domingo, 2 de diciembre de 2012

Carl Maria von Weber: Der Freischütz

Música: Carl Maria Von Weber.
Libreto: Friedrich Kind, basado en el El Libro de los Fantasmas de Johann August Apel y Friedrich Laun.
Título original: Der Freischütz.
Estreno: Schauspielhaus de Berlín, 18 de junio de 1821.

REPARTO
Edith Mathis (Ännchen), Tom Krause (Ottokar), Hans Sotin (Hermit), Franz Grundheber (Killian), Toni Blankenheim (Kuno), Gottlob Frick (Kaspar), Ernst Kozub (Max), Arlene Saunders (Agathe), Bernhard Minetti (Samiel)
Orquesta Filarmónica de Hamburgo
Coro de la Ópera del Estado de Hamburgo
Leopold Ludwig, director
Rolf Lieberman, director escénico
Joachim Hess, director cinematográfico
Grabación en estudio (1968)
 
ORQUESTACIÓN
En el foso de la orquesta: 2 flautines, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, timbales y cuerdas (violines I y II, violas, violonchelos, contrabajos).

En el escenario: 1 clarinete, 2 trompas, 1 trompeta, violines, violonchelos.




 
Carl Maria von Weber (1786 -1826)


PERSONAJES

OTTOKAR Príncipe de Bohemia
KUNO Guardabosques
AGATA Hija de Kuno
MAX Enamorado de Ágata
ANITA Amiga de Ágata
GASPAR Antiguo Pretendiente de Ágata
KILIAN Amigo de Max
SAMIEL El Diablo
ERMITAÑO Santo Varón
 


ARGUMENTO
La acción sucede en Bohemia a finales del siglo XVII.

ACTO I
Kilian ha superado a Max en un torneo de tiro y todos le felicitan. Max está enfadado por las bromas de Kilian hasta que Kuno llega al rescate. Caspar cree que Max tiene un encantamiento maligno, pero Kuno lo desestima. Él advierte a Max, de todas formas, que a menos que pueda hacer un tiro perfecto mañana, no podrá casarse con Agathe, la hija de Kuno, ni convertirse en jefe de guardabosques. El tiro maestro, explica Kuno, es una prueba inventada por el bisabuelo del príncipe para darle el grado de Jefe de Guardabosques a la familia de Kuno a perpetuidad. La prueba demuestra que el guardabosques venidero no está bajo influencias del diablo. Max ama a Agathe y se preocupa por la prueba. Kaspar le da a Max su propio rifle y le dice que dispare sobre una lejana águila, Max lo hace y ésta cae muerta, demostrando que las balas de Kaspar son mágicas. Le dice a Max que vaya a medianoche a la garganta del lobo y moldearán más balas mágicas. Kaspar se regocija porque ha engañado a Max, su rival por Agathe.

ACTO II
Cuadro 1.- Agathe comparte sus preocupaciones con su prima Ännchen, que está colgando la pintura del bisabuelo de Kuno que cayó sobre Agathe. Ésta cuenta que un eremita le regaló unas rosas y la previno de un gran peligro. Las mujeres dan a Max la bienvenida a la casa. Él dice que debe volver a salir, queda perturbado al darse cuenta que el cuadro cayó sobre Agathe justo cuando él mató al águila. Agathe pide a Max que tenga cuidado en la embrujada garganta del lobo.

Cuadro 2.- Kaspar ha vendido su alma al diablo Samiel y ahora busca tres años más de vida acordando atrapar a Max con más balas mágicas. Acuerdan encantar seis balas, la séptima matará a Agathe. Max llega y Caspar y él funden las balas.

ACTO III
Cuadro 1.- Agathe sueña que era una paloma y que Max le disparaba. Ännchen y las damas de la novia tratan de animar a Agathe. La pintura se ha vuelto a caer y cuando Ännchen abre la caja de la corona de bodas encuentra una corona fúnebre. Agathe hace coser las rosas del eremita en una nueva corona.

Cuadro 2.- Los cazadores se regocijan de su estilo de vida. Max es presentado por Kuno al príncipe. Max tira y caen Agathe y Kaspar. Agathe está ilesa, pero Kaspar ha sido herido y muere maldiciendo al cielo. El príncipe obtiene de Max una confesión completa, está horrorizado y lo destierra. El eremita pide al príncipe que suspenda la prueba de tiro y le de a Max un año para redimirse. El príncipe acepta y todos lo celebran.

Tomas Luis de Victoria, El compositor de Dios




Reportaje de la BBC con motivo del 400 aniversario de la muerte de T.L. de Victoria. Emitido por TVE2 el 31 de diciembre de 2011.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Felix Mendelssohn-Bartholdy: Octeto de cuerda en Mi bemol mayor, op. 20


Felix Mendelssohn.Bartholdy (1809-1847)
Octeto de cuerda en Mi bemol mayor, op. 20
I. Allegro moderato ma con fuoco
II. Andante 
III. Scherzo
IV. Presto
Cuarteto de Praga - Cuarteto Zemlimsky



Todavía arrastra la figura de Mendelssohn una gran injusticia histórica, la que valora como superiores sus obras juveniles, por su frescura y espontaneidad -por otra parte indudables-, frente a unas composiciones de madurez, presuntamente aquejadas de academicismo. En esas asombrosas adolescencia y juventud nacen las primeras obras de cámara, cuando el músico escribe para los instrumentistas que tiene a mano, tocándose las obras de inmediato. Esas interpretaciones “domésticas” se daban en el que entonces era el famoso “pabellón del parque” de la casa familiar berlinesa de los Mendelssohn, un recinto que podía dar cabida a un centenar de personas. Este es el peculiar ambiente social que viera nacer el Octeto para cuerda en mi bemol mayor op.20, escrito en 1825 por un músico de dieciséis años. Fue un regalo para el amigo Eduard Rietz, muerto prematuramente a causa de la romántica enfermedad de la tuberculosis a los treinta años y, según el testimonio del propio Mendelssohn, el mayor violinista de la época.
El Octeto se eleva como una obra maestra inigualada por lo que a la naturalidad de la invención se refiere. Posee la apariencia de una sinfonía en miniatura, no en vano su autor advertía que “Este octeto debe tocarse en un estilo sinfónico. Los pianos y los fortes se respetarán rigurosamente y serán más enfatizados que de ordinario en piezas de este carácter”. Sin embargo, la creación inaugura un nuevo género de auténtica música de cámara, pues supera en unidad orgánica al antecedente de los dobles cuartetos de Louis Spohr (1784-1859), pese a la identidad de instrumentación: cuatro violines, dos violas y dos violonchelos, pero es que este autor utilizaba los dos cuartetos como un juego de espejos, estando el segundo cuarteto subordinado al primero. En cambio, con Mendelssohn se crea una entidad distinta y superior, el octeto como destinatario de una música de cámara nueva. Cierto que no estamos lejos de una orquesta en esquema y abundan, por ejemplo, los trémolos poco menos que sinfónicos, pero no cabe negar que son muchos los pasajes en los que el compositor escribe diferenciando las ocho voces reales del conjunto. En el Octeto se compendian cinco años de preparación en el terreno de los instrumentos de cuerda, estudios plasmados en las infantiles trece sinfonías de cuerda, escritas de 1821 a 1823. La dedicatoria a Rietz, con quien Mendelssohn había aprendido a tocar el violín y a escribir para la cuerda, era todo un gesto de reconocimiento y gratitud. El Octeto se interpretó por vez primera, con Rietz como primer violín, el 25 de octubre de 1825. La edición de la obra data de 1830, cuando Mendelssohn aprovechó para introducir grandes cortes en la redacción original de los dos primeros movimientos, que así ganaron seguramente en concisión y eficacia. Los logros admirables de esta obra de un compositor adolescente son numerosos: frescura, colorido, combinaciones de texturas variadas, demostración de un sólido manejo del contrapunto…
El Allegro moderato ma con fuoco inicial se abre con un tema de amplitud sinfónica; se opone de inmediato a una segunda idea de perfil más heroico. En este movimiento, al igual que en el segundo, el primer violín tiene un protagonismo que casi alcanza lo concertante. El desarrollo somete el material temático a mutaciones líricas y rítmicas, recursos en los que Mendelssohn será siempre un maestro. Sigue un Andante, en do menor que contrasta con la vehemencia del primer tiempo por su sencillez melódica, hasta el punto de hacernos pensar en una canción folclórica. Sobresale en el seno de toda la obra el magnífico Scherzo (Allegro leggierissimo), en sol menor, una música de duendes y elfos, intangible y fantástica, que Fanny, la hermana de Felix, atestiguó como inspirada en La noche de Walpurgis del primer Fausto de Goethe, en concreto en estos versos:
Ráfagas de nubes y niebla,
iluminadas desde lo alto,
brisa en las hojas y viento en las cañas,
mas todo se dispersa.
Pero, gloriosa referencia literaria aparte, lo innegable es que con este inmaterial pasaje nace un nuevo gran compositor. Años después, Mendelssohn volvió a este Scherzo, lo orquestó y le dio la naturaleza de movimiento alternativo para el Minueto de su Primera Sinfonía, que él mismo estrenó en su visita a Londres en 1829. Se cierra la obra con un Presto que prolonga la atmósfera del Scherzo, una especie de movimiento perpetuo mediante una grandiosa fuga a ocho voces. No debe descartarse que algunos extraños guiños de humor que surgen aquí y allá fueran chistes privados que sólo los miembros selectos del círculo privado del estreno pudieron comprender bien. Hoy en absoluto son necesarios para disfrutar de esta música resuelta con una habilidad rara en un autor adolescente.

Franz Schubert: Octeto en Fa mayor D 803


Franz Schubert (1797-1828)
Octeto en Fa mayor, D 803
(III. Allegro vivace)
The New Israeli Ensemble: Ron Selka- Clarinete; Gad Lederman- Fagot; Yoel Abadi- Trompa; Yevgenia Pikovsky, Yelena Tishin-Violines; Dmitry Ratush- Viola; Kirill Mihanovsky- Violonchelo; Nir Comforty- Contrabajo
 
Como obras similares de Spohr, Hummel entre otros, el irresistible Octeto de Schubert es un rebrote tardío de las serenatas para instrumentos de viento mezclados con cuerdas que estaban de moda en el siglo XVIII. Debemos su existencia al conde Ferdinand Troyer, un talentoso clarinetista aficionado, mayordomo principal en la corte del Archiduque Rodolfo, discípulo y amigo de Bethoven, quien propuso a Schubert que escribiera algo similar al Septeto beethoveniano. Schubert añadió un segundo violín al conjunto de clarinete, fagot, trompa, violín, viola, violonchelo y contrabajo, y siguió el plan general del maestro de Bonn (seis movimientos que distribuyó de manera idéntica: los extremos con una lenta introducción, más un scherzo y un minueto entre los que insertó unas variaciones sobre un tema popular).
Tras una visita al músico, el pintor Moritz von Schwind escribió al amigo común Franz von Schober: “Schubert está trabajando en un octeto con gran entusiasmo. Si lo visitas, te saluda y continúa en lo suyo sin hacerte caso”. Las primeras interpretaciones fueron privadas (en casa de Anton Freiherr, un noble vienés con algunos de los intérpretes habían estrenado el Septeto de Bethoven veinticinco años antes, incluido el clarinete de Troyer, y en casa de Lachner, el colega de Johann Strauss) y finalmente vio la luz pública en la Gesellschaft der Musikfreunde de Viena en abril de 1827.
Con su entusiasmo melódico y rítmico y la caleidoscópica variedad de colores, el Octeto, como las grandes serenatas para viento de Mozart, eleva al más alto nivel el hedonístico espíritu de los divertimentos de finales del XVIII. La orquestación es continuamente inventiva: unas veces, especialmente en los movimientos extremos y en el Scherzo, Schubert usa el grupo como una pequeña orquesta con dos violines en octava y bruscos contrastes entre las sonoridades a solo o los ‘tutti’; otras, especialmente en el Adagio y el Minueto, los colores de la cuerda y los vientos se elaboran con la finura de la auténtica música de cámara. Si el Octeto, cumpliendo sus orígenes del ‘divertimento’, es fundamentalmente genial y relajante, el trabajo se completa con una cierta añoranza y el desvanecimiento de la belleza que preside la última música de Schubert.