sábado, 23 de abril de 2016

C. Saint-Saëns: Sinfonía nº 3 en do menor, Op. 78

Orquesta de París
Paavo Järvi, director

Saint-Saëns es autor de una vastísima producción musical, gran parte de la cual no forma parte del repertorio corriente de orquestas e instrumentistas. Entre las obras que conservan el afecto del público, la Sinfonía n° 3 en do menor, Op. 78, conocida también como la Sinfonía "con órgano", es característica de la claridad de escritura del compositor y de su agudo sentido de la proporción y la forma. Fue escrita por encargo de la Sociedad Filarmónica de Londres. El propio Saint-Saëns la dirigió en primera audición en mayo de 1886 en un programa londinense, el resto del cual fue dirigido por Sir Arthur Sullivan. En la misma velada, Saint-Saëns fue el solista del Concierto para piano n° 4 en Sol Mayor, Op. 58, de Ludwig Van Beethoven.

La partitura fue dedicada a Franz Liszt, con quien Saint-Saëns mantenía una cálida amistad y gracias a cuya generosa ayuda se había estrenado en Weimar, en 1877, su ópera Sansón y Dalila. Algunos comentaristas han hallado en las solemnes y devotas páginas de la obra un implícito homenaje póstumo a Liszt. Si bien la dedicatoria puede ser tenida como último tributo del músico francés a su mentor, no existe conexión alguna entre la música y la muerte de Liszt. El genio húngaro murió dos meses después del estreno de la sinfonía, habiéndola escuchado en forma fragmentaria, pues el compositor tuvo la gentileza de ejecutársela al piano.

Philip Hale, uno de los más distinguidos críticos norteamericanos, escribió tras una ejecución de la sinfonía: "La Sinfonía en do menor de Saint-Saëns posee las mejores y más características cualidades de la música francesa: lógica construcción, lucidez, franqueza, eufonía. La artesanía es magistral. No existen vacilaciones. El compositor sabía exactamente lo que quería y como expresarlo...".

La Sinfonía "con órgano" fue la primera contribución a la forma, en la literatura sinfónica francesa, tras las sinfonías de Berlioz, a la que pronto se unieron la Sinfonía en re menor de César Franck y las Sinfonías de D'lndy y Chausson.

"La actitud de Saint-Saëns ante la tarea de escribir una sinfonía en la cual el órgano fuera utilizado como un miembro de la orquesta y no como un instrumento solista de actuación dominante —escribe George Jellinek—, no fue la de un reformista sino la de un maestro en el arte de orquestar que, por añadidura resultó ser un maestro organista".

En contraste con la ligera orquestación de sus anteriores sinfonías, la Sinfonía en do menor le obligó a utilizar los recursos de la orquesta moderna: tres flautas, dos oboes, corno inglés, dos clarinetes, dos fagotes, contrafagot, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, triángulo, platillos, bombo timbales, órgano, piano a dos y cuatro manos y cuerdas. La presencia del piano, cuya parte en la orquestación es substancial aunque no tan prominente como la del órgano, es una prueba más del ingenio del compositor, ya que le agrega otra excitante variedad de color tonal y un rítmico acento adicional en ciertas partes para las cuales ningún otro instrumento podía ser más adecuado. En los pasajes arpegiados del 
movimiento final es donde se hace notar el empleo particularmente feliz del piano. 

Haciendo justicia a César Franck, corresponde destacar que éste ya había utilizado el piano en Les Djinns, composición fechada un año antes que la Sinfonía n° 3 de Saint-Saëns, cuya estructura orquestal es similar a esta última. Por otra parte, fue Saint-Saëns quien se anticipó al maestro belga en la composición de una sinfonía en forma cíclica, es decir: estableciendo la unidad de la obra por medio del desarrollo del material temático, partiendo de uno o dos motivos generatrices. 

C. Saint-Saëns: Danse macabre, Op. 40

Orquesta Sinfónica de Holanda
Joost Smeets, director


La Danse macabre (“Danza macabra”), Op. 40 es el tercer Poema Sinfónico de Camille Saint-Saëns, quien fue el primer compositor francés en adoptar esta forma creada por Liszt. Está basada en un poema de Hernri Cazalis, que describe a la Muerte (con mayúscula) tocando el violín a media noche sobre una tumba y los esqueletos danzan a su compás. La obra fue estrenada en París el 24 de enero de 1875

El tema de la Muerte es una viva melodía a ritmo de vals francés. Para conseguir un clima fantasmagórico, el autor hace uso de variados recursos orquestales, desde un xilófono que imita el ruido de los huesos al danzar, a la inclusión del Dies Irae o a la personificación del oboe como el gallo que anuncia la salida del sol, que hace que los muertos se retiren a sus tumbas, volviendo la calma. Para la afinación del violín de la Parca, Saint-Saëns utiliza una scordatura: la primera cuerda se debe afinar no en mi natural, sino en mi bemol con lo que se obtiene la sensación de un ambiente tétrico.

La orquestación comprende un concertino que ejecuta el obbligato de violín acompañado por una orquesta cuya sección de viento está compuesta por un flautín, dos flautas, dos oboes, dos clarinetes soprano, dos fagotes, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones y una tuba. La sección de percusión incluye timbales, xilófono, bombo, platillos y triángulo. La de cuerda debe contar con un concertino acompañado por violines, violas, violonchelos y contrabajos, además de un arpa.

C. Saint-Saëns: Concierto para violonchelo nº 1 en la menor, Op. 33


Gautier Capuçon - cello
Verbier Festival Chamber Orchestra
Gábor Takács-Nagy, director


El Concierto para violonchelo y orquesta n° 1 fue compuesto por Saint-Saëns en 1872, cuando tenía treinta y siete años. El estreno tuvo lugar el diecinueve de enero de 1873, en un concierto en el Conservatorio de París y el solista fue el violonchelista y constructor de instrumentos belga Auguste Tolbeque, miembro de una distinguida familia de músicos, para quien había sido escrito. Este estreno en el selecto círculo de la "Société des Concerts" del Conservatorio de París marcó la total integración de Saint-Saëns en la vida musical de la capital francesa.

El compositor, pianista, y musicólogo británico Sir Donald Francis Tovey, coetáneo de Saint-Saëns, escribió tras el estreno de este concierto: "Es un concierto para violoncello en el que el instrumento solista muestra todos los registros sin la menor dificultad en la penetración de la orquesta".

Muchos compositores, incluyendo a Shostakóvich y Rajmáninoff, consideraban este concierto como el más grande de todos conciertos de violonchelo. Saint-Saëns rompió con lo convencional en este concierto, y así, en lugar de utilizar la forma de tres movimientos, que normalme    nte se utilizaba, estructuró la pieza en un movimiento continuo, influenciado tal vez por sus conversaciones con Liszt y la preferencia que éste tenía por las formas cíclicas. Este único movimiento tiene tres secciones distintas: Allegro non troppo, Allegretto con moto y, de nuevo, Allegro non troppo.



C. Saint-Saëns: Concierto para piano nº 5 en Fa mayor, Op. 103 "Egipcio"

Jean-Yves Thibaudet, piano
Real Orquesta del Concertgebouw
Andris Nelsons, director


El concierto consta de tres partes:
1. Allegro animato
2. Andante
3. Molto allegro

En 1896 Saint-Saëns concibió y realizó el quinto y último de sus conciertos para piano con la idea de interpretarlo él mismo ese año durante las celebraciones de su jubileo como pianista recordando que, en 1846, a la tierna edad de once años, había hecho su debut ante el piano en calidad de auténtico niño prodigio, y que durante el resto de su carrera, aun cuando ya había establecido plenamente su reputación como compositor, se mantuvo muy cerca de un teclado u otro, ya fuera el piano o el órgano.

Para escribir este concierto, Saint-Saëns aprovechó unas vacaciones invernales que lo llevaron esa vez a la ciudad de Luxor, en Egipto, donde tuvo la oportunidad de ponerse en contacto cercano con paisajes, texturas, sabores, colores, olores y sonidos diversos de las culturas del norte de África. Al parecer, Saint-Saëns asimiló a profundidad muchas de sus experiencias sensoriales en Egipto y, según los entendidos, las volcó hábilmente en este concierto para piano. Se afirma que es posible detectar en esta obra la peculiar luz del amanecer egipcio, así como el croar de las ranas en el valle del Nilo y el canto de los boteros egipcios. Más aún: algunos musicólogos afirman que en el movimiento final del concierto se puede apreciar, en la componente rítmica del molto allegro, la cadencia de la hélice del barco que llevaba a Saint-Saëns por el río Nilo.

Si bien todo esto bien puede ser producto de la fantasía y, como tal, refutado paso a paso, lo que no parece estar a discusión es el hecho de que el segundo movimiento de esta obra tiene como fundamento melódico una canción de amor escuchada por el compositor a su paso por Nubia, y propiamente esta es la razón por la que se conoce a este concierto con el sobrenombre de «Egipcio».

C. Saint-Saëns: La muerte del cisne



Maya Plisetskaya


La muerte del cisne es un ballet coreografiado por Mikhail Fokine sobre la música de El Cisne, perteneciente a El Carnaval de los animales, obra de Camille Saint-Saëns de 1886.

En 1905 Fokine y la prima ballerina Anna Pávlova crearon la coreografía de esta pieza, que se centra en los últimos momentos de un cisne herido. La famosa Pávlova se inspiró en un poema de Alfred Tennyson. A pesar de su escasa duración, La muerte del cisne se convirtió inmediatamente en número favorito de grandes estrellas de la danza clásica.