miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cristóbal de Morales: "Magnificat"

Oxford Camerata
Jeremy Summerly, director

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,
y por eso desde ahora todas las generciones me llamarán bienaventurada,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es Santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hizo proezas con su brazo: dispersó a los soberbios de corazón,
derribó del trono a los poderosos y enalteció a los humildes,
a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos.
Auxilió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Para aproximarse a Cristóbal de Morales y su música, es de interés reparar en los versos de Bartolomé Cairasco de Figueroa, que en su Templo militante (1494) dice bellamente:
"y del tiempo moderno
aquel hispano terno
de Morales, Guerrero y de Victoria
que parece en su buelo
que aprendieron música en el Cielo".
Es, sin duda, la impresión de quien se asome a disfrutar las composiciones de cualquiera de los polifonistas españoles del s. XVI. Se trata de una música profundamente inspirada en un concentrado espíritu religioso hacia el cual deriva, no sólo por la finalidad concreta de su utilización en los oficios litúrgicos, sino también por el ideal estético de querer despertar y hacer duradero el sentimiento religioso a cuantos participasen en las funciones sagradas, en expresión de fe religiosa sincera y verdadera. Dicho ideal no debe ser visto sin situarlo en el contexto artístico general de la época aludida, que aglutinaba a lo más granado de las producciones de místicos, literatos, pintores, escultores, arquitectos, etc., de la España del Renacimiento y el Manierismo. En efecto, todas estas obras, hoy patrimonio admirado universalmente, contiene una arraigada carga de piedad (fruto de una vida austera y fervorosa) y de catequesis plástica. Esto no es más que ver el mismo fenómeno bajo dos aspectos: de dónde vienen y hacia dónde se dirigen, que es, en realidad, una sola corriente de doble flujo que viene de Dios y conduce hacia Él mediante la contemplación de lo bello.
En el caso de Morales hay que situarse en la primera mitad del s. XVI, época de grandes innovaciones técnicas en el campo musical y de no menos importantes cambios en cuanto a la mentalidad y la consideración estética tanto de autores como de intérpretes. Hay que tener en cuenta, no obstante, la herencia directa de la producción anterior, i.e., la última etapa del s. XV, y para encuadrar del todo a este compositor, habrá que tener presente que durante su vida no se había producido aún el giro contrarreformista de la Iglesia Católica en el Concilio de Trento (1545-1563).
Morales disfrutó de una gran fama no sólo en vida, sino que después fue parodiado por polifonistas españoles como Guerrero (que empieza su Liber Primus Missarum con una Misa basada en el atractivo motete de Morales Sancta et inmaculata) y Victoria (que utiliza el motete a seis Iubilate Deo omnis terra en su Misa Gaudeamus), a nivel nacional, y por el mismísimo Palestrina, que en su Misa O sacrum convivium parodia el motete que le sirve de base, de igual nombre, de Cristóbal de Morales, siendo el único autor español a quien decide parodiar.
Más la fama del admirado polifonista hispalense no se constriñe a nuestras fronteras. Recuérdese tan sólo de forma sumaria la presencia de sus obras en diversas catedrales e iglesias del "Nuevo Mundo" (Cuzco, México…) y en Europa, aun cuando habían transcurrido muchos años después de su muerte (no corrió la misma suerte el maestro abulense Tomás Luis de Victoria, cuyo olvido acaeció poco después del descenso de sus restos al sepulcro). Multitud de ediciones en imprentas europeas (Venecia, Nuremberg, Lovaina… lo confirman).



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