jueves, 29 de noviembre de 2012

Richard Wagner: "Tannhäuser" (Acto II)








 



VERSIÓN DE PARÍS
Hans Sotin, Spas Wenkoff, Bernd Weikl, Robert Schunk, Franz Mazura, John Pickering, Heinz Feldhoff, Gwyneth Jones
Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth
Colin Davis, director
Götz Friedrich, director escénico
John Neumeier, coreógrafo

Acto II


Escena I
La acción tiene lugar ahora en la gran sala de los cantores del castillo de Wartburg. Entra Elisabeth gozosa al saber que vuelve Tannhäuser; la orquesta refleja su estado de ferviente agitación en los violines e introduce el aria “Dich, teure Halle”, donde la joven expresa su alegría por volver a esta sala y recuerda su desolación tras la marcha del Minnesänger.

Escena II
Tannhäuser entra con Wolfram a la gran sala de los cantores y este le indica donde esta Elisabeth; la música se reduce de improviso a una serie de acordes punteados en la cuerda y el caballero cantor se arrodilla ante ella. Elisabeth dialoga con Tannhäuser sin ocultar sus sentimientos, acompañada con ternura por el clarinete, y recuerda en “Der Sänger klugen Weisen lauscht” como se enamoró con su canto. Ambos bendicen con pasión su reencuentro en el dúo “Geprisen sei die Stunde”, que se convierte en trío cuando Wolfram murmura aparte que ha perdido toda esperanza de conseguir el amor de Elisabeth. Tannhäuser sale con Wolfram y la joven se queda a solas mientras se escucha la melodía amorosa del clarinete.

Escena III
La música cambia a un tono más solemne para introducir la entrada del landgrave Hermann; este se alegra de que Elisabeth vuelva a la gran sala de los cantores y le pregunta por sus sentimientos. En la lejanía se escucha una fanfarria de trompetas y el landgrave anuncia a su sobrina la celebración de un torneo de cantores.

Escena IV
La escena final del segundo acto se inicia con la marcha que acompaña la entrada de los nobles con sus damas invitados al certamen; una solemne página orquestal con intervenciones alternas y conjuntas de las cuerdas masculinas y femeninas del coro. Otra marcha de tono más lírico en la cuerda acompaña la entrada de los cantores, a la que sigue una ceremonial intervención del landgrave; en un recitativo combinado con un arioso alaba la virtud del arte del canto, propone como tema del Torneo la verdadera esencia del amor y anuncia que el premio será entregado por Elisabeth. La  orquesta y el coro contestan al landgrave con fanfarrias y aclamaciones.
Wolfram abre el certamen con una descripción del amor como una fuente maravillosa y cristalina; canta “Blick ich umher”, utilizando un tono claro y un acompañamiento sencillo de arpa con el refuerzo ocasional de cuerdas graves sostenidas. Su canción obtiene la aprobación de todos los  presentes, excepto de Tannhäuser que recalca la importancia del deseo para beber de la fuente  del amor. Es el turno de Walther que defiende con “Den Bronnen, den uns Wolfram nannte”, en estilo similar a Wolfram, que la fuente del amor es sinónimo de castidad.
La riña dialéctica sigue creciendo de tono y la tensión acumulada hace intervenir al landgrave y a Wolfram, que trata de restaurar la calma volviendo al tono de su intervención inicial.
Sin embargo, Tannhäuser irrumpe en ese momento cantando con gran arrebato el himno a Venus del primer acto. Tras ello cunde la consternación y, mientras salen las damas de la sala, escuchamos en la orquesta ecos de la música del Venusberg. El landgrave, los nobles y los cantores se agrupan para matar a Tannhäuser, pero Elisabeth se interpone con firmeza y con tono triste defiende en “Der Unglücksel’ge” su derecho al arrepentimiento y la redención. Sigue un estático concertato de cantores y caballeros en el estilo de las óperas italianas del momento, combinado con intervenciones de Tannhäuser y Elisabeth, y donde se compara la intervención de la joven con la intercesión de un ángel. Un severo motivo al unísono en la cuerda introduce la intervención del landgrave que propone que Tannhäuser se una a los peregrinos que van a Roma; todos están de acuerdo y el tono se vuelve más positivo.
Se hace el silencio para escuchar de fondo el coro a cappella de los peregrinos jóvenes y el acto termina con el grito de Tannhäuser “Nach Rom!” que repiten todos.

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