domingo, 13 de enero de 2013

Ígor Stravinski: "El pájaro de Fuego", Suite

Orquesta Filarmónica de Viena
Valery Gergiev, director


Uno de los más grandes compositores del siglo XX ha sido Ígor Stravinski, músico de origen ruso nacionalizado norteamericano, que utiliza también una gran orquesta. En su ballet Le Sacre du Printemps, de 1913, se sobrepasa el centenar de músicos. Casi nunca llega a utilizarlos todos al mismo tiempo, sino que los va empleando por grupos o sectores orquestales, sonando cada uno de ellos por separado.
 
Stravinski se vale de recursos sonoros que van apareciendo a través de la obra, por lo que su técnica, en este sentido, se refiere más bien a un asunto de colorido, matices o color orquestal. Es uno de los músicos del siglo XX que ha utilizado con cierta frecuencia instrumentos como el piano y el xilófono entremezclados con la orquesta.  También se puede citar, a título de ejemplo de la orquesta de Stravinski a Petrushka, El pájaro de fuego o, dentro del género menor, la reducida elección instrumental de La historia del soldado, en la que intervienen un instrumento agudo y uno grave de cada familia: un violín y un contrabajo, un cornetín y un trombón, un clarinete y un fagot, todo ello acompañado de un rico despliegue de la percusión.

 

Arnold Schoenberg: "Cinco Piezas Orquestales", Nº 3: Farben

5 Orchesterstücke op.16 (Versión original, 1909)
III. (Farben: Mässige Viertel)
City of Birmingham Symphony Orchestra
Simon Rattle, director

Schoenberg comenzó las Cinco Piezas Orquestales el 23 de mayo de 1909. Henry Wood dirigió el estreno en Londres, el 9 de marzo de 1912. La obra fue recibida con descocierto por parte de la prensa y el público. No había mucha gente entonces que comprendiera el nuevo lenguaje. Ahora que han pasado muchos años, comprendemos mucho mejor los nuevos sonidos y procedimientos...

Después de la fastuosidad post-romántica, el siglo XX se ha permitido el lujo de investigar y profundizar en la esencia misma del timbre; su especulación le ha llevado a descubrir aspectos inhabituales en la manera de tratar los instrumentos de siempre, que puede usar del trémolo labial en los instrumentos de viento (frullato o flatterzunge), etc. Poco a poco se ha conseguido una sonoridad “siglo XX” con una cantidad importante de recursos que amplifica y prolonga los medios tradicionales. Una partitura de Schoenberg o de Berg suele estar vestida con tal lujo de detalles, poblada de tal cantidad de matices, que su lectura resulta en extremo ardua y compleja.

El espectro tímbrico de la música del pasado siglo es de tal riqueza que ha llegado incluso a desbancar a otros elementos musicales, como la melodía o la medida del ritmo, que parecían de primer orden. Una composición musical, desde hace tiempo, puede justificarse fundamentalmente por el color. Así, la transmutación tímbrica de un acorde fijo que pasa por distintos instrumentos irisándose paulatinamente como sucede en la tercera de las Cinco piezas para orquesta, Op. 16 de Schoenberg, que ostenta el título de Colores, o como en la «melodía de timbres», la famosa Klangfarbenmelodie de la Escuela de Viena, que consiste en un cambio de instrumento a cada nota de una melodía da por resultado una secuencia de multicolores puntos en sucesión.

Maurice Ravel: "Daphnis et Chloé", Suite nº 2


Orquesta Sinfónica Simón Bolívar
Gustavo Dudamel, director

Maurice Ravel fue alumno de Fauré en el Conservatorio de París. Su obra se divide bastante nítidamente en dos etapas. A la primera, impresionista, que acusa una marcada influencia de Debussy, corresponden obras como Habanera, Espejos, Gaspard de la nuit (las tres compuestas inicialmente para piano, luego orquestadas) y el ballet Dafnis y Cloe.
 
Maurice Ravel (1875-1937)
En los años posteriores a la primera guerra mundial se inclina hacia la modalidad. De este momento son La valse, La hora española y Boléro. Esta última pieza, la más famosa entre las suyas, se convirtió en uno de los pioneros de la música contemporánea. En Boléro se escuchan dos temas que se repiten, sin variación, diecinueve veces, con la particularidad de que, cada vez, el tema es objeto de una nueva instrumentación. “Efectos orquestales sin música” llamó Ravel, quizá con excesiva modestia, a su genial aportación a la instrumentación orquestal. 
 
Con aproximadamente una hora de duración, el ballet Daphnis et Chloé, estrenado en París en 1912, es la obra más larga de Ravel. La música, una de las más apasionadas del compositor, está considerada como uno de los exponentes de las de mejor calidad en Ravel, con armonías extraordinariamente exuberantes típicas del Impresionismo musical. Posteriormente el compositor seleccionó varios fragmentos del ballet para hacer dos suites orquestales, la segunda de las cuales es particularmente popular. La obra completa en sí es interpretada más en concierto que en escena.
 

Gustav Mahler: Sinfonía nº 8 "De los Mil"

Rosemary Joshua, soprano
Christine Brewer, soprano
John Relyea, bass
David Wilson-Johnson, barítono
Jon Villars, tenor
Soile Isokoski, soprano
Birgit Remmert, mezzo-soprano
Jane Henschel, mezzo-soprano
City of Birmingham Symphony Youth Chorus
London Symphony Chorus
Toronto Children's Chorus
Sydney Philharmonia Choirs
City of Birmingham Symphony Chorus
National Youth Orchestra of Great Britain
Simon Rattle, director
 
La Octava Sinfonía de Gustav Mahler, conocida como “Sinfonía de los mil” es grandiosa. Se llama así porque requiere una plantilla de ejecutantes mucho mayor que lo normal.

La obra fue escrita en el verano de 1906 y se estrenó en la Neue Musikfesthalle de Múnich el 12 de septiembre de 1910, con Gustav Mahler al frente de una orquesta compuesta por 171 instrumentistas y una masa coral de 850 voces y ocho solistas. En total 1.030 ejecutantes.

Orquestación
4 flautas, 2 piccolos, 4 oboes, 1 corno inglés, 4 clarinetes, 1 clarinete bajo, 4 fagotes, 1 contrafagot, 8 trompas, 4 trompetas, 4 trombones, 1 tuba, 3 timbales, 1 triángulo, 3 platillos, 1 caja, 1 gong, 4 campanas, 1 celesta, 1 piano, 1 armonio, 1 órgano, 2 arpas, 2 mandolinas, violines primeros y segundos, violas, violonchelos y contrabajos.
Instrumentos en la sala: 4 trompetas y 3 trombones
Voces: 3 sopranos, 2 contraltos, 1 tenor, 1 barítono, 1 bajo, 1 coro de niños, 2 coros mixtos.

El estreno obligó a realizar 32 ensayos, siendo el último de tres días de duración, para que los intérpretes pudieran ponerse a punto. En todas las crónicas del estreno se destaca que reunió a muchos artistas de relevancia, como Richard Strauss, Siegfried Wagner, Alfredo Casella, Stefan Zweig, Thomas Mann, Leopold Stokowski o Arnold Schoenberg, quienes junto al resto de espectadores dedicaron a Mahler una ovación de más de media hora.
 
La sinfonía consta de dos partes. La primera tiene forma de allegro de sonata y se basa  en el himno medieval de Pentecostés “Veni, Creator Spiritus”  (texto atribuido a Habranus Maurus, con alteraciones de Mahler), cuya división en movimientos es la siguiente:

Primera Parte: Veni, creator spiritus
1. Allegro impetuoso “Veni, creator spiritus”
2. A tempo. Etwas (aber unmerklich) gemäßigter; immer sehr fließend “Imple superna gratia”
3. Tempo I. (Allegro impetuoso) “Infirma nostri corporis”
4. Tempo I. (Allegro, etwas hastig)
5. Sehr fließend – Noch einmal so langsam als vorher. Nicht schleppend “Infirma nostri corporis”
6. Plötzlich sehr breit und leidenschaftlichen Ausdrucks – Mit Plötzlichem Aufschwung “Accende lumen sensibus”
7. “Veni, creator spiritus”
8. A tempo “Gloria sit Patri Domino”


La segunda parte se basa en la Escena final del Fausto II, de Goethe, con modificaciones y acotaciones de Mahler, y tiene la siguiente estructura:
1. Poco adagio
2. Più mosso (Allegro moderato)
3. Wieder langsam. Coro y Eco: “Waldung, sie schwankt heran”
4. Moderato. Pater ecstaticus: “Ewiger Wonnebrand”
5. Allegro – (Allegro apassionato). Pater profundus: “Wie Felsenabgrund mir zu Füßen”
6. Allegro deciso. (Im Anfang noch nicht eilen). Coro de Ángeles: “Gerettet ist das edle Glied der Geister von Bösen”
Bendito coro de niños: “Hände verschlinget euch”

7. Molto leggiero. Coro de los ángeles más jóvenes: “Jene Rosen aus den Händen”
8. Schon etwas langsamer und immer noch mäßiger
El Ángel más perfecto: “Uns bleibt ein Erdenrest”

9. Im Anfang (die ersten vier Takte) noch etwas gehalten
 El Ángel más joven: “Ich spür’ soeben, nebelnd um Felsenhöh” Doctor Marianus: “Hier ist die Aussicht frei”

10. Sempre l’istesso tempo. Doctor Marianus: “Höchste Herrscherin der Welt”
11. Äußerst langsam. Adagissimo
Coros I/II: “Dir, der Unberührbaren” Chor der Büßerinnen und Una poenitentium: “Du schwebst zu Höhen der ewigen Reiche”

12. Fließend
Magna Peccatrix: “Bei der Liebe, die den Füßen” Mulier Samaritana: “Bei dem Bronn, zu dem schon weiland” Maria Ægyptiaca: “Bei dem hochgeweihten Orte”

13. Una penitente: “neige, neige, du Ohnegleiche”
14. Unmerklich frischer
 Niños Bienaventurados: “Er überwächst uns schon”

15. Una penitente: “Vom edlen Geisterchor umgeben”
Mater gloriosa: “Komm! hebe dich zu höhern Sphären” Hymnenartig Doctor Marianus: “Blicket auf zum Retteblick, alle reuig Zarten”

16. Sehr langsam beginnend
 Coro místico: “Alles Vergängliche ist nur ein Gleichnis”.


La sinfonía, como forma reina de la música occidental desde Haydn y Mozart en el terreno instrumental, llegó a su posición de máxima expansión y grandeza —entendida como grandiosidad y grandilocuencia— a través de las creaciones de Mahler. A la inversa, si la sinfonía ha conocido un aniquilador o ángel exterminador, éste sería también él. Porque el sinfonismo clásico-romántico experimentó las últimas exacerbaciones posibles de forma y sintaxis no en los edificios musicales de Bruckner, sino en los conglomerados y ‘tractati’ de Mahler, que no son sino pronunciamientos filosóficos y expresiones de su propia existencia. Para este planteamiento, la forma tradicional le resultaba insuficiente: se vio, pues, obligado a crear la suya propia. Cuando estaba dedicado a la composición de la Tercera sinfonía, escribió a Natalie Bauer-Lechner: «Para mí, la palabra ‘sinfonía’ significa construir un mundo con todos los medios a mi alcance». Y ya cerca del final de su vida, en la primera década del siglo XX, declaró a Jean Sibelius, en el único encuentro entre ambos artistas, que «la Sinfonía debe abarcarlo todo».
La gran e irónica paradoja del siglo XX es que en esa centuria, en que la orquesta sinfónica se consagraría como el instrumento hiperperfecto y fascinante de expresión musical (nunca antes había llegado a tal nivel de virtuosismo), la sinfonía se consideraba ya acabada y agotada. Por ello, el siglo XX terminó configurando su propio sinfonismo, como respuesta al reto de la aporía… y con Mahler como punto de referencia, rechazo o adhesión. 

Richard Strauss: Así habló Zaratustra


Orquesta Filarmónica de Berlín
Herbert von Karajan, director

Con Gustav Mahler y Richard Strauss se asiste al apogeo de la gran orquesta, un apogeo que representó la culminación de un proceso y la abertura conceptual particularmente en Mahler hacia el futuro. Ambos músicos sintetizaron en su obra todas las innovaciones de la música europea del siglo XIX apoyándose en argumentos literarios que permitían integrar el sensitivo y maravilloso timbre de la voz en la orquesta. Sobre la base de los desdoblamientos por familias instrumentales y un acrecentamiento del grupo de metales que se correspondía con una gran profusión de instrumentos de percusión, ambos compositores abordaron enormes orquestas que parecían realizar al fin el sueño de Berlioz.
Richard Strauss utiliza el principio masivo o de bloque al igual que Wagner, aunque de forma algo más diversificada. En su momento Liszt había creado el Poema Sinfónico, que logra su apogeo con Strauss, por lo que la orquesta de este último tiende hacia lo pintoresco y lo descriptivo y, por consiguiente, la técnica de la instrumentación se pliega a las nuevas necesidades coloristas. Considerado como el maestro del Poema Sinfónico, Strauss utiliza varios instrumentos de uso infrecuente, como la máquina de viento en su poema Don Quijote. Sus obras presentan un colorido francamente radiante.