domingo, 18 de noviembre de 2012

Anónimo - Greensleeves


Valéry Dauvage, laúd
Versión para laúd del Libro de William Ballet, seguida de la de Francis Cutting. 
La música instrumental, que ya en el siglo XV funcionaba con una estética propia, alcanza en el siglo XVI su definitiva y esplendorosa consagración como «manera» de concebir una obra musical. Al siglo XVI corresponde el haber llevado a sus últimas consecuencias el «descubrimiento» de la música instrumental, concebida ya desde la mente del compositor para ser tocada en instrumentos, valiéndose exclusivamente de sus recursos técnicos y sus medios expresivos, sin recurrir al apoyo ideológico de texto alguno.
Durante los siglos medievales la música instrumental tuvo sus más estrechas vinculaciones con el arte de la danza. Más tarde, se vio como se asociaba al canto hasta que, finalmente, se independizó por completo de esa misión de mero acompañamiento y siguió caminos propios. Las nuevas formas aparecidas en los últimos tiempos del Ars Nova exigieron un desarrollo de la técnica instrumental hasta el punto de que pronto fue posible adaptar obras vocales para ser tocadas solo por algún instrumento polifónico, o sea, capaz de tocar varias notas simultáneamente, como el órgano, lo que dio lugar en la Alemania del siglo XV a una interesante escuela. 
Además del órgano, se desarrolló grandemente la afición por otros instrumentos también de tecla pero que, en lugar de dirigir aire a determinados tubos, su mecanismo consistía en golpear con un borde de metal sobre cuerdas tensas; este antecedente de nuestro actual piano se llamaba clavicordio. Si en lugar de golpearlas, el teclado servía para puntear las cuerdas, se trataba de la espineta (contorno anguloso) o el virginal (contorno cuadrado) y más tarde, cuando se acopló un segundo teclado y se amplió su registro, del clavicémbalo, clavecín o simplemente clave.
Pero no sólo podían tocar música a varias voces los instrumentos de teclado; también lo hacía el arpa y, aunque con más limitaciones, el laúd. Por su manejabilidad y sus relativamente amplias posibilidades, el laúd (en España, la vihuela) será el instrumento «doméstico» favorito de los siglos XVI y XVII, hasta ser finalmente desplazado por el violín y el clave. La música polifónica tocada a laúd, por su imposibilidad de mantener el canto simultáneo de las voces, fue derivando hacia un género de melodía acompañada con acordes; con ello se destruye el concepto estricto de polifonía ‒melodías simultaneas‒  que había llegado ya al máximo de sus posibilidades, tanto en su aspecto profano (madrigales) como religioso (Palestrina).

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