Traducción al castellano, a cargo de Zelkaida y El_Sueño_Del_Coloso, del Himno a Némesis compuesto por Mesomedes de Creta (siglo II después de Cristo). La traducción se ha basado en el texto en griego moderno de Ιαλυσσός.
Antes del descubrimiento del Epitafio de Seikilos, los Himnos de Mesomedes eran la única música escrita que había sobrevivido del mundo antiguo. Tres fueron publicados por Vincenzo Galilei es su Dialogo della musica antica e della moderna (Florencia, 1581), durante un período de intensa investigación sobre la música de los antiguos griegos. Estos himnos han sido preservados por la tradición bizantina y fueron presentados a Vincenzo Galilei por Girolamo Mei.
El "Pater Noster" hispano-mozárabe, es inconfundible por los "Amen" intercalados entre cada petición de la oración, cantada por el sacerdote, y respondidos por el pueblo.
Se conoce como canto mozárabe (aunque una denominación
más precisa sería visigótico o hispánico) a la expresión musical asociada a la
liturgia hispánica, propia de la Iglesia visigoda española y que pervive hasta
nuestros días. Es un canto monódico practicado en la península ibérica entre el
siglo VI al XI, momento en el que el rito hispánico fue sustituido por el
romano. La historia de este sistema musical está íntimamente
unida al desarrollo de la liturgia a la que sirve. Se sabe poco sobre el origen
y la formación de la liturgia hispánica y sobre el canto asociado a ella.
Obviamente, el origen se halla en relación con la expansión del cristianismo en
la península Ibérica durante los primeros siglos de nuestra era. La provincia
de Hispania fue una de las primeras en ser cristianizadas de la parte
occidental del Imperio romano, hecho favorecido por tres importantes factores:
la numerosa población de origen romano, la pronta actividad evangelizadora en
Hispania y la existencia de ricas comunidades judías antiguas. La migración al norte de las comunidades mozárabes del
sur crea dos tradiciones litúrgicas y musicales diferentes:
- Tradición castellano-leonesa, desarrollada en el norte de la península
ibérica.
-
Tradición toledana, característica del sur de
la península ibérica. Tras la migración de los mozárabes al
norte, esta tradición continúa su desarrollo principalmente el Reino de
León.
El Epitafio de Seikilos es un fragmento de
inscripción epigráfica griega hallado en una columna de mármol puesta sobre la
tumba que hizo construir un tal Seikilos para su esposa Euterpe, cerca de
Trales (en Asia Menor), actual ciudad de Aydin.
Fragmento
del Epitafio de Seikilos. Las notas son las letras mayúsculas y encima de ellas
hay unos signos con puntos y rayas que indican su duración.
La
melodía, escrita en modo frigio y género diatónico, se desenvuelve en un ámbito
de octava justa. La canción es melancólica, clasificada como skolion o ‘canción
para beber’. Se desconoce su velocidad (tempo),
ya que no está explicada en la notación.
La
estela fue descubierta en 1883 cerca de Aydın, a unos 30 km de la ciudad
costera de Éfeso (en Turquía). Desapareció en 1922 durante el Holocausto de
Asia Menor. Posteriormente se rencontró, rota en su base, en poder de una mujer
del pueblo que había cortado la base y la usaba para apoyar una maceta. Hoy se
encuentra en Copenhague, en el Museo Nacional de Dinamarca.
La
música que hoy se escucha, último eco del romanticismo decimonónico, no es más
que el estado actual de una lenta e inexorable evolución que tiene sus
precedentes reconocibles en el canto gregoriano, tronco medieval común a toda
la música de Occidente. Pero el gregoriano, aunque es la primera manifestación
musical de lo que hoy se llama la cultura occidental, la europea, enlaza
directamente con la música de Greciay
Roma, aunque sus raíces se adentran en la tradición judía, en la música del
cercano Oriente y en el canto de las primeras comunidades cristianas.
En la música judía antigua, el piyyut es un poema litúrgico escrito para ser recitado o cantado
durante los oficios en la sinagoga. Los piyyutim
se han escrito desde los tiempos de la Mishná, la mayoría en hebreo o en
arameo, siguiendo algún esquema poético, como el acróstico, según el orden del
alfabeto hebreo o el nombre del autor.
1. Largo – Allegro molto 2. Menuetto – Trio I – II 3. Adagio 4. Menuetto (Allegretto) – Trio I – II 5. Romanze (Adagio – Allegretto – Adagio) 6. Tema con 6 variaciones (Andante) 7. Finale (Molto allegro)
He aquí la obras más amplia,
tanto en duración como en instrumentación, que Mozart escribió para un conjunto
de viento, doce instrumentos con el añadido de un contrabajo: dos oboes, cuatro
clarinetes (dos de ellos, los corni di
basetto), dos fagotes y cuatro trompas.
Mozart utiliza en ella, por vez
primera, el clarinete bajo inventado en 1770 por Antón Stadler, el
instrumentista para quien escribiría años más tarde obras memorables, como el Quinteto y el Concierto. Aunque a veces se interpreta con un contrafagot, instrumento
que Mozart conoció y utilizó cuando tuvo cerca algún instrumentista que lo
dominaba, era instrumento todavía poco frecuente y en esta Serenata no dispuso del hombre adecuado, por lo que escribió al
bajo para el gran instrumento de cuerda.
La Gran Partita fue escrita en Múnich, donde Mozart había viajado para
presentar su Idomeneo y tratar de conseguir
un puesto de trabajo cerca del gran duque Carlos Teodoro, antiguo señor de
Mannheim, quien se había llevado consigo gran parte de la famosa orquesta que
Mozart tanto apreciaba. Disponía, pues, de excelentes músicos, algunos de ellos
amigos personales, y quiso hacerse notar. Con la Gran Partita Mozart hace estallar el género de la Serenata, pero, con mucha habilidad, no imita
el estilo de la sinfonía puesto que no escribe para una orquesta sinfónica. Es,
pues, una obra única, sin futuro en el arte de Mozart y sin apenas imitadores
después.
Si se ha dicho con frecuencia que
es la más bella música escrita para un amplio conjunto de vientos al aire libre,
los problemas que Mozart se planteó con ella no tenían precedentes y no
tuvieron consecuencia. Ignoramos todavía cuándo y dónde se oyó por vez primera.
Tras el fracaso de Múnich (fracaso no de su música, sino porque no encontró el
empleo al que aspiraba), se produjo la ruptura con Colloredo y Mozart se
instaló en Viena. Un anuncio en el Wienerblattchen del 23 de marzo de 1784
habló de un concierto benéfico en el Teatro Nacional en el que se habría
incluido «una gran obra para instrumentos de viento, de calidad excepcional,
compuesta por Herr Mozart». ¿Se refiere a la Gran Partita? ¿La habría terminado en Viena y ya vino con ella
terminada desde Munich? Siete movimientos componen el gran friso, pero ninguno
de ellos recuerda ni en lo más mínimo a las antiguas Casaciones. La única concesión al género de la serenata es la
inclusión de un doble minuetto, cada uno
con dos tríos que le permiten experimentar los más sutiles contrastes entre los
diferentes timbres instrumentales.
Pero ya desde el Largo de introducción se nos advierte
que estamos en otro mundo, serio y profundo, el que cristaliza en el tercer
movimiento, ese prodigioso Adagio que
no han logrado describir las palabras. Es tan bello que se ha atribuido al
mismo Mozart un motete para coro y orquesta basado en sus notas. La romanza,
muy serena en sus episodios extremos, contiene en su centro un misterioso y
agitado allegretto en Do menor que no cesa de conmovernos. El tema con
variaciones es uno de los pocos casos en que Mozart reelabora una obra suya
anterior, las variaciones del Cuarteto
con flauta en Do mayor (1778). El Rondó
final plantea un final feliz, alegre y sólido a la vez.
La Gran Partita, que así se le llama en el manuscrito original, aunque
se duda la autoría de Mozart en este título, se alza majestuosa como una cima
solitaria y misteriosa. Las dos Serenatas para octetos de viento que hemos
escuchado en el concierto anterior prosiguen con éxito sus elucubraciones, pero
reducen a lo normal las infinitas combinaciones tímbricas que en esta obra se
manejan. De ahí la importancia y rareza de obra tan singular. ¡Ni el mismo
Mozart tuvo oportunidad de igualarla!