viernes, 30 de noviembre de 2012

Franz Schubert: Sinfonía nº 9 en Do mayor D 944 "la Grande"

Orquesta Filarmónica de Viena
Wolfgang Sawallisch, director

Hasta 1818, la tradición vienesa encarnada por Mozart y Haydn está muy presente en las sinfonías de Schubert. A partir de entonces, el compositor austriaco siente la necesidad de superar los esquemas clásicos, creando algunas de las obras fundamentales del incipiente Romanticismo. Aunque la numeración de la Sinfonía D944 "la Grande" es motivo de cierta controversia, parece demostrado que los primeros esbozos datan de 1825 y que en 1826 la partitura estaba completamente terminada (siendo después revisada en 1828). El problema es que hasta 1839, once años después de la muerte de Schubert, Robert Schumann no encontró la partitura en una visita a la casa de Ferdinand, el hermano de Schubert, en Viena. Schumann no descansó hasta conseguir estrenarla.
Primer movimiento
Andante, Allegro ma non troppo
La sinfonía arranca con una breve introducción interpretada por las trompas al unísono en la que se presenta el primer tema, que reaparecerá intermitentemente durante el resto de la obra. Tras la entrada de la orquesta se va hacia un pasaje en que las cuerdas acompañan y enriquecen el tema principal con diversas melodías. Se llega así al Allegro en el que hay fuertes contrastes entre temas atormentados en las cuerdas y apacibles en los trombones. Schubert juega con elementos del tema principal que vienen y van durante todo el movimiento en distintas tonalidades. Al final, la melodía de la introducción regresa triunfante y despide el movimiento.
Segundo movimiento
Andante con moto
El Andante supone un fuerte contraste frente a la energía desbordante del primero. Aquí predomina el lirismo. Arrancando con una dulce melodía del oboe sobre un acompañamiento rítmico (que caracteriza todo el movimiento), el primer pasaje transcurre con un diálogo entre los vientos y las cuerdas, que entonan la melancólica melodía principal. Este pasaje termina en un intenso clímax al que sigue un breve silencio. El pasaje final del movimiento estará dominado por los cellos y los oboes. En los últimos compases desaparece el ritmo de marcha y vuelve el tema principal, que de nuevo pone fin al movimiento, esta vez en una tonalidad distinta, más lúgubre.
Tercer movimiento
Scherzo: Allegro vivace. Trio
El Scherzo es el movimiento menos clasicista de la obra. En él, Schubert se acerca más al estilo de Beethoven que al de Mozart o Haydn. Abundan las danzas, las melodías se acentúan y un aire de vals inunda el ambiente. Los dulces sonidos de las flautas se contraponen a los contundentes acordes de trompas y cuerdas, que constituyen, de nuevo, una sólida base rítmica sobre la que el compositor sitúa al coro de vientos. En el Trío, Schubert introduce algunos de los cambios de tonalidad más llamativos de la obra.
Cuarto movimiento
Finale: Allegro vivace
El colosal Finale arranca con una frenética introducción en la que participa toda la orquesta. La melodía busca desesperadamente una salida a la que sólo llega con un silencio, tras el cual se pasa al segundo tema, que arranca con una inocente melodía entonada por los clarinetes. Al finalizar este segundo pasaje, Schubert introduce el siguiente con una serie de compases en los que evoca el "Himno a la Alegría" de su admirado Beethoven. La segunda parte del movimiento se compone de una serie de complejos ejercicios armónicos que culminan en el apoteósico final.
Primeras interpretaciones
La Sinfonía en Do mayor D 944 se estrenó, gracias al empeño de Schumann, el 21 de marzo de 1831 en Leipzig, bajo la batuta de Felix Mendelssohn. Schumann era un enamorado de la partitura. Calificaba de "divina" la longitud de la pieza cuando los músicos de media Europa se negaban a interpretarla recriminándole que era demasiado extensa y dijo de ella que se trataba de la mejor obra instrumental desde la muerte de Beethoven.

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