miércoles, 28 de noviembre de 2012

Francisco Guerrero - A un niño llorando al hielo

Claudia Ávila, Soprano
Victor Soares, Contratenor
Matías Miceli, Tenor
Sebastián Mariño, Barítono
Julie Kihm, Marie Schneider, María Laura Wirth, Flautas de pico
Soma Salat-Zakariás, Viola de gamba
Iglesia de Santa Isabel (Basilea), 15-12-2010


Francisco Guerrero, paisano de Cristóbal de Morales, fue maestro de capilla de Jaén, Málaga y Sevilla, aunque en la catedral malacitana no estuvo nunca y sólo empleó el cargo como puente hacia la catedral de Sevilla. Guerrero, a quien la historia reservaba un lugar de privilegio entre los polifonistas religiosos, destaca también en la música profana. Vicente Espinel y Lope de Vega ensalzan su arte. Hay ediciones de sus obras en buena parte de Europa y el teórico Cerone le compara a Lasso, Ingegneri, Felipe de Monte y otros más, lo que nos da una idea de la estima en que se le tenía. El mismo Guerrero nos ha legado una obra escrita, su Viaje a Jerusalén, en la que, con un lenguaje ingenuo relata las peripecias de su peregrinación a Tierra Santa. Esta misma ingenuidad es la que le llevó a cambiar los textos profanos por otros a «lo divino» en unas Villanescas (género italiano similar al villancico español) que compuso tempranamente y que él consideraba pecados de juventud. También contiene obras suyas profanas el Cancionero de Medinaceli.
Su estética es próxima a la de Morales, siendo notas destacables su estilo diáfano y colorista (muy andaluz, diríase hoy) de gran efecto y riqueza melódica y rítmica.
 

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