lunes, 29 de febrero de 2016

R. Wagner: El Oro del Rin

Orquesta de La Scala (Milán)
Director: Daniel Barenboim

Director escénico: Guy Cassiers

Wotan: René Pape
Donner: Jan Buchwald
Froh: Marco Jentzsch
Loge: Stephan Rügamer
Alberich: Johannes Martin Kränzle
Mime: Wolfgang Ablinger-Sperracke
Fasolt: Kwangchul Youn
Fafner: Timo Riihonen
Fricka: Doris Soffel
Freia: Anna Samuil
Erda: Anna Larsson
Woglinde: Aga Mikolaj
Wellgunde: Maria Gortsevskaya
Flosshilde: Marina Prudenskaya


El oro del Rin, ópera de cuatro escenas, con música y libreto de Richard Wagner (Leipzig, 1813 – Venecia, 1883), fue estrenada el 22 de septiembre de 1869 en el Real Teatro de la Corte (Hoftheater) de Múnich.
El oro del Rin (Das Rheingold) es la primera parte de la tetralogía El anillo del nibelungo (Der Ring des Nibelungen), la cual se compone de cuatro óperas: El oro del Rin, La valquiria, Sigfrido y El ocaso de los Dioses. Para componer dicha tetralogía, Wagner se inspiró en varias leyendas medievales y mitológicas, como la del Edda, el Völsungasaga y el Thidrekssaga (narraciones nórdicas) y La canción de los Nibelungos, entre otras, dando lugar a una de las creaciones más paradigmáticas del espíritu germánico y a la más extensa historia unitaria de la ópera. Wagner otorgó su propio significado al anillo (der Ring), joya que simboliza la determinación de gobernar que sólo puede conseguirse mediante la renuncia fatal al amor. Así mismo, añadió el tema de las maldiciones. Además, convirtió a los dioses con características humanas de las narraciones nórdicas en un reflejo de una sociedad que se desintegraba por momentos, como era la del siglo XIX.
Wagner inició la composición de El oro del Rin en 1853, cuando decidió ampliar su ciclo sobre Sigfrido. Esta parte de la tetralogía fue la última que se compuso pero la primera en ser estrenada (1869), ante la insistencia del rey Luis II de Baviera, que subvencionaba la obra. Posteriormente, en 1876, se estrenaría la tetralogía en la Festspielhaus de Bayreuth.
En El oro del Rin cabe destacar el preludio musical de 136 compases que representa los movimientos constantes del Rin, donde la música se eleva mientras asciende el telón.

La acción transcurre en el fondo del Rin y en parajes indeterminados, en época legendaria. Tres ninfas custodian el oro que se encuentra en el fondo del río. El gnomo Alberich (rey de los nibelungos) lo roba y hace con él un anillo mágico. El Dios Wotan ha ordenado a dos gigantes que levanten una fortaleza para morada de los dioses, ofreciéndoles a Freia, la Diosa de la Juventud, como recompensa. Pero ésta se niega y Wotan, de acuerdo con Loge, Semi-Dios del Fuego, decide apoderarse del oro y el anillo de Alberich para ofrecérselo a los gigantes. Alberich posee un yelmo mágico que le permite hacerse invisible y transformarse en diferentes animales pero, aun así, Wotan logra apresarlo y quitarle el anillo. Alberich lanza una maldición sobre todo aquél que desee el anillo. Los gigantes piden el anillo a cambio de liberar a Freia, y Wotan tiene que entregárselo, tras la intercesión de Erda, la Diosa de la Tierra. Seguidamente, uno de los gigantes mata al otro y huye con el oro y el anillo. Mientras Wotan y los demás dioses entran en la fortaleza mágica, Walhalla, las ninfas lamentan la pérdida del oro; Loge, que no puede entrar en la fortaleza por ser sólo un Semi-Dios, se burla de todos ellos y anuncia su futura caída.

viernes, 19 de febrero de 2016

Gayarre, film de Domingo Viladomat (1958)


DirecciónDomingo Viladomat
RepartoAlfredo KrausLuz MárquezManuel ArbóPastor Serrador Adriano Domínguez
NacionalidadEspaña, 1958
Duración112 min.
GéneroBiopic
GuiónIgnacio AldecoaJosé Luis Madrid y Enrique Sintes
FotografíaAlejandro Ulloa
MúsicaSalvador Ruiz de Luna


Julián Gayarre (Alfredo Kraus) llegó a ser el más importante tenor de su tiempo, aunque en sus orígenes fue un humilde pastor del norteño valle del Roncal. En Pamplona pasó por los más diversos trabajos: dependiente, herrero...
El film traza la biografía del legendario tenor, que ya había sido llevada al cine en 1932 por Carlos San Martín ("El canto del ruiseñor"), y que José Mª Forqué volvería a abordar en 1982 ("Romanza final"). La presencia entre los guionistas de un escritor de la talla de Ignacio Aldecoa y la interpretación de un cantante tan prestigioso como Alfredo Kraus son lo más destacado.

Lucia di Lammermoor: Escena de la locura, por Anna Netrebko

The Metropolitan Opera (2009)

Con la llegada del Romanticismo surgen en las óperas las famosas y conocidas “escenas de locura”. La soprano, soportando terribles presiones, pierde el juicio en una escena concebida para el lucimiento vocal de la prima donna. El porqué de la proliferación de este tipo de escenas es bastante sencilla. En el Barroco y el Rococó el canto era muy ornamentado. Coloraturas, trinos, agudos y filados se empleaban de forma indiscriminada, viniera o no a cuento. Lo de menos era la verosimilitud de la historia que se narraba; lo verdaderamente importante era el lucimiento de la voz. Esto cambia con el Romanticismo: lo que se representa ha de tener una apariencia de realidad. Pero el público sigue esperando esos momentos de virtuosismo de los intérpretes y éstos, sus escenas de brillantez canora. La solución más común es recurrir a un estado de trastorno emocional que justifique que la pobre afectada cante de una manera inusualmente irreal para los gustos de la época. Todas esas coloraturas y exhibiciones vocales se aceptan dentro del contexto de la enajenación mental del personaje.

Aunque se pudieran haber escrito arias de locura para todo tipo de voces, es natural que la mayoría de las que se conocen y han sobrevivido sean las cantadas por voces de soprano sfogato, categoría vocal belcantista que corresponde a una voz de gran extensión, de intenso y dramático timbre, con la agilidad necesaria para ejecutar toda clase de agudos y filigranas.

lunes, 15 de febrero de 2016

G. Verdi: La donna è mobile (Rigoletto, Acto III)

Juan Diego Flórez, tenor
Orquesta Filarmónica de Los Ángeles
Gustavo Dudamel, director

La donna è mobile (La mujer es voluble) es un aria de la ópera Rigoletto (Giuseppe Verdi, 1851). Es una de las arias más famosas de la lírica, compuesta por Giuseppe Verdi ante la necesidad por aspectos dramáticos de encontrar una melodía que fuese fácilmente reconocible por el público en el último acto de Rigoletto. "La donna è mobile" es la canzonetta que el Duque de Mantua (tenor) entona en el tercer y último acto de la ópera. Su texto desarrolla algunos versos de Victor Hugo en su obra teatral El rey se divierte (Le roi s'amuse) que él mismo habría extraído de las palabras del rey Francisco I de Francia.
Es uno de los números de ópera más populares debido a su facilidad de memorización y a su acompañamiento bailable. Se cuenta que Verdi prohibió su difusión hasta el día del estreno en el teatro La Fenice de Venecia, para preservar el efecto sorpresa.

El aria, quizá la más más célebre para tenor del compositor, ha sido interpretada por todos los tenores de relevancia desde su estreno, entre ellos Juan Diego Flórez.

G. Rossini: Un soave non so che, duetto del Acto I de "La Cenerentola"

Joyce DiDonato, mezzosoprano
Juan Diego Flórez, tenor
Gran Teatro del Liceo

La Cenicienta, o sea la bondad triunfante (título original en italiano, La Cenerentola, ossia la bonta in triunfo) es una ópera cómica en dos actos con música de Gioachino Rossini y libreto en italiano de Jacopo Ferretti, basado en el cuento de hadas La cenicienta. La ópera se estrenó en el Teatro Valle de Roma el 25 de enero de 1817.
Rossini compuso La Cenicienta cuando tenía veinticinco años, tras el éxito de El Barbero de Sevilla el año antes. Se considera que La Cenicienta, terminada en un período de tres semanas, contiene algunas de sus mejores arias y concertantes vocales. Rossini, que siempre tenía que componer velozmente para satisfacer los encargos, ahorró algo de tiempo reutilizando la obertura de La gazzetta y parte de un aria de El Barbero de Sevilla y haciéndose con un colaborador, Luca Agolini, quien escribió los recitativos seccos así como tres números de importancia (un coro y dos intervenciones de Alidoro y Clorinda, respectivamente).

En el Acto I, el príncipe Ramiro, disfrazado como su propio criado para observar a las mujeres sin que ellas lo sepan, llega a la casa de Cenicienta. De hecho se ha cambiado la vestimenta con la de su servidor Dandini. Inmediatamente admira a Cenicienta y a ella también le gusta él (Duetto: Un soave non so che).