viernes, 22 de enero de 2016

Manhattan, film de Woody Allen (1979)

Escena inicial

Empeño de muchos ha sido fotografiar la vida de las calles de Nueva York y acierto de unos pocos sacar una radiografía completa de la ciudad de los rascacielos. Martin Scorsese y Francis Ford Coppola lo lograron mostrando los bajos fondos y el crimen organizado. Woody Allen también lo consiguió, pero ofreciendo una cara mucho más amable, sin violencia pero con un deje melancólico.
En este sentido, el prólogo de Manhattan es toda una declaración de intenciones. Cual si fuera un poema sinfónico, la cuna de Occidente nos abre sus puertas, enseñándonos sus imponentes edificios, su tráfico vertiginoso y su ritmo de vida frenético, en un montaje acelerado que culmina con unos fuegos artificiales, todo ello al son de la maravillosa y estilizada Rhapsody in Blue, de George Gershwin. Esta obertura es, por sí sola, la más hermosa oda que se ha dedicado a la ciudad de Nueva York, verdadero protagonista y embajador de la hondura de esta película.

Manhattan fue el primer filme de Woody Allen rodado en blanco y negro y en formato Panavisión, y en él se aprecia un prurito esteticista al que es poco dado su autor. El excelente trabajo del director de fotografía Gordon Willis se nota en los encuadres medidos, en los planos sostenidos, en el fuera de campo, en los claroscuros, incluso en esa neblina que envuelve la ciudad y que le confiere un aura entre mágica y mefítica. 

G. Gershwin: 'S Wonderful

Diana Krall, voz y piano

En mayo de 1914, con solo 15 años de edad y apenas 4 años desde que había recibido las primeras lecciones de piano, George Gershwin abandonaba el colegio para trabajar profesionalmente en una editora de canciones populares que formaba parte del “Tin Pan Alley”. Así comenzó a convertirse en un gran improvisador y arreglista, aunque con limitada capacidad de lectura musical.
En 1919, Gershwin compuso las 13 canciones de su primer musical de Broadway completo. En los cuatro años siguientes Gershwin continuaría actuando como exitoso pianista y, por otro lado, compuso canciones para 18 musicales de Broadway. Las letras eran todas de su hermano Ira Gershwin.
En 1926, compuso las 18 piezas para el exitoso musical “Oh, Kay!”, destacándose especialmente la balada “Someone to watch over me".
En 1927, puso en pie la música de dos nuevas comedias musicales. Para uno de estos espectáculos, “Strike Up the Band”, Gershwin escribió una balada que no tendría mayor repercusión en su época pero que, a finales de los años 30, se convertiría en uno de los temas más interpretados por los músicos de Jazz: "The man I love".
En los tres años siguientes, Gershwin escribió decenas de canciones para cinco musicales, entre los que destaca una de las producciones musicales que escribiera en 1930: “Girl Crazy”, en la que la orquesta del foso estaba integrada por varios músicos que sobresaldrían en poco tiempo en el Jazz: Benny Goodman, Glenn Miller y Gene Krupa. Dos de los inmortales temas que compuso Gershwin para este musical son “Embraceable You” y “I Got Rhythm”. 
En cuanto a "'S Wonderful", canción perteneciente al musical "Funny Face", pocas canciones de Gershwin se han mostrado tan susceptibles de reinvención o reinterpretación. A juzgar por el tratamiento que le aplican hoy vocalistas como Diana Krall, casi podría decirse que este tema es obra de Antonio Carlos Jobim, no de los hermanos Gershwin.

G. Gershwin: Obertura Cubana

Orquesta Sinfónica de Castilla y León
Jesús López Cobos, director

Cuando George Gershwin (1898-1937) viajó a La Habana en febrero de 1932, disfrutaba de una popularidad y una fama bien merecidas. Era el autor de las muy aplaudidas obras Rhapsody in Blue y Un americano en París.
Un buen día Gershwin, gratamente impresionado por los ritmos cubanos, fue llevado a la estación de radio CMCJ, desde donde transmitía el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. Allí entabló amistad con él y recogió anotaciones musicales de sus obras.  
Entonces nació la idea de hacer una obertura, —que al principio fue llamada "Rumba"—, partiendo del son-pregón de Piñeiro Échale salsita, composición inspirada en las butifarras de El Congo, en el poblado de Catalina de Güines.
El estreno se produjo en Nueva York el 16 de agosto del mismo 1932. Los instrumentos fundamentales de la orquesta fueron los bongós, las claves, el güiro y las maracas, situados a la derecha y al frente del director. También integraban la instrumentación flautas, oboes, clarinetes, bajos y contrabajos, trombones, tubas y timbales.

viernes, 15 de enero de 2016

F. Moreno Torroba: Adiós, vida de mi vida, de "Maravilla"

Plácido Domingo, tenor

Maravilla se estrenó el 12 de abril de 1941 en el Teatro Fontalba de Madrid. Al día siguiente, el ABC publicó la siguiente crónica, en la que queda reflejada la magnitud del éxito obtenido, que luego ha quedado reducido al de la romanza de barítono (cantada también por algunos tenores) "Amor vida de mi vida" del tercer acto: "Gran noche la de ayer en el Fontalba para el género lírico. Sábado de verdadera gloria que vio la resurrección de una modalidad teatral que parecía aletargada. Jornada, ante todo, de triunfo para una compenetración como se ve pocas veces del libro y de la música, unidos hasta el límite posible en el acierto. Maravilla, comedia lírica de Antonio Quintero y Jesús María de Arozamena, con música de Moreno Torroba, posee un libro optimista, muy bien trazado, con tipos de auténtica personalidad, diálogo chispeante y emocional, y situaciones originalísimas, avaloradas por espléndidos cantables que preparan al compositor su terreno. En resumen: la conjunción de Quintero y Arozamena -de la que hay que esperar espléndidos resultados-, ha dado uno de los libros líricos más graciosos e interesantes de estos últimos tiempos. Aprovechando las excelencias apuntadas, Moreno Torroba ha compuesto una partitura maestra, de aparente sencillez, que en muchos momentos es la cima de su carrera artística."

P. Sorozábal: Romanza de Marola, de "La Tabernera del Puerto"

Ana María Martínez, soprano
Orquesta del Mozarteum de Salzburgo
Jesús López Cobos, director

La tabernera del puerto, romance marinero en tres actos, el último dividido en dos cuadros, con texto original de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw y música de Pablo Sorozábal, se estrenó el 6 de mayo de 1936 en el Teatro Tívoli de Barcelona.
El éxito fue enorme, en palabras del barítono Marcos Redondo, que cantó el Juan de Eguía, y Sorozábal apuntó que “el éxito nos acompañó a todos, mejor dicho, a casi todos, porque Aníbal Vela (Chinchorro) no pudo con su papel, pasando inadvertido”; poco después fue sustituido por Manuel Gas, que lo bordó. Es curioso que tratándose de una obra concebida originalmente para barítono, en atención a Marcos Redondo (como el mismo Sorozábal contaba: “la mayor parte del público venía a verle y a escucharle a él, no a mi obra, simple pretexto”), ha terminado siendo más obra de tenor, fundamentalmente gracias a la milagrosa aparición de Alfredo Kraus. El famoso “No puede ser” ha sido piedra de toque de todos los tenores españoles desde entonces, pero no puede olvidarse la bellísima romanza de Marola “En un país de fábula….Yo también soy un pájaro viejo”.