Ana Belén en el film de José Luis García Sánchez (1985)
La opereta bíblica en dos actos, divididos en ocho cuadros, La Corte de Faraón, con texto original de Gillermo Perrín y Miguel de Palacios y música de Vicente Lleó, se estrenó el 21 de enero de 1910 en el Teatro Eslava de Madrid. La obra está basada en la opereta francesa Madame Putiphar de Edmon Diet con letra de Ernest Depres y Leon Xanrof, y escenifica la parodia de una de las más popularizadas escenas bíblicas, adobada de otra historia paralela, no bíblica, la de Lotha y Putifar. El éxito le acompañó desde el principio llegándose a 762 representaciones seguidas. Durante el régimen de Franco estuvo prohibida, lo que ayudó a su popularidad por el morbo de la prohibición, volviendo a reaperecer en 1976. Poco después, en 1985, la realización de una película en que se entremezclan las dos tramas, la picante del argumento de la zarzuela con la no menos sorprendente de los censores de la dictadura ha extendido el campo de esta obra a sectores nada amantes de la zarzuela.
El estreno de La Tempranica fue precedido de un suspense que duró dos años, aplazándose varias veces las representaciones previamente anunciadas. Al parecer todo fue por la resistencia de Julián Romea a que la protagonista fuese interpretada por una cantante de confianza; sorprende que esta “pega” la pusiese el libretista (aunque también era músico) y no el compositor, y también que diez días después se volviera a cambiar la tiple debutando Matilde Franco que “salió muy airosa”. Aunque la crítica fue diversa (más negativa en cuanto al libreto), la obra fue recibida por el público de modo entusiasta y se ha mantenido inalterablemente en el cartel de forma muy digna. El argumento se basa en el amor “imposible” de una gitanilla por un “señorito” andaluz, vivido en el ambiente típico de las tierras de Granada que da pretexto para una extraordinaria partitura en que se combinan los números o cuadros propios del género chico, como el coro de hombres “la caza ya se esconde”, el zapateado “la tarántula e un bicho mu malo” el concertante “a trabajá con fatiga” o el tango (curiosamente popularizado en la década de los 70 por Mari Trini en un tono nada zarzuelero, como fue la canción “Ayer”) con otros más de zarzuela grande, como el dúo de María y Don Luis “Yo no sé al verte que me ha pazao” o la genial romanza de María la tempranica “Sierras de Granada, llanos de la vega”. En 1930 Moreno Torroba (con la colaboración literaria de Ricardo González del Toro) compuso una versión operística de La Tempranica añadiendo diversos números.
Las hijas del Zebedeo es una
zarzuela cómica en dos actos con texto de José Estremera y música de Ruperto
Chapí. Fue estrenada el 9 de julio de 1889 en el Teatro Maravillas de Madrid.
Esta zarzuela fue acogida muy bien
acogida por la crítica a causa de todas y cada una de las piezas musicales que
fueron dirigidas por el maestro Giménez y provocaron oleadas de aplausos y
"salida al tercio" de los autores. Sin embargo sólo ha quedado en el
repertorio el número de las carceleras, que curiosamente, según recoge el
Diccionario de la Zarzuela, fueron extraídas de El País del Abanico,
composición que no alcanzó apenas popularidad. Este fragmento sigue hoy
constituyendo un tema emblemático en el género.
Las Carceleras son un canto popular
andaluz; su asunto versa sobre las penas de los presos. Puede decirse que es un
género del flamenco, que se encuadra en el grupo de los llamados "cantes a
palo seco" (porque se ejecuta sin acompañamiento de guitarra) considerado
una modalidad del martinete. El nombre alude al tema, normalmente la cárcel,
porque solían ser cantadas por gitanos en prisión, razón que explica la
ausencia de la guitarra.
Polissón, sastre y tío de Regina,
busca a un tal Felipe que sedujo a su hermana, y sospecha que es el dueño del
merendero "El Zebedeo". Arturo, hijo de Felipe es novio de Luisa y
teme, por algunos comentarios oídos a su padre, que pueda ser hija del Zebedeo
y por tanto su hermana. Pero la realidad es que la hija ilegítima de Felipe
resulta ser Regina, la que al final es reconocida y admitida como hija por
Tomasa en tanto, que deshecho el equívoco, Arturo se casará con Luisa.
La soprano Diana
Damrau y el director de orquesta Zubin Mehta protagonizan en el Carnegie Hall
de Nueva York un momento para la diversión y el humor. Se trata de un concierto
de la Filarmónica de Viena, que como propina ofrece una polka de Johann Strauss,
«Unter Donner und Blitz».
Mientras toca la
orquesta, la soprano no duda en contonearse y reír al son de la música, a la
vez que anima al público a dar palmas. El mejor momento llega cuando Mehta le
cede la batuta a Damrau y también el podio para ponerse al frente de una de las
formaciones más prestigiosas del mundo, mientras le explica a qué secciones tiene
que dar entrada. Divertido momento en el que disfrutan todos: orquesta, cantante,
director de orquesta ¡y también el público!
Intérpretes: Rowan
Atkinson (Mr. Bean), Max Baldry (Stepan), Emma de Caunes (Sabine), Willem Dafoe
(Carson Clay), Karel Roden (Emil), Jean Rochefort (maître).
Guion: Robin
Driscoll y Hamish McColl; basado en un argumento de Simon McBurney.
Producción: Peter
Bennett Jones, Tim Bevan y Eric Fellner.
Música: Howard
Goodall.
Fotografía: Baz
Irvine.
Montaje: Tony
Cranstoun.
Diseño de
producción: Michael Carlin.
Vestuario:
Pierre-Yves Gayraud.
Estreno en España:
30 Marzo 2007.
Mr. Bean (Rowan
Atkinson) tiene la grata sorpresa de descubrir que es el ganador de un viaje al
sur de Francia. Estará en Cannes durante el famoso festival de cine. Su viaje
no tarda en convertirse en un auténtico caos, causando auténticos estragos allí
por donde pasa.
La historia
comienza en una iglesia de Londres, donde se celebra un concurso en el que Mr.
Bean gana un viaje a Cannes (con escala en París), y una cámara de vídeo.
Cuando llega a la
estación, a Bean se le queda la corbata enganchada en una máquina expendedora,
así que pierde el tren, y como el siguiente sale una hora después, decide
esperar comiendo algo en un restaurante. Una vez sale del restaurante (deprisa
y corriendo) y antes de subir al tren le pide a un hombre (que luego resulta
ser el director de cine ruso Emil Duchevsky, jurado para el festival de Cannes
e interpretado por Karel Roden) que lo filme saludando mientras sube ese tren.
Tras muchas tomas, Bean se mete en el vagón pero en ese momento se cierran las
puertas y el director de cine se queda fuera. Cuando el tren arranca, Bean ve
como este hombre da voces a un niño del vagón, que es su hijo Stephan (Max
Baldry). Duchevsky alcanza a decirle a Stephan que se baje en la siguiente
estación. Sintiéndose culpable por lo ocurrido, y mientras toda la gente del
vagón le mira mal, Bean trata de hacer cambiar de humor al chico haciendo
muecas, pero solo logra ser golpeado por el chico.
En la siguiente
estación, como lo había propuesto el padre del niño, éste se baja. Mr Bean que
siente cariño por él lo vigila desde adentro del tren. En ese momento un ebrio
se acerca al niño, provocando el enojo de Bean, que se baja del tren y lo echa.
Asegurada la protección del niño, vuelve a subir pero descubre que el niño
tiene su cámara, que había ganado junto con el viaje. Sale precipitadamente del
tren y atrás se cierra la puerta. Intenta volver al tren pero las puertas no se
abren, quedando las valijas de éste adentro. Bean se queda con Stephan, pero
enojado, se sienta un poco alejado del chico, pero éste se le acerca y empieza
a bromear con él. Justo después aparece Duchevsky en otro tren, pero como éste
no paraba en la estación, coloca un papel sobre la ventanilla con su número de
teléfono, el cual Bean alcanza a grabar. Sin embargo se ve en el vídeo que está
tapando con su dedo las dos últimas cifras del número.
Así comienza lo
que será una odisea por Francia para encontrar al padre del niño, aunque Mr.
Bean lo que quiere es estar en la playa, de vacaciones. Así, en cada
oportunidad que se le presente, Bean y el niño probarán números del 00 al 99,
para poder contactar con Duchevsky. Peró poco a poco surgirán más problemas
para Bean, los cuales no tardarán en empeorar.