scherzo era exactamente igual que un
Minueto clásico. Tenía tres partes, A-B-A´. La dos partes exteriores son
prácticamente iguales, y la del medio –denominada Trío, según Charles Rosen de
manera ilógica, ya que no hay demasiadas similitudes con el género del Trío-,
contrastante en el sentido de bajar la tensión, el movimiento y la textura. ¿En
qué se diferencia entonces el Minueto del Scherzo?
Pues en ese componente bromista. El metro, el compás, sigue siendo ternario,
pero el ritmo es más rápido y, al mismo tiempo, más juguetón, más bromista,
trasladando esa “alegría” también a la naturaleza de la línea melódica. Además
es una pieza independiente de cualquier otro género: Sinfonía, Cuarteto…
Este es el tipo de Scherzo que nos encontramos en Chopin,
evidentemente imbuido del estilo musical romántico, es más avanzado que el de
sus predecesores en cuestiones armónicas, melódicas, etc. Chopin escribió sus
cuatro Scherzi entre 1835 y 1843. La
forma de los Scherzi nº 1, op. 20 en
si menor, nº 2 op. 31, en si b menor y nº 4 op. 54, en mi mayor, es exacta al
modelo antes explicado, es decir, existe una sección A, en la que se presenta
un material que es el que dota de personalidad al Scherzo. Melódicamente responde a la perspectiva bromista que se
espera, no sólo por el carácter virtuoso, si no por el contrastante y algo
alocado concepto de la continuidad temática, muy cambiante, con recursos
escalísticos, acordales y arpegiados como posibilidades que enriquecen el
material. Luego llega la sección B, el Trío. Los cortes entre secciones en
ocasiones se muestran tajantes, contundentes, con un simple golpe de acorde
fortísimo que separa la sección de la que venimos -A- a la que vamos –B-, más
delicada, de naturaleza más relajada, en ritmo, textura y melodía. Tras la
sección B, vuelve A, pero modificada ligera o menos ligeramente, con la
intención de concluir.
El vals ha sido el baile de salón
más famoso del siglo XIX. En sus orígenes se le relaciona con la Deutsche (danza alemana) y el Ländler de finales del S.XVIII. A
principios del S. XIX obtuvo mucha popularidad, a pesar de las objeciones que
hacían los moralistas e incluso los médicos (por la velocidad con la que los
bailarines giraban). Se trata de una danza en compás de 3/4 y de un carácter
variable.
Uno de los primeros virtuosos del
piano que compuso valses fue Hummel. También Beethoven, en sus Variaciones Diabelli, escribía sencillas
melodías en tiempo de vals. Pero fue Schubert el compositor que por primera vez
escribió música específica con el apelativo de Vals. El Vals op. 64 nº 1 de Chopin, conocido como “Vals del
minuto”, es de los más originales
Los Estudios de Chopin se concibieron para las doce escalas mayores y menores. Están contenidos en dos cuadernos de 12 piezas cada uno, a los que se suman otros tres, póstumos. El primero de estos cuadernos corresponde al Opus 10, y fue dedicado a Franz Liszt. El segundo, es decir el catalogado como Opus 25 está dedicado a la condesa Marie d'Agoult, amante de Liszt en aquella época. Compuestos en Varsovia, probablemente Viena, Stuttgart, y más tarde en París, los Estudios fueron publicados finalmente en esta última ciudad, entre 1832 y 1837. La dificultad técnica más destacada que aborda el Estudio n° 12 del Opus 10, "Revolucionario", es la ejecución muy rápida de escalas y arpegios amplísimos confiados a la mano izquierda, barriendo prácticamente todo el teclado, lo que dota a la pieza entera de un carácter que podría decirse "estrepitoso", condición sorprendentemente válida asimismo para los pasajes en diminuendo, en cuyo caso la dificultad es todavía mayor. Sin embargo, habrá que destacar también que, pese a la enorme exigencia, la mano, herramienta indispensable en este oficio, permanece "cómoda" durante gran parte de la pieza –y las manos grandes lo estarán más que las pequeñas–, es decir, la mano izquierda está casi siempre cercana a su disposición natural, minimizando así la posible fatiga o el agarrotamiento, porque la mano repite estructuras que le "acomodan", aun cuando deba trabajar a gran velocidad.
Año: 1944. Duración: 113 min. País: Estados Unidos. Director: Charles Vidor. Guion: Sidney Buchman. Fotografía: Tony Gaudio & Allen Davey. Reparto: Paul Muni, Merle Oberon, Cornel Wilde, Stephen Bekassy,
Nina Foch, George Coulouris, Sig Arno, George Macready. Producción: Columbia Pictures. Galardones: 6 nominaciones al Oscar, incluyendo mejor actor (Wilde),
historia, fotografía, sonido (1945).
Sinopsis: Cornel Wilde da vida
a Frederick Chopin, un joven prodigio pianista aspirante a compositor cuyo amor
por su Polonia natal inspira su música y enciende su ira contra los rusos
invasores que la ocupan. Su rebeldía frente a la ocupación hace que su vida
corra peligro y Chopin es llevado a París por su mentor, Joseph Elsnor (Paul
Muni). Allí se encontrará con la novelista George Sand (Merle Oberon). Bajo su
influencia, Chopin se convierte en la sensación internacional, tocando para
todos los públicos de Europa. Pero el corazón de Chopin pertenece a su amada
Polonia, y su vida en el exilio se convierte poco menos que en insufrible...
Comentario: Biografía de
Frederick Chopin, que se centra principalmente en su relación con la escritora
Amandine-Aurore, más conocida por George Sand, una mujer rebelde para su tiempo.
Cornel Wilde y Merle Oberon se metieron en la piel de ambos personajes, en este
interesante film que trata el patriotismo de Chopin de una manera romántica. Irónicamente,
cuando la película fue producida (1944), Polonia estaba en una situación similar
a la vivida en los tiempos de Chopin. Otra vez estaba bajo control extranjero,
en este caso alemán, durante la Segunda Guerra Mundial.
Mazurka (en polaco, "Mazurek") es una forma musical
asociada con el oberek o mazur, una danza popular.
La mazurka fue, en principio, un baile de salón de la corte real
y la nobleza polaca y que con el tiempo se transformaría en una danza para las clases
populares. Escrita en compás ternario (3/4, 3/8), se caracteriza por
sus acentos en los tiempos segundo y tercero, en contraste con el vals. También se parece mucho al minué (de origen francés, la más
famosa danza cortesana del siglo XVIII) en cuanto a su estructura y a su ritmo
moderado.
El Mazur transformado en Mazurka se hizo popular en toda
Europa junto con la polca (de estructura similar) durante la segunda mitad del
siglo XIX. Fue el baile de moda de las grandes capitales europeas. Es una danza de carácter animado y
gallardo. La Mazurka es por lo general más rápida que la polonesa y tiene otro
acento.
Chopin llegó a componer cerca de 60 mazurkas entre 1825 y 1849. De las 58 publicadas, 45 lo fueron
durante la vida del compositor (de las cuales 41 tienen número de opus) y otras
13, de forma póstuma.
Productora: Coproducción
GB-Francia-Polonia-Alemania; R.P. Productions / Heritage Films / Studio
Babelsberg / Runteam Ltd.
Wladyslaw
Szpilman, un brillante pianista polaco de origen judío, vive con su familia en
el ghetto de Varsovia. Cuando, en
1939, los alemanes invaden Polonia, consigue evitar la deportación gracias a la
ayuda de algunos amigos. Pero tendrá que vivir escondido y completamente
aislado durante mucho tiempo, y para sobrevivir tendrá que afrontar constantes
peligros.
En esta espléndida
película Polanski ambienta con admirable realismo el guetto de Varsovia -una
cárcel de indignidad, muerte y sufrimiento- para mostrar la barbarie nazi y la
supervivencia judía con crudeza sin caer en efectismos. Consciente de que
Spielberg dejó sentenciada la última palabra sobre el holocausto, el director
polaco se centra en la dramática antesala de los campos de exterminio -en una
primera parte formidablemente narrada-, para impulsar la película a altas cotas
de interés y emoción en la desoladora y solitaria odisea de Brody, culminada
con, quizá, la más bella escena de cine de todo el año 2002: la secuencia del
piano ante la imponente presencia del oficial alemán, en la que Szpilman
interpreta accidentalmente la Balada nº 1
en sol menor de Chopin.
Cuando
Chopin publicó su primera serie de nocturnos no fueron demasiado bien recibidos
y hubo diferentes reacciones entre los críticos más puristas y los que veían en
ello una nueva forma de “escapismo” del corsé de la música clásica más
académica. Sin embargo, a lo largo de los años gran parte de esas afirmaciones
se han ido madurando y analizando y a día de hoy, prácticamente nadie cuestiona
la grandiosidad de los nocturnos, si bien es cierto que estas piezas del repertorio
musical de Chopin no siempre fueron tan populares como lo son ahora, y los
únicos que se han mantenido más o menos ajenos al gusto estético de cada
momento han sido: el Opus 9 número 2 en mi ♭mayor y el Opus 27 número 2 en re♭mayor.
Varios compositores, tanto contemporáneos como
posteriores a Chopin, reflejan en sus nocturnos la influencia del polaco.
Artistas como Johannes Brahms y Richard Wagner muestran una factura similar a los
de Chopin en melodía y estilo. Otros como Mendelssohn, Schumann o Liszt le
alabaron en vida y destacaron su genialidad como compositor, por lo que se
puede deducir que su música tuvo un importante impacto social y cultural en el
panorama artístico del período romántico.
La música de Chopin es
uno de los puntos de partida de la escritura pianística de la segunda mitad del
siglo XIX y de todo el siglo XX. Sin Chopin la música de fines del siglo XIX y
comienzos del XX resulta sencillamente inimaginable.
Los
nocturnos suelen ser piezas
tranquilas, expresivas y líricas, a veces un tanto oscuras, que, a pesar
de su poético y misterioso nombre pueden ser portadores de intensas emociones.
La palabra Nocturno,
que ya fue empleada por Haydn, designaba
principio una serenata, todavía sin relación alguna con la forma que ilustraría
Chopin.
El nocturno
en su forma más común, es decir, como una pieza de un solo movimiento
generalmente escrita para piano solo, fue un género cultivado sobre
todo en el siglo XIX. Los primeros fueron obra de John Field, alumno
de Clementi y verdadero padre del nocturno
romántico, quien dotaba a sus obras de una característica melodía cantabile con un acompañamiento
arpegiado, muy similar al de la guitarra. Sin embargo, el más valioso exponente
de esta forma musical es Fryderyk Chopin, que escribió veintiuna obras de
este tipo.
Los nocturnos chopinianos fueron escritos entre 1829 y 1846.
Los numerados del 1 al 18 se publicaron en vida; el resto son obras póstumas.
Uno de los aspectos que Chopin conservó del estilo del nocturno de Field fue la
“melodía cantada” en la mano derecha, lo que es una de sus características más
peculiares: el empleo de la melodía como si fuera una voz humana le confiere
una mayor profundidad emocional a la pieza. Por otro lado, el hecho de tocar
“acordes rotos” con la mano izquierda, o el uso intensivo del pedal a través de
las notas sostenidas, así como el ritmo fluctuante, el uso del contrapunto, la
armonía o la propia estructura de la forma son algunos de los elementos que
contribuyen a crear ese ambiente tan especial, cálido y dramático que podría
tildarse de “estética particular” en la música de Chopin.
El Impromptu Fantasía
("Fantaisie-Impromptu" en francés) en do sostenido menor, opus
póstumo 66 fue compuesto por Fryderyk Chopin en 1834. Es una de las
composiciones más conocidas de Chopin. A pesar de su belleza y fantasía Chopin
no tenía la intención de presentarla al público. De hecho, le había pedido a un
amigo, Julian Fontana, que tras su muerte quemara la partitura.
Se dice que ello se debería a
cierta similitud con la Sonata "Claro de luna" de Beethoven. Por
ello, Chopin se abstuvo de publicar su obra para evitar posibles críticas. Sin
embargo, seis años después de la muerte de Chopin, sería publicada por Julian
Fontana como obra número 66 de su catálogo.
Un estudio musical (suele también titularse en francés, como étude) es una composición breve para practicar alguna habilidad técnica en la ejecución de un
instrumento solista. Por ejemplo, el Estudio
Op. 25 nº 6 de Chopin tiene como propósito que el pianista se ejercite en
tocar rápidamente intervalos de tercera cromáticos, el Op. 25 nº 7 se centra en una melodía cantable en una textura
polifónica, y el Op. 25 nº 10 aborda
las octavas paralelas.
El Estudio Op.10 nº 3 en mi mayor, también conocido como
"La Tristesse" (del francés: la tristeza), es un estudio con un lento
cantabile en el que la mano derecha ha
de mantener un tono melódico a la vez que ayuda con el acompañamiento. El interpretar
la voz principal y parte del acompañamiento con una sola mano es de gran
dificultad.
Fryderyk Chopin escribió la Polonesa Op. 53 en la bemol mayor para piano solo, también conocida como "Heroica" (Polonaise heroïque en francés), en 1842 . La pieza está dedicada a A. Leo ("à Mr. A. Leo"). Esta obra maestra es una de las composiciones más conocidas
de Chopin y pertenece a la categoría de las piezas favoritas del repertorio para piano. Es una
pieza muy exigente que requiere habilidades excepcionales y gran virtuosismo para
ser tocada con el nivel de calidad apropiado.
Aunque la pieza está calificada como "polonesa",
en realidad tiene muy poco que ver con el estilo típico de las polonesas.
Presenta dos secciones con un ritmo que sí es propio de las polonesas, pero la
mayoría de la obra se aparta de las características de ese tipo de composición
musical. Se ha dicho que Chopin la compuso con una Polonia libre y poderosa en
mente, lo que podría haberle llevado a calificar su obra de
"polonesa".
El Concierto para
piano y orquesta nº 1 es, en realidad, el segundo compuesto por Fryderyk
Chopin. Fue publicado en 1833 en Leipzig pero escrito seis meses después que el
nº 2, publicado en la misma ciudad en 1830. Chopin contaba veinte años cuando
lo terminó y esa juventud, esa frescura encarnada en un romanticismo
desenfadado, son patentes a lo largo de toda la obra. Sin embargo, estos
primeros conciertos, cuyas partituras llevaba Chopin en su maleta cuando se
trasladó a París desde su Polonia natal, han sido siempre criticados por su
gran diferencia de calidad entre la orquestación ("fría y casi
inútil" para Berlioz) y la parte solista para piano, que evidencia su
maestría en la escritura para este instrumento.
El Concierto está
estructurado en tres movimientos:
El primero, Allegro
maestoso, sigue el modelo prefijado de la sonata clásica, aun cuando Chopin
despliega en él toda su inventiva con gran libertad. La introducción orquestal conduce
a los temas principales del movimiento, el primero más dramático y el segundo,
más cantable. Ambos serán después recuperados con mayor brillantez por el piano
(el único protagonista de la obra), con ese matiz melancólico tan genuino de
Chopin.
El Preludio en mi menor es el cuarto de una serie de veinticuatro que compuso Chopin en su opus 28. Hasta entonces los preludios eran pequeñas piezas, que se tocaban antes de otras más importantes, para captar la atención de los oyentes y ponerles es situación. Sin embargo los Preludios de Chopin son considerados como obras completas por sí mismas. En general son piezas cortas, que van de los 30 segundos a los 5 minutos. El Preludio opus 28/4 es uno de los más bellos y con más sentimiento. Tiene un tempo muy lento, Largo, y una indicación en el primer compás expressivo, lo cual marca ya casi antes de empezar el carácter melancólico que debe intentar transmitirse con la obra. Esta pieza era una de las favoritas del propio compositor, el cual indicó que se tocara en su funeral junto con el Preludio en si menor.