Mostrando entradas con la etiqueta Alexander Borodin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alexander Borodin. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de noviembre de 2015

A. Borodin: En las estepas de Asia Central

Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma
Tugan Sokhiev, director

Alexander Borodin (1833 - 1887) se unió a las celebraciones por el XXV aniversario de la proclamación de Alejandro II como zar de Rusia con un breve poema sinfónico que tituló En el Asia Central, estrenado en San Petersburgo en abril de 1880 bajo la dirección de Rimski-Kórsakoff. La obra se hizo célebre por derecho propio casi inmediatamente, en Rusia y también en el resto de Europa, donde se hizo conocida con el título En las estepas del Asia Central.

La obra está dedicada "con veneración" al maestro del poema sinfónico, Franz Liszt, a quien Borodin había conocido años antes, en Weimar, hasta donde se desplazó durante una visita profesional a Jena en su carácter de hombre de ciencias.

Abiertamente programática, En las estepas del Asia Central ilustra la travesía de una caravana de soldados, imagen frecuente tras la expansión hacia el Este del Imperio Ruso propiciada por el zar homenajeado.

Borodin describió el ambiente que evoca la partitura, escenario señalado por una colaboración idílica entre conquistados y conquistadores:

"Es pleno día. En la estepa arenosa del Asia Central resuena un dulce canto ruso. Sobre el fondo se divisa una caravana de caballos y camellos y nos llega el eco de una melodía oriental. La caravana se aproxima y prosigue hacia el inmenso desierto escoltada por una patrulla de soldados rusos. La caravana avanza siempre hacia el sol. El canto de los conquistadores y la melodía de los conquistados se funden en una única armonía, y finalmente todo desaparece en el silencio de la estepa".

domingo, 22 de noviembre de 2015

A. Borodin: Sinfonía nº 2 en si menor, Op. 5

Allegro
Scherzo: Prestissimo. Allegretto
Andante
Finale: Allegro

Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam
Karek Mark Chichon, director

La imagen soberana de la Gran Rusia de la segunda mitad del siglo XIX y los aspectos positivos del Estado se ven reflejados perfectamente en la ópera de Alexander Borodin El príncipe Ígor. Los musicólogos destacan las huellas de la épica rusa en esta obra: los héroes tradicionales, los rasgos idealizados del país y el sello terrible y hasta amenazante de la potencia como ecos de la futura dictadura imperial.


En general, a Borodin se le considera creador de un mundo artístico singular, una especie de “épica musical”. En su Sinfonía nº 2 (“Bogatírskaya”) presenta una escrupulosa pintura de la vida de los héroes rusos legendarios, incluyendo sus batallas, festines y exultaciones.

Borodin comenzó a bosquejar su Segunda sinfonía en el año 1869, al tiempo en que trabajó en una de sus partituras más representativas: la ópera épica El príncipe Ígor. Borodin pasó los seis años siguientes componiendo y revisando con especial cuidado la partitura de su Sinfonía, y no sólo tuvo que parar el proceso creativo por sus responsabilidades como científico, sino que algunos proyectos paralelos con sus compañeros del Grupo de los Cinco distrajeron varias veces la atención en su Opus 5.

En muchos sentidos tanto El príncipe Ígor como la Segunda sinfonía resultaban ser muy próximas, pues en ambas Borodin echó mano de algunos aspectos que siempre lo caracterizaron tanto en relación con el grupo artístico al que pertenecía como en todo el movimiento nacionalista ruso en general. Dichos factores incluían su gusto manifiesto por la música venida de Oriente, con sus exuberantes y casi hipnóticos colores, además de dar cabida a melodías de corte folclórico ruso en varias partituras; todo lo cual se halla presente en las obras antes citadas, dando como resultado en la Segunda sinfonía una música de alcances épicos, de enorme sentimiento heroico y con una coloración típicamente oriental de su orquestación.

En un texto de Louis Biancolli encontramos la siguiente referencia:

“Borodin comunicó a (su amigo) Stasov, que la aspereza de ánimo vigoroso y bárbaro, en el primer movimiento retrataba un encuentro entre antiguos príncipes rusos; que el Andante miraba hacia atrás, intentando remontarse a las canciones de los primeros ministriles (o trovadores) eslavos llamados bayani y que el final intentaba evocar un banquete de héroes legendarios, en medio del regocijo popular …Stasov le dio como sobrenombre ‘Sinfonía del Paladín’ (Bogatyr en ruso).”

Borodin visitó a Liszt en Weimar en 1877 y durante una de sus charlas el ruso llevó bajo el brazo una transcripción para piano de su Segunda sinfonía, que ambos tocaron de principio a fin. Liszt le hizo algunas observaciones a Borodin; especialmente le pidió que ni se le ocurriera hacer cambio alguno en la partitura pues ésta era perfecta, además de (según Biancolli):

“…habló de su perfecta lógica de construcción, (y) lo que más le impactó fue su osadía, audacia sin cortapisas. ‘Es vano decir que no hay nada nuevo bajo el sol; esto es bastante nuevo’ le dijo a Borodin, quien se quedó sin poder articular palabra de la sorpresa.”

Tan grande era el interés de Liszt que al conocer la Segunda sinfonía de Borodin mandó un telegrama a su editor para que le enviara de inmediato partitura y materiales de orquesta. Su pasión llegó al grado de dirigirla en Weimar al día siguiente de llegar la partitura a sus manos. Y gracias a ello, los centros musicales más destacados de Europa vieron pronto programada la nueva obra de Borodin, llegando -según se informa- hasta Cincinnati en los Estados Unidos para los conciertos de la temporada 1898-99.

sábado, 27 de abril de 2013

Alexander Borodin: Danzas Polovtsianas de "El Príncipe Ígor"

 
Orquesta, Coro y Ballet del Teatro Marrinski de San Petersburgo
Valery Gergiev, director


Borodin formó parte, al lado de Músorgski, Rimski-Kórsakoff, Balákirev y Cui, del llamado "Grupo de los Cinco", un colectivo de compositores rusos que conformaron una de las más importantes escuelas nacionalistas del siglo XIX. Para A. J. B. Hutchings, Borodin “indudablemente debe a su país nativo del este del Cáucaso, el esplendor semiasiático de su paleta musical. Sus melodías más características son voluptuosas o brutalmente vigorosas”. La ópera El príncipe Ígor trata de las hazañas militares de Igor, príncipe de Novgorod, contra las tribus polovtsi hacia finales del siglo XII. Según apunta Otto de Greiff, las Danzas polovotsianas son bailes de gentes primitivas, soldados, doncellas y jóvenes, que ocurren durante el festival que el Khan Konchak, jefe de los polovtsi, celebra para distracción del príncipe Igor, a quien ha hecho prisionero. La orquestación de este número no es de Borodin, sino de Rimski-Kórsakoff.