domingo, 9 de noviembre de 2014

J. Sibelius: Concierto para violín en re menor, op. 47

 
Vadim Repin, violín
Orquesta Sinfónica de la NHK
Charles Dutoit, director
Las obras más conocidas de Jean Sibelius no se corresponden siempre con las mejores, no porque las más populares no sean obras de calidad, sino porque han ensombrecido a las segundas y han llevado a un conocimiento parcial del compositor finés, y a un reconocimiento escaso de su genialidad.
Pero con el Concierto para Violín y Orquesta, opus 47 no ocurre eso: es una pieza indiscutiblemente genial, y es a la vez una de sus obras más ejecutadas, con más de un centenar de grabaciones. Es además el concierto para violín más interpretado del siglo XX (aunque en honor a la verdad date de sus primerísimos años), no hay virtuoso que se precie desde Jascha Heifetz que no haya desafiado a sus compases.

El estilo de la obra, absolutamente romántico, ha contribuido a este éxito. Hay que señalar que quizá no sea ésta la línea más habitual de Sibelius, al menos del mejor Sibelius, pero no por ello deja de formar parte de su personalidad musical. Es más, esta obra destila emociones personales del autor, está inmensamente unida a su propia experiencia vital. Sin ser una obra autobiográfica (como no lo es prácticamente ninguna obra de Sibelius), estamos ante un trabajo totalmente implicado en el sentir del músico finlandés.
La obra se enmarca de hecho dentro del periodo romántico del autor, donde su música se aproxima al estilo del post-romanticismo de los países nórdicos, con trato exquisito de la melodía y un refinado cromatismo, además de una tendencia hacia el diatonismo sin renunciar a la coloración modal. Este concierto corresponde a un ansia de Sibelius hacia la música pura que ya se había manifestado con sus dos primeras sinfonías, y a una búsqueda de música que, sin perder su personalidad netamente finesa, pudiera llegar al público más allá del país de los mil lagos.
Escuchando el Concierto para violín y orquesta de Sibelius parece difícil contener la emoción. En sus tres movimientos está resumida la pasión de una vida. En ese sentido es como Mahler: cada acorde, cada armonía es un billete directo al corazón, a la dureza de una vida desdichada.
A pesar de que Sibelius estaba superando con este concierto su etapa nacionalista y se sumergía ya en un estilo especial que sería imposible encasillarlo en alguna de las tendencias de su época, en el concierto podemos encontrar aún restos de ese folclore no robado, sino inventado, que impregna de cierto carácter místico y festivo la pieza.
El primer movimiento, Allegro moderato, recurre a una forma sonata que no lo es. El tema inicial tiene un desarrollo orgánico. Como la naturaleza de la que siempre quiso rodearse Sibelius, crece con naturalidad, transformándose, adaptándose… Ese tema que aborda el solista va pasándose de un instrumento a otro, como un mensaje ideal que merece ser recuperado siempre, una frase maestra. El tema se convierte en octavas paralelas, pasa del viento a la cuerda y regresa al solista con una emotividad demoledora. El desarrollo de la cadencia en la que el violín se deshace en florituras es un minucioso y endiablado pasaje en el que el violín aborda notas dobles y triples, acordes de cinco notas que superan las tres octavas y que parecen poner a prueba al violinista más virtuoso. Las partes para la cuerda son fogosas y dan paso a un pasaje en el viento que parece descolocar al oyente, del fuego al mar en calma, de la tormenta a la lastimosa quietud que roza casi el silencio.
Para el segundo movimiento, Adagio di molto, reservó Sibelius su estilo más genuino: el desarrollo lento que tan bien se le daba. El inicio del viento dejando en suspenso la frase recuerda a aquel Debussy que usó las flautas y su timbre como una punta de lanza en obras como el Preludio a la siesta de un fauno. Cuando entra el violín, unos compases después, los legatos toman el poder y la música se hace temperamental de nuevo pero a un ritmo cadencial que nos recuerda a la música de cine. Quizá sea el más romántico de los tres movimientos, pero el finlandés no pierde en ningún momento su identidad a la hora de componer. Aquellos que comparan este concierto con el de Mendelssohn han encontrado similitudes con la obra del alemán, pero Sibelius desgrana aquí una genialidad que Mendelssohn no alcanzó con su ensalzamiento del violín. El concierto de Sibelius es más sólido, mejor construido, quizá por esa obsesión que tenía el compositor por revisar y volver a revisar. Nunca estaba satisfecho con su trabajo. En este movimiento hay tintes del concierto de Chaikovski, pero algunas armonías podrían calificarse casi de wagnerianas.
El Finale es otro mundo. No serán pocos los violinistas que han visto en esta parte, marcada como Allegro, ma non tanto,  un puzzle difícil de abordar, a pesar de que en principio no podría parecer demasiado complejo. Pero esos puntillos del principio encierran la complicada labor de dejar al violín más expuesto que nunca. La orquesta es casi un rumor, un murmullo que acompaña de fondo dando dramatismo étnico a un violín que se deshace en subidas a toda velocidad, a veces con unas notas dobles que ponen a prueba al instrumentista. El concierto de Sibelius no es para cualquiera, y en este último movimiento queda patente. Porque no es solo la complejidad técnica, sino la intención que hay que darle a cada grupo de notas. Y es a la mitad del movimiento cuando Sibelius demuestra de lo que es capaz pero también su rechazo a hacer lo mismo que habían hecho otros antes que él. En un tutti lleno de armonías que conducen a una resolución que parece inevitable, Sibelius corta por lo sano justo antes de llegar al punto culminante y vuelve a poner al violín al mando con la misma frase presentada en un principio.
Como si el tercer movimiento volviese a comenzar y todo lo anterior fuera solo una prueba. El solista tiene a partir de este momento compases en los que toma las riendas con fuerza necesitando adquirir brío y energía. Y es entonces cuando empiezan las frases cromáticas que llevan a una fanfarria fingida por parte de los metales. A partir de esos momentos el violín se mueve en cascada para terminar en una nota seca. El concierto ha terminado y Sibelius se ha dejado el alma en cada sistema.
 

sábado, 1 de noviembre de 2014

El Trombón

Stefan Schulz, trombón bajo
 
El trombón es un instrumento de la familia de viento metal, más grande que la trompeta y de sonido más grave. Es el único de los instrumentos de metal que usa una vara corredera, en vez de pistones, para alargar el tubo.
Los trombones forman una familia en la que existen muchas variantes de tesitura y tamaño. El que se usa generalmente en la orquesta es el tenor, el alto y, a veces, el bajo. La boquilla es similar a la de la trompeta pero un poco más grande.
Historia del trombón
Hasta bien entrado el siglo XVII el trombón era conocido como "sacabuche". Su punto de partida se halla en la trompeta bastarda, muy en uso en la Edad Media. Su empleo comenzó a generalizarse en las últimas décadas del siglo XV. En España fue muy apreciado y llegó a ser insustituible en las agrupaciones de cornetas, chirimías y bombardas, aunque fue en Italia donde obtuvo mayor influencia de la mano de autores como Monteverdi o Andrea Gabrielli. En el Barroco se consolidó su presencia en la orquesta. En los últimos 450 años no se observan novedades ni cambios en la construcción del trombón, excepto pequeñas modificaciones en la campana y en la boquilla. Hoy en día sigue siendo un instrumento indispensable en la orquesta.
 
Cómo se toca el trombón

Como ya se ha dicho, el trombón es el único instrumento de metal que usa una vara corredera. La vara permite alargar el tubo, produciendo así notas asociadas a cada una de sus siete posiciones, de tal manera que puede alcanzarse todas las notas de la escala cromática.
El trombón tiene dos inconvenientes. Uno es que el ejecutante tiene que hacer un breve silencio entre notas, durante el que cambia con rapidez la posición de la vara para preparar la emisión de la siguiente nota. El otro es la dificultad que tiene el instrumento para realizar pasajes rápidos por lo expuesto anteriormente.
Los instrumentos de metal generan una potencia acústica sólo superada por los de percusión. El trombón por ejemplo es capaz de lanzar al aire 5 vatios de potencia sonora. En un fortísimo el metal puede tapar al resto de las familias de instrumentos de una orquesta sinfónica. Sin embargo, las ondas estacionarias en el interior de los instrumentos del metal son similares a las de madera.
 

Audiciones y obras para trombón
Blechschaden : Czardas.
Berlioz: Sinfonía fúnebre y triunfal (Oración fúnebre).
Liszt: Hosannah para trombón bajo y órgano.
Rimski-Kórsakoff: Concierto en mi mayor para trombón y banda militar.
Mozart: Requiem (Tuba mirum).
Jacob: Concierto para trombón.
Saint-Saëns: Cavatina.
Berio: Sequenza V para trombón solo

sábado, 18 de octubre de 2014

Georg F. Haendel: Música Acuática, Suites HWV 348-350

Le Concert Spirituel
Hervé Niquet, director
Según la historia popular, esta obra sirvió para congraciar al compositor con su monarca, el rey Jorge I de Inglaterra (1660-1727). Siendo Kapellmeister en la corte de los Hannover con Georg Ludwig (Príncipe Elector de Hannover), Haendel obtuvo permiso en otoño de 1712 para viajar a Inglaterra y ausentarse temporalmente para estudiar y componer. Pero tan absoluto fue el éxito de Haendel con sus composiciones en Londres, que ciertamente era reacio a regresar a Hannover.
Con la muerte de la Reina Ana Estuardo de Inglaterra en 1714, el sucesor no es otro que el Príncipe Elector de Hannover, que fue coronado como Jorge I de Inglaterra. Cuando el nuevo gobernante llegó a Londres, Haendel se sintió lógicamente preocupado por haber ignorado a su monarca durante tanto tiempo.
Parece ser que fue a través de la “Música Acuática” como Haendel recuperó los favores de Jorge I de Inglaterra. El monarca había traído consigo al barón von Kielmansegg desde Hannover y había decidido dar un fastuoso paseo fluvial acompañado por todo su séquito. Los festejos debían tener lugar en barcazas abiertas, que navegarían por el Támesis, desde Whitehall hasta Chelsea, donde la fiesta real se detendría para la cena. El barón von Kielmansegg convenció al rey de que hubiera una segunda barcaza con 50 músicos para amenizar el paseo fluvial del rey. El barón se las arreglaría para que fuera Haendel quien compusiera la música.
Se dice que al Rey le agradó tanto la obra que pidió la interpretaran tres veces en el transcurso del viaje. Preguntó la identidad del compositor y cuando descubrió que era Haendel, le perdonó, le felicitó y restauró sus favores y privilegios. Su música fue honrada con los mayores gestos de aprobación real. Muestra de ello, fue la gracia del Rey de añadir la cantidad de 200 libras al año a la pensión vitalicia que la difunta Reina Ana Estuardo le había concedido anteriormente.
Musicalmente es la obra orquestal más amplia de Haendel y presenta una alegre yuxtaposición entre los minués tradicionales y las danzas campesinas inglesas. Se divide en tres suites posiblemente destinadas al viaje río abajo, la cena y el viaje de vuelta. Haendel utilizó un sonido resonante para que la música pudiera oírse a través del agua. La primera Suite en Fa mayor para oboe, fagot, trompas, cuerda y bajo continuo, comienza con una típica obertura barroca al estilo francés. Una introducción lenta es seguida por un allegro en fuga. Para mantener la tradición del concerto grosso, este movimiento da forma a un pequeño concertino de dos violines y oboe que se alterna con la orquesta completa. La suite en Re contiene la música más festiva, majestuosa y salpicada de detalles líricos con el protagonismo de las trompetas y, la suite en Sol es la más íntima, destinada a acompañar la cena, e incluye bellos movimientos en modo menor, mientras las barcazas quedan ancladas.
En nuestros días, la Música Acuática de Haendel compuesta originariamente en 1715 y con la primera aparición de la trompa en una orquesta inglesa, sigue siendo una de las grandes obras instrumentales.
 
Suite en Fa mayor, HWV 348
    Overture (Largo – Allegro)
    Adagio e staccato
    Allegro – Andante – Allegro da capo
    Minuet
    Air
    Minuet
    Bourrée
    Hornpipe
    Allegro (no actual tempo marking)
    Allegro (variant)
    Alla Hornpipe (variant)
Suite en Re mayor, HWV 349
    Overture (Allegro)
    Alla Hornpipe
    Minuet
    Lentement
    Bourrée
 
Suite en Sol mayor, HWV 350
    Allegro
    Rigaudon
    Allegro
   Minuet
   Allegro
 
 
 

domingo, 12 de octubre de 2014

J. S. Bach: Cantata "Herz und Mund und Tat und Leben", BWV 147

 
Christine Schäfer, soprano
Bernarda Fink, mezzo-soprano
Ian Bostridge, tenor
Christopher Maltman, baritone
Arnold Schoenberg Choir
Chorus master: Erwin Ortner
Concentus Musicus Wien
 Nikolaus Harnoncourt, conductor
 
Grabación en directo en el Monasterio Benedictino de Melk, Austria, 2000.
 
Herz und Mund und Tat und Leben, BWV 147 (El corazón y la boca y las obras y la vida), es una cantata escrita originalmente en Weimar en 1716 (BWV 147a) para el Adviento. En 1723 fue ampliada para la fiesta de la Visitación en Leipzig, donde se estrenó el 2 de julio de 1723.

Instrumentación
Solistas vocales: soprano, contralto, tenor y bajo
Coro a cuatro voces
Trompeta aguda, dos oboes (oboe d'amore y oboe da caccia), dos violines, viola y continuo con fagot.
Estructura
Consta de diez movimientos, estructurados en dos partes que debían ser interpretadas antes y después del sermón:

PARTE I

1. Coro: Herz und Mund und Tat und Leben

2. Recitativo (tenor): Gebenedeiter Mund!

3. Aria (contralto): Schäme dich, o Seele nicht

4. Recitativo (bajo): Verstockung kann Gewaltige veblenden

5. Aria (soprano): Bereite dir, Jesu, noch itzo die Bahn

6. Coral: Wohl mir, daß ich Jesum habe

 

PARTE II

7. Aria (tenor): Hilf, Jesu, hilf, daß ich auch dich bekenne

8. Recitativo (contralto): Der höchsten Allmacht Wunderhand

9. Aria (bajo): Ich will von Jesu Wundern singen

10. Coral: Jesus bleibet meine Freude
 
Erster Teil

1. Chorus
Herz und Mund und Tat und Leben
Muß von Christo Zeugnis geben
Ohne Furcht und Heuchelei,
Dass er Gott und Heiland sei.

2. Recitativo T
Gebenedeiter Mund!
Maria macht ihr Innerstes der Seelen
Durch Dank und Rühmen kund;
Sie fänget bei sich an,
Des Heilands Wunder zu erzählen,
Was er an ihr als seiner Magd getan.

 
O menschliches Geschlecht,
Des Satans und der Sünden Knecht,
Du bist befreit
Durch Christi tröstendes Erscheinen
Von dieser Last und Dienstbarkeit!
Jedoch dein Mund und dein verstockt Gemüte
Verschweigt, verleugnet solche Güte;
Doch wisse, dass dich nach der Schrift
Ein allzuscharfes Urteil trifft!

3. Aria A
Schäme dich, o Seele, nicht,
Deinen Heiland zu bekennen,
Soll er dich die seine nennen
Vor des Vaters Angesicht!

Doch wer ihn auf dieser Erden
Zu verleugnen sich nicht scheut,
Soll von ihm verleugnet werden,
Wenn er kommt zur Herrlichkeit.
 
4. Recitativo B
Verstockung kann Gewaltige verblenden,
Bis sie des Höchsten Arm vom Stuhle stößt;
Doch dieser Arm erhebt,
Obschon vor ihm der Erde Kreis erbebt,
Hingegen die Elenden,
So er erlöst.
 

O hochbeglückte Christen,
Auf, machet euch bereit,
Itzt ist die angenehme Zeit,
Itzt ist der Tag des Heils:
der Heiland heißt
Euch Leib und Geist
Mit Glaubensgaben rüsten,
Auf, ruft zu ihm in brünstigem Verlangen,
Um ihn im Glauben zu empfangen!

5. Aria S
Bereite dir, Jesu, noch itzo die Bahn,
Mein Heiland, erwähle
Die gläubende Seele
Und siehe mit Augen der Gnade mich an!


6. Choral
Wohl mir, dass ich Jesum habe,
O wie feste halt ich ihn,
Dass er mir mein Herze labe,
Wenn ich krank und traurig bin.

Jesum hab ich, der mich liebet
Und sich mir zu eigen gibet;
Ach drum lass ich Jesum nicht,
Wenn mir gleich mein Herze bricht.

 
Zweiter Teil
 
7. Aria T
Hilf, Jesu, hilf, dass ich auch dich bekenne
In Wohl und Weh, in Freud und Leid,
Dass ich dich meinen Heiland nenne
Im Glauben und Gelassenheit,
Dass stets mein Herz von deiner Liebe brenne.
 
 
 
 
8. Recitativo A
Der höchsten Allmacht Wunderhand
Wirkt im Verborgenen der Erden.
Johannes muss mit Geist erfüllet werden,
Ihn zieht der Liebe Band
Bereits in seiner Mutter Leibe,
Dass er den Heiland kennt,
Ob er ihn gleich noch nicht
Mit seinem Munde nennt.

Er wird bewegt, er hüpft und springet,
Indem Elisabeth das Wunderwerk ausspricht,
Indem Mariae Mund der Lippen Opfer bringet.
Wenn ihr, o Gläubige, des Fleisches Schwachheit merkt
Wenn euer Herz in Liebe brennet,
Und doch der Mund den Heiland nicht bekennet,
Gott ist es, der euch kräftig stärkt,
Er will in euch des Geistes Kraft erregen,
Ja Dank und Preis auf eure Zunge legen.


 
9. Aria B
Ich will von Jesu Wundern singen
Und ihm der Lippen Opfer bringen,
Er wird nach seiner Liebe Bund
Das schwache Fleisch, den irischen Mund
Durch heilges Feuer kräftig zwingen.

   
10. Choral
Jesus bleibet meine Freude,
Meines Herzens Trost und Saft,
Jesus wehret allem Leide,
Er ist meines Lebens Kraft,
Meiner Augen Lust und Sonne,
Meiner Seele Schatz und Wonne;
Darum lass ich Jesum nicht
Aus dem Herzen und Gesicht.
 
Primera parte
 
1. Coro
Corazón y boca y actos y vida
han de dar testimonio,
sin temor ni hipocresía,
de que Cristo es Dios y Salvador.
 
Recitativo T
¡Bendita boca!
María reveló la parte más íntima de su alma
por medio de agradecimientos y plegarias;
empezó por narrarse a sí misma
el milagro que el Salvador,
obró en ella, su sierva.
 
¡Oh, raza humana,
esclava de Satanás y del pecado,
te ha liberado
la consoladora aparición de Cristo
de esta carga y esta servidumbre!
Empero, tu boca y tu terco espíritu
rechazan, niegan tal bondad;
¡has de saber, pues, que según las escrituras
un juicio implacable te espera!
 
3. Aria A
No te avergüences, oh alma,
de reconocer a tu Salvador,
que siempre te llame suyo
en presencia del Padre!
 
Pues quien en esta tierra
no dude en negarle
no será negado por Él
cuando se acerque a la gloria.
 
4. Recitativo B
La obstinación deslumbrará a los poderosos
hasta que el brazo del Altísimo
los arroje de sus tronos;
pues este brazo se eleva,
aunque tiemble el mundo entero ante él,
por los humildes,
a quienes ha redimido.
 
Oh, cristianos bienaventurados,
levantaos, estad listos,
el tiempo gozoso ha llegado,
hoy es el día de la salvación:
el Redentor os llama
para armar cuerpo y alma
con los dones de la fe,
Levantaos, llamadle con ferviente anhelo,
para abrazarle en la fe!
 
5. Aria S
Prepara, Jesús, ahora el camino para Ti,
Salvador mío, elige
las almas fieles
y mírame con ojos misericordiosos!
 
 
6. Coral
Feliz soy, pues tengo a Jesús,
oh, con qué fuerza me aferro a Él
para que consuele mi corazón
cuando estoy débil y triste.
 
Tengo a Jesús, que me ama
y se me entrega como algo mío;
ah, así, no quiero abandonar a Jesús
aunque mi corazón se rompa.
 
 
Segunda parte 
 
7. Aria T
Ayúdame, Jesús, ayúdame
para que también pueda reconocerte
en la prosperidad y la aflicción,
en la alegría y la tristeza,
para que pueda llamarte mi Salvador
en la fe y el sosiego,
para que mi corazón siempre pueda
arder con tu amor.
 
 8. Recitativo A
La mano del Todopoderoso
toca los misterios de la tierra.
Juan hubo de llenarse del espíritu,
el lazo del amor le llevó,
ya en el vientre de su madre
a conocer al Salvador
aunque todavía con su boca
no podía nombrarle.
 
Se movió, brincó, se agitó,
mientras Isabel contaba el milagro,
mientras la boca de María hacía la ofrenda de sus labios.
Si vosotros, creyentes,
notáis la debilidad de la carne,
si vuestros corazones arden de amor
y aun así vuestras bocas
no proclaman al Salvador,
entonces es Dios quien con su poder
os dará fuerzas,
hará surgir el poder del espíritu en vosotros,
sí, gracias y alabanzas
saldrán de vuestras lenguas.
 
 9. Aria B
Cantaré los milagros de Jesús
y le haré la ofrenda de mis labios,
por su pacto de amor
dará a la débil carne, a la boca terrenal,
mediante la Llama Sagrada, fuerza.
 
 
 10. Coral
Jesús sigue siendo mi alegría,
consuelo y savia de mi corazón,
Jesús me defiende de toda pena,
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y el prodigio de mi alma;
por eso no quiero a Jesús
fuera de mi corazón y mi vista.