El estreno de La Tempranica fue precedido de un suspense que duró dos años, aplazándose varias veces las representaciones previamente anunciadas. Al parecer todo fue por la resistencia de Julián Romea a que la protagonista fuese interpretada por una cantante de confianza; sorprende que esta “pega” la pusiese el libretista (aunque también era músico) y no el compositor, y también que diez días después se volviera a cambiar la tiple debutando Matilde Franco que “salió muy airosa”. Aunque la crítica fue diversa (más negativa en cuanto al libreto), la obra fue recibida por el público de modo entusiasta y se ha mantenido inalterablemente en el cartel de forma muy digna. El argumento se basa en el amor “imposible” de una gitanilla por un “señorito” andaluz, vivido en el ambiente típico de las tierras de Granada que da pretexto para una extraordinaria partitura en que se combinan los números o cuadros propios del género chico, como el coro de hombres “la caza ya se esconde”, el zapateado “la tarántula e un bicho mu malo” el concertante “a trabajá con fatiga” o el tango (curiosamente popularizado en la década de los 70 por Mari Trini en un tono nada zarzuelero, como fue la canción “Ayer”) con otros más de zarzuela grande, como el dúo de María y Don Luis “Yo no sé al verte que me ha pazao” o la genial romanza de María la tempranica “Sierras de Granada, llanos de la vega”. En 1930 Moreno Torroba (con la colaboración literaria de Ricardo González del Toro) compuso una versión operística de La Tempranica añadiendo diversos números.
Las hijas del Zebedeo es una
zarzuela cómica en dos actos con texto de José Estremera y música de Ruperto
Chapí. Fue estrenada el 9 de julio de 1889 en el Teatro Maravillas de Madrid.
Esta zarzuela fue acogida muy bien
acogida por la crítica a causa de todas y cada una de las piezas musicales que
fueron dirigidas por el maestro Giménez y provocaron oleadas de aplausos y
"salida al tercio" de los autores. Sin embargo sólo ha quedado en el
repertorio el número de las carceleras, que curiosamente, según recoge el
Diccionario de la Zarzuela, fueron extraídas de El País del Abanico,
composición que no alcanzó apenas popularidad. Este fragmento sigue hoy
constituyendo un tema emblemático en el género.
Las Carceleras son un canto popular
andaluz; su asunto versa sobre las penas de los presos. Puede decirse que es un
género del flamenco, que se encuadra en el grupo de los llamados "cantes a
palo seco" (porque se ejecuta sin acompañamiento de guitarra) considerado
una modalidad del martinete. El nombre alude al tema, normalmente la cárcel,
porque solían ser cantadas por gitanos en prisión, razón que explica la
ausencia de la guitarra.
Polissón, sastre y tío de Regina,
busca a un tal Felipe que sedujo a su hermana, y sospecha que es el dueño del
merendero "El Zebedeo". Arturo, hijo de Felipe es novio de Luisa y
teme, por algunos comentarios oídos a su padre, que pueda ser hija del Zebedeo
y por tanto su hermana. Pero la realidad es que la hija ilegítima de Felipe
resulta ser Regina, la que al final es reconocida y admitida como hija por
Tomasa en tanto, que deshecho el equívoco, Arturo se casará con Luisa.
La soprano Diana
Damrau y el director de orquesta Zubin Mehta protagonizan en el Carnegie Hall
de Nueva York un momento para la diversión y el humor. Se trata de un concierto
de la Filarmónica de Viena, que como propina ofrece una polka de Johann Strauss,
«Unter Donner und Blitz».
Mientras toca la
orquesta, la soprano no duda en contonearse y reír al son de la música, a la
vez que anima al público a dar palmas. El mejor momento llega cuando Mehta le
cede la batuta a Damrau y también el podio para ponerse al frente de una de las
formaciones más prestigiosas del mundo, mientras le explica a qué secciones tiene
que dar entrada. Divertido momento en el que disfrutan todos: orquesta, cantante,
director de orquesta ¡y también el público!
Intérpretes: Rowan
Atkinson (Mr. Bean), Max Baldry (Stepan), Emma de Caunes (Sabine), Willem Dafoe
(Carson Clay), Karel Roden (Emil), Jean Rochefort (maître).
Guion: Robin
Driscoll y Hamish McColl; basado en un argumento de Simon McBurney.
Producción: Peter
Bennett Jones, Tim Bevan y Eric Fellner.
Música: Howard
Goodall.
Fotografía: Baz
Irvine.
Montaje: Tony
Cranstoun.
Diseño de
producción: Michael Carlin.
Vestuario:
Pierre-Yves Gayraud.
Estreno en España:
30 Marzo 2007.
Mr. Bean (Rowan
Atkinson) tiene la grata sorpresa de descubrir que es el ganador de un viaje al
sur de Francia. Estará en Cannes durante el famoso festival de cine. Su viaje
no tarda en convertirse en un auténtico caos, causando auténticos estragos allí
por donde pasa.
La historia
comienza en una iglesia de Londres, donde se celebra un concurso en el que Mr.
Bean gana un viaje a Cannes (con escala en París), y una cámara de vídeo.
Cuando llega a la
estación, a Bean se le queda la corbata enganchada en una máquina expendedora,
así que pierde el tren, y como el siguiente sale una hora después, decide
esperar comiendo algo en un restaurante. Una vez sale del restaurante (deprisa
y corriendo) y antes de subir al tren le pide a un hombre (que luego resulta
ser el director de cine ruso Emil Duchevsky, jurado para el festival de Cannes
e interpretado por Karel Roden) que lo filme saludando mientras sube ese tren.
Tras muchas tomas, Bean se mete en el vagón pero en ese momento se cierran las
puertas y el director de cine se queda fuera. Cuando el tren arranca, Bean ve
como este hombre da voces a un niño del vagón, que es su hijo Stephan (Max
Baldry). Duchevsky alcanza a decirle a Stephan que se baje en la siguiente
estación. Sintiéndose culpable por lo ocurrido, y mientras toda la gente del
vagón le mira mal, Bean trata de hacer cambiar de humor al chico haciendo
muecas, pero solo logra ser golpeado por el chico.
En la siguiente
estación, como lo había propuesto el padre del niño, éste se baja. Mr Bean que
siente cariño por él lo vigila desde adentro del tren. En ese momento un ebrio
se acerca al niño, provocando el enojo de Bean, que se baja del tren y lo echa.
Asegurada la protección del niño, vuelve a subir pero descubre que el niño
tiene su cámara, que había ganado junto con el viaje. Sale precipitadamente del
tren y atrás se cierra la puerta. Intenta volver al tren pero las puertas no se
abren, quedando las valijas de éste adentro. Bean se queda con Stephan, pero
enojado, se sienta un poco alejado del chico, pero éste se le acerca y empieza
a bromear con él. Justo después aparece Duchevsky en otro tren, pero como éste
no paraba en la estación, coloca un papel sobre la ventanilla con su número de
teléfono, el cual Bean alcanza a grabar. Sin embargo se ve en el vídeo que está
tapando con su dedo las dos últimas cifras del número.
Así comienza lo
que será una odisea por Francia para encontrar al padre del niño, aunque Mr.
Bean lo que quiere es estar en la playa, de vacaciones. Así, en cada
oportunidad que se le presente, Bean y el niño probarán números del 00 al 99,
para poder contactar con Duchevsky. Peró poco a poco surgirán más problemas
para Bean, los cuales no tardarán en empeorar.
En la zona
suroeste de Moscú se levanta un proyecto de unidades habitacionales, de las
muchísimas que se construyeron en la era soviética, conocida como Cheryomushki.
Se trata de unidades que, en su tiempo, fueron relativamente baratas, ya que
eran subsidiadas por el gobierno. Por diversas razones (incluso musicales),
Cheryomushki se volvió tan emblemática de todos los proyectos habitacionales
similares, que todos son conocidos en general con ese nombre. Como en todo
edificio, vecindad o unidad habitacional, las vidas y las historias de sus
habitantes se cruzan y se entretejen, en muchas ocasiones debido a su
problemática común. Es precisamente este entrecruzamiento de historias
individuales lo que los libretistas Vladimir Mass y Mikhail Cervinsky tomaron
como sustento para escribir el libreto de Moscú,
Cheryomushki, una de las obras escénicas más ligeras del catálogo de Dmitri
Shostakovich.
¿Qué es,
precisamente Moscú, Cheryomushki?
Según la fuente que se consulte, es una ópera ligera, una opereta o una comedia
musical. De hecho, con un poco de flexibilidad, es posible aplicarle también la
etiqueta de Singspiel, debido a que
la obra contiene una buena cantidad de diálogos hablados. El tono festivo y
jocoso de la obra está cimentado en el hecho de que Mass y Cervinsky eran dos
de los humoristas más conocidos de su tiempo, y aprovecharon su experiencia en
esos asuntos para construir un texto ingenioso y a la vez ligero en el que se
valen de una colección de personajes estereotípicos para explorar y hasta
cierto punto satirizar los problemas de escasez de vivienda y de nivel de vida
que solían ser cotidianos en la Unión Soviética.